Las formas dominantes y machistas del presidente Trump no son las únicas que han seducido a votantes de otros países. Pero tiene una explicación científica, como siempre. Se trata de una nueva demostración de la vieja teoría del Darwinismo Social, que parecía estar en descrédito y el auge de los Populismos vuelve a poner de manifiesto.

Sólo los fuertes sobreviven

Si hacemos caso de esta teoría que aplica la evolución humana a factores que van más allá de la fuerza física y la caza o lucha entre especies e individuos fuertes y débiles, en tiempos de crisis e incertudumbre, nos sentimos predispuestos a confiar el liderazgo de nuestra manada en aquellos especímenes que parecen más fuertes. Y sí, estamos llamando espécimen a Donald Trump.
Una investigación titulada “Cuando el atractivo de un líder dominante es mayor que un líder de porestigio” publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, reflexiona sobre cómo y por qué el dominio y el prestigio no son la misma cuestión al elegir un líder.

Cuándo y por qué votamos a los machotes

La investigación ofrece una explicación de la situación y psicología de cuándo y por qué los líderes dominantes, entre ellos el actual presidente de Estados Unidos Trump, son preferibles a los candidatos respetado y admirado.
A pesar de que podría no ser siempre cierto que 'los chicos buenos terminan en último lugar', mantiene que ciertas comunidades, cuando se enfrentan a la amenaza de la incertidumbre, preferirán líderes dominantes.
A destacar que cuando hubo una mayor inseguridad financiera, los líderes dominantes se prefirieron significativamente más, mientras que los líderes de prestigio eran abiertamente menos deseables.  

¡Es la evolución, idiotas!

Guiados por la teoría evolutiva de emergencia del liderazgo, se propusieron examinar empíricamente la reciente avalancha de atractivo global para los líderes dominantes. Su afirmación central es que la amenaza psicológica impuesta por el propio entorno aumenta el atractivo de un agente dominante externo que creemos que es más capaz de disminuir estas amenazas y la permanente sensación de que el control personal que se ha perdido. Teniendo en cuenta ciertas condiciones como la tensión económica o la preocupación por el terrorismo, por lo general se prefiere un líder que se perciba como decisivo, con autoridad, y dominante, en lugar de una persona respetable, bien informada, admirada y permisiva. En definitiva, que seguimos pensando como primates de una manada. Fuente: PNAS