La llegada de LeBron James a los Philadelphia 76ers ha zarandeado la NBA. A sus 41 años, el máximo anotador de la historia de la competición regresa al Este para afrontar la que puede ser la última etapa de su carrera y buscar un quinto anillo rodeado de Joel Embiid, Jaylen Brown y Tyrese Maxey. Sin embargo, el bombazo deportivo no ha tardado en adquirir una derivada política después de que Donald Trump aprovechara el anuncio para lanzar un nuevo ataque contra el jugador de Akron.

Preguntado este viernes en el Despacho Oval por el eterno debate sobre quién es el mejor baloncestista de todos los tiempos, el presidente estadounidense no se limitó a escoger entre Michael Jordan y LeBron James. Trump justificó su preferencia por Air Jordan apelando a su relación personal con él y cuestionando las motivaciones políticas de LeBron. “Michael es amigo mío, juego al golf con él. Es realmente un buen chico”, comenzó el mandatario. Después llegó el dardo: “Creo que LeBron quizá sea racista, quizá no le guste Trump, no lo sé”. Trump terminó reduciendo su elección a una cuestión de afinidad personal: como solo le gusta la gente a la que él también agrada, se queda “sin dudarlo” con Jordan.

Las palabras coincidieron con el anuncio de que James disputará su vigesimocuarta temporada en la NBA con los Sixers. El alero había meditado la retirada después de la eliminación de Los Angeles Lakers, pero finalmente ha optado por prolongar su carrera y unirse a uno de los proyectos más ambiciosos de la Conferencia Este. Su decisión reúne en Philadelphia a tres jugadores llamados a formar un nuevo big three: LeBron, Embiid y Brown, sin olvidar el peso de Maxey y el crecimiento de VJ Edgecombe.

Trump reabre su guerra contra LeBron James

La relación entre Trump y LeBron lleva casi una década marcada por los reproches públicos, las descalificaciones y sus posiciones enfrentadas sobre la política estadounidense. James ha utilizado repetidamente su notoriedad para pronunciarse sobre el racismo, la violencia policial, los derechos electorales y las campañas presidenciales, mientras Trump ha respondido cuestionando al jugador y tratando de enfrentarle con Jordan.

Uno de los momentos más conocidos se produjo en septiembre de 2017, cuando Trump retiró la invitación a la Casa Blanca al base de los Golden State Warriors Stephen Curry, que ya había mostrado sus dudas sobre acudir tras conquistar el campeonato. LeBron reaccionó llamando “vago” al entonces presidente y recordándole que visitar la residencia presidencial había sido un honor hasta su llegada.

Trump devolvió el golpe en 2018. Después de una entrevista de James con el periodista Don Lemon, el republicano escribió que el comunicador había logrado que LeBron pareciera inteligente, algo que, según él, “no era fácil”. Aquel mensaje ya terminaba con una elección que ahora vuelve a repetir: “Me gusta Mike”, en alusión a Michael Jordan.

La disputa nunca quedó reducida al debate deportivo. LeBron acusó a Trump de utilizar el deporte para dividir al país y aseguró que no se sentaría frente a él. También afirmó que ningún equipo en el que jugara acudiría a una recepción presidencial mientras el magnate ocupara la Casa Blanca.

La tradicional visita de los campeones de la NBA quedó interrumpida durante el primer mandato de Trump. La última plantilla que había acudido antes de su llegada fue precisamente la de los Cleveland Cavaliers de LeBron, recibida por Barack Obama en noviembre de 2016 tras conquistar el primer anillo de la historia de la franquicia. Los Lakers campeones de 2020 tampoco celebraron su título junto al republicano.

LeBron, una voz contra el trumpismo

James nunca ha escondido sus preferencias políticas. En 2016 apoyó a Hillary Clinton frente a Trump y cuatro años más tarde respaldó a Joe Biden. Antes de las elecciones de 2024 volvió a posicionarse públicamente al pedir el voto para Kamala Harris, entonces candidata demócrata.

Cuando pienso en mis hijos y en mi familia, y en cómo crecerán, la elección está clara”, escribió el jugador junto a un vídeo que recopilaba declaraciones de Trump y de algunos de sus seguidores sobre las minorías y la inmigración. El respaldo reforzó la imagen de LeBron como una de las figuras deportivas estadounidenses más críticas con el actual presidente.

Trump ha utilizado ahora esa oposición para insinuar que el jugador puede ser racista simplemente porque no le apoya. Su razonamiento desplaza el debate sobre la trayectoria de Jordan y LeBron hacia el terreno de la lealtad personal: el presidente elige al primero porque mantiene una buena relación con él y descarta al segundo porque lleva años combatiendo políticamente sus ideas. El contraste entre ambas leyendas también ha servido recurrentemente para alimentar la polémica. Jordan ha mantenido tradicionalmente un perfil político más reservado, mientras LeBron ha convertido su influencia pública en una parte fundamental de su figura.

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