Isabel Díaz Ayuso tenía en el Debate del Estado de la Región una oportunidad para tomar la delantera en el que será el último curso antes de las elecciones en la Comunidad de Madrid. Especialmente teniendo en cuenta que la presidenta sabía de sobra que la oposición iba a centrar la primera cita en la Asamblea regional en pedirle las explicaciones que aún no se han dado sobre el escándalo del ático de Chamberí

El debate ha terminado este viernes con dos conclusiones claras. La primera, que Pedro Sánchez es el culpable de los males que asolan a Madrid, y que la baronesa del Partido Popular, a pesar de presumir de gestión, no debe ser capaz de resolver, a juzgar por el protagonismo que ha tenido en sus intervenciones el presidente del Gobierno. Ayuso ha convertido a Sánchez y el resto de La Moncloa en la contraposición de sus "100 medidas", así como en el chivo expiatorio para el escándalo que, un mes y medio después, le sigue cercando. 

La segunda conclusión ya se podía tomar antes de comenzar el debate el jueves, con el arranque de campaña de dos horas de la presidenta. "Consejero, tiene una semana". Ayuso se ha dirigido así a su titular de Presidencia y portavoz, Miguel Ángel García Martín, a quien ha vuelto a redirigir las preguntas sin respuesta sobre el ático de Chamberí. 

Ayuso asume que el debate del ático va sobre las residencias oficiales

Según ella, se responderán el próximo jueves, cuando García Martín, presidente de Planifica Madrid, comparezca ante la Asamblea. Ayuso ha dicho esto después de que la oposición le haya destinado a ella esas preguntas, a la espera de que lo haga la justicia: "¿Dónde está el expediente?", le ha preguntado Mar Espinar. "Desclasifique los papeles del ático", le ha retado Manuela Bergerot. En cualquier caso, la Comunidad de Madrid cumplirá con el Reglamento de la Asamblea y los hará públicos antes de la comparecencia del consejero, según su presidenta: "Lo tendrán todo", ha asegurado. 

Lo que sí es novedad está en una de las preguntas sobre el ático que Espinar ha lanzado en su intervención: "¿Pretendía convertirlo en residencia de la presidencia de la Comunidad, es decir, en su residencia?", ha sugerido la portavoz socialista. Esta es la cuestión de fondo que ha subyacido a la opaca compra de que hizo el Gobierno de Ayuso desde que se conoció en los medios, a finales de julio. 

La presidenta, como era de esperar, no ha admitido directamente que el fin de comprar un ático de 480 metros cuadrados en el paseo del General Martínez Campos sin licencia de oficina era distinto a utilizarlo de oficina, pero a juzgar por su repaso a las propiedades públicas que utilizan otros presidentes autonómicos y miembros del Gobierno central, podría inferirse que ha asumido que el debate gira en torno a esa cuestión. 

Como hizo cuando se mudó al hotel de Kike Sarasola en la pandemia, y repitió cuando se destaparon los pisos de su novio, Alberto González Amador; Ayuso ha defendido que "tendría derecho" a tener una residencia oficial, como sí tienen otros presidentes autonómicos. Tras repasarlos, ha aprovechado para contestar a su adversario predilecto: "Mentiroso, señor Sánchez, porque esa vivienda no es un aticazo para mí. Es usted un falso, un farsante, un mentiroso", le ha dicho al presidente del Gobierno. 

Sánchez y el ático sacan de quicio a Ayuso: "Mentirosos"

Durante los dos días que ha durado el debate, Ayuso había tratado de mantener la calma. Su primer discurso comenzó con centrada en atacar a Sánchez y arropada por el PP nacional, que envió el jueves a su secretario general, Miguel Tellado, a acompañarla al hemiciclo. La presidenta fue de las últimas populares en criticar la gestión de la crisis de Ceuta, acusar al Gobierno de estar "chantajeado" por Marruecos y llamar "perro que sí tiene dueño" al líder del Ejecutivo; antes de que Génova decidiera tomar el control del discurso en esta cuestión. 

