Puede resultar difícil encontrar algo que conecte a Corea del Norte con Estados Unidos, dos países separados durante décadas por las armas nucleares, las sanciones económicas y una enorme tensión diplomática. Sin embargo, existe un elemento capaz de atravesar, al menos momentáneamente, esa frontera: el baloncesto.

Kim Jong-un es un apasionado de la NBA. Su relación con este deporte comenzó mucho antes de asumir el poder y terminó convirtiéndose en una parte reconocible de su personalidad pública. El dirigente norcoreano no solo sigue el baloncesto, sino que lo ha utilizado como espectáculo, herramienta de propaganda y vía informal de contacto con Occidente.

Su admiración por los Chicago Bulls de los años noventa explica además una de las amistades más extrañas del deporte contemporáneo. Dennis Rodman, compañero de Michael Jordan y Scottie Pippen durante la segunda etapa dorada de la franquicia, pasó de ser uno de sus ídolos juveniles a sentarse junto a él en Pyongyang, cenar en su residencia y presentarlo públicamente como un amigo.

Camisetas de los Bulls y zapatillas Nike en Suiza

La afición de Kim Jong-un por el baloncesto se habría consolidado durante los años que pasó estudiando en Suiza bajo una identidad diferente. Antiguos compañeros lo describieron como un joven reservado, competitivo y especialmente interesado en la NBA.

En aquella etapa vestía zapatillas Nike, utilizaba prendas de los Chicago Bulls y pasaba parte de su tiempo jugando partidos con otros estudiantes. También habría mostrado una especial admiración por Michael Jordan, el gran referente de la NBA durante su adolescencia. Fotografías y testimonios de antiguos compañeros lo sitúan incluso dibujando a las estrellas del equipo de Chicago.

La pasión tampoco surgió completamente de la nada. Su padre, Kim Jong-il, también era considerado un seguidor del baloncesto estadounidense y habría acumulado grabaciones de partidos y objetos relacionados con la NBA. Kim Jong-un heredó esa afición, pero la llevó mucho más lejos al incorporarla a su propia imagen como líder.

Cuando regresó a Corea del Norte, el baloncesto continuó ocupando un lugar relevante entre sus intereses. Incluso se han difundido versiones según las cuales el país llegó a utilizar unas normas alternativas: mates con mayor puntuación, triples premiados cuando el balón entra sin tocar el aro, canastas de ocho puntos durante los últimos minutos y castigos por fallar tiros libres.

No existe demasiada información independiente que permita determinar hasta qué punto esas reglas se aplican de manera generalizada. Sin embargo, su difusión encaja con la idea de convertir el baloncesto en un espectáculo todavía más imprevisible y adaptado al gusto del régimen.

El día en que Dennis Rodman conoció a Kim Jong-un

La historia dio un giro en febrero de 2013. Dennis Rodman viajó a Corea del Norte acompañado por integrantes de los Harlem Globetrotters y un equipo de televisión que preparaba un documental sobre el país.

El encuentro no había sido planteado inicialmente como una misión diplomática oficial. Rodman viajó como figura deportiva y mediática, pero terminó convirtiéndose en uno de los estadounidenses de mayor perfil que había mantenido una reunión personal con Kim desde su llegada al poder.

Ambos se sentaron juntos para presenciar un partido de exhibición disputado por jugadores estadounidenses y norcoreanos. Durante el encuentro aparecieron riendo, conversando y celebrando algunas acciones. Posteriormente compartieron una cena en la que continuaron hablando sobre baloncesto. Antes de marcharse, Rodman llegó a prometerle públicamente su amistad.

La conexión fue inmediata. Para Kim Jong-un, Rodman representaba directamente a los Bulls de Michael Jordan que había admirado durante su juventud. Para el exjugador, el líder norcoreano aparecía como un aficionado que lo recibía con todos los honores en un momento de su vida marcado por los problemas personales y la pérdida de protagonismo.

Cumpleaños, karaoke y partidos en Pyongyang

La relación no terminó con aquella primera visita. Rodman regresó en varias ocasiones a Corea del Norte y aseguró haber desarrollado una amistad genuina con Kim. El antiguo jugador llegó a contar que habían esquiado juntos, cantado en un karaoke y compartido conversaciones privadas alejadas de los actos oficiales.

El episodio más llamativo tuvo lugar en enero de 2014. Rodman organizó un partido en Pyongyang para celebrar el cumpleaños del dirigente y reunió a un grupo de antiguos jugadores de la NBA para enfrentarse a una selección norcoreana.

Antes del comienzo, el exjugador tomó un micrófono y cantó el “Cumpleaños feliz” ante Kim y miles de espectadores. Aquella escena condensó la extraña relación entre ambos: una leyenda estadounidense homenajeando públicamente a uno de los dirigentes más aislados y cuestionados del planeta.

Rodman también organizó pruebas con jugadores norcoreanos para preparar el encuentro y presentó la iniciativa como una forma de unir a dos países mediante el deporte. Su denominada “diplomacia del baloncesto”, sin embargo, fue recibida con un fuerte rechazo en Estados Unidos.

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