Tras desgranar sus "100 medidas", la oposición tenía el turno para buscarle las cosquillas a Ayuso, que ha dedicado su primera réplica de este viernes a repasar la "cronología de un acoso personal", del que acusa a la izquierda, y a seguir centrando la defensa de sus escándalos en Sánchez. En el presidente y en los que serán sus rivales cuando, en ocho meses, se abran las urnas; los ministros Óscar López, por el PSOE, y Mónica García, por Más Madrid. 

Ayuso ha podido mantener su sarcasmo y el tono socarrón para defenderse durante casi todo el debate en la Asamblea. Más allá del cambio de discurso, asumiendo el debate de las residencias oficiales, la popular ha sabido mantener la apariencia de que el escándalo del ático no la afectaba hasta su último turno, en el que ha elevado el tono y ha olvidado lo que sí se sabe sobre ella. 

"Nunca en la historia de la democracia se ha visto a un presidente del Gobierno contra un presidente autonómico", ha reprochado a Sánchez, mientras criticaba su gestión diciendo "ustedes", como si el líder del Ejecutivo estuviera sentado en un escaño de la Asamblea. "Nunca he vivido en un ático, mentirosos", ha gritado, olvidando que su pareja compró el que estaba justo encima del piso que compartían y por el que pagaba un alquiler a su fiscalista. Ayuso ha sido demasiado transparente en mostrar el desgaste que trataba de retratar la oposición, a la que ha pedido que dimita "de una vez con el tema del ático", y ha vuelto a calificar como "mentirosos". 

El PP vota a favor de la transparencia en las compras de inmuebles para "altos cargos"

Otra muestra del delicado momento discursivo en el que se encuentra ha sido que la única propuesta de resolución aprobada tras el debate, además de las del PP, ha sido la que pide "reforzar y garantizar el cumplimiento efectivo de los principios de Transparencia" en el gasto de recursos públicos. 

El texto añade: "Especialmente, en aquellas que impliquen la adquisición, arrendamiento, cesión, rehabilitación o utilización de bienes inmuebles destinados a altos cargos y responsables públicos". Los socialistas han llevado este texto a la Cámara, conscientes de que ponía a Ayuso en el compromiso de no oponerse a que se publiciten operaciones como la del ático de Chamberí. El PP ha votado a favor, permitiendo su aprobación. 

Ayuso se enmienda a sí misma y se complica el último curso

Esta ha sido la guinda a dos ajetreados días en la Cámara de Vallecas, en los que la gran baza de Ayuso, además de Sánchez, eran "las 100 medidas" que presentó el jueves. El proyecto de la popular para el último curso antes de las elecciones incluía muchas novedades, especialmente en inversiones para reconstruir la Sierra Oeste tras los incendios, pero también algunas medidas que ella misma había descartado antes, y otras que vuelven a anunciarse como nuevas a pesar de que ya se conocían. 

Es el caso de la extensión de la red de Metro de Madrid con 32 nuevos kilómetros hacia Las Tablas, Móstoles y Leganés. Varias de esas ampliaciones, de las líneas 1, 10 y 11, ya las había desechado el Gobierno central. También el desdoble de la M-501, que Espinar ha recordado que Ayuso ya anunció en 2021, o las obras en la M-203, que llevan casi veinte años paralizadas. 

La otra novedad, que Ayuso se ha reservado para su último turno, es que la Comunidad de Madrid va a presentar alegaciones a la Junta Electoral Central sobre la inscripción en el censo de voto exterior de los nacionalizados por la 'ley de nietos' del Gobierno. La presidenta ha querido encender la suspensión del Tribunal Supremo del proceso para los descendientes de exiliados durante el franquismo. Ha anunciado que pedirán al organismo electoral que, para inscribirse en el censo de electores residentes ausentes (CERA) de Madrid, haya que "acreditar documentalmente" que la última residencia del exiliado fue la región. Todo para alimentar el bulo del PP de que, con esta ley de 2022, Sánchez busca "alterar el censo". 

Así comienza el último curso en la Asamblea de Madrid, que la oposición sitúa como "el último de Ayuso como presidenta", y que la baronesa quiere enfocar, según lo visto estos dos días, en Sánchez y su programa-enmienda a sí misma. Sobre el ático, como ha dicho la propia Ayuso, el "consejero tiene una semana". En lo que a ella respecta, y en sus propias palabras: "agur, Ben Hur", como ha concluido su discurso.

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