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El otro día me contaba mi sobrino cómo hace los deberes, cómo le pide a Chat-GPT que le haga los trabajos, a Notebook LLM que le haga resúmenes e incluso que le diga qué preguntas es más posible que caigan en un examen.
La UNESCO quiera organizar cómo se usa la IA en la educación
Así que, no me extraña que la UNESCO quiera organizar un poco las cosas. La institución acaba de publicar las conclusiones de un encuentro celebrado en París el 11 de septiembre durante su Semana del Aprendizaje Digital. En el evento, más de 200 participantes, entre responsables de políticas públicas, colaboradores del sector educativo y profesionales, examinaron cómo está alterando la IA los sistemas de enseñanza.
La UNESCO cree que no basta con llevar herramientas a las clases, hay que definir cómo se eligen, quién las controla y qué capacidades tienen quienes deben utilizarlas.
Del acceso a la calidad
La reunión analizó el marco de seis pilares de la Digital Transformation Collaborative (Transformación digital colaborativa), una iniciativa integrada en la Coalición Mundial para la Educación de la UNESCO. “El acceso por sí solo ya no es suficiente”, concluye la organización. También son fundamentales la calidad de las herramientas, la capacidad de adaptación del sistema y el reparto de responsabilidades.
Lo que realmente importa es si esa forma de estudiar de mi sobrino hace que realmente adquiera conocimientos. Según recoge la UNESCO, los participantes reclamaron datos buenos, transparentes y rastreables para responder a esa pregunta y para determinar quién es responsable cuando las herramientas no ofrecen los resultados esperados.
También se habló de evaluación y certificación. Un centro que incorpore IA necesita criterios claros para saber qué contenidos son fiables, cómo se alinean con el currículo y cómo distinguir el trabajo individual de la asistencia automatizada.
El profesor no puede quedar solo
Una de las preocupaciones más repetidas durante el encuentro fue si los docentes cuentan con la formación y las habilidades suficientes para emplear estos sistemas de manera ética y responsable. Sobre todo, en el caso de unas herramientas que cambian a toda velocidad.
La UNESCO sitúa la capacitación y la cultura digital entre los seis pilares que deben abordarse de forma conjunta. La conclusión es que la formación no debería reducirse a aprender comandos o generar materiales. También exige pensamiento crítico, criterios para proteger al alumnado y espacios en los que el profesorado pueda evaluar las ventajas y limitaciones de los programas antes de adoptarlos.
Una tecnología que también puede excluir
Los participantes identificaron oportunidades para mejorar la accesibilidad de los materiales y favorecer la participación de estudiantes con capacidades diferentes. También debatieron cómo herramientas inclusivas podrían ampliar la autonomía de los jóvenes para afrontar problemas de sus comunidades. Pero al mismo tiempo advirtieron del riesgo de que la IA amplíe desigualdades ya existentes.
A la UNESCO le preocupa que no todos los estudiantes tengan acceso a la misma tecnología, como consecuencia de las desigualdades económicas, sociales y de acceso a determinados dispositivos: “Una conectividad e infraestructura sólidas son esenciales para proporcionar un acceso equitativo a los recursos educativos, apoyar la alfabetización digital y permitir experiencias eficaces de enseñanza y aprendizaje”.
Y, si la semana pasada te hablaba de residuos de equipos eléctricos, a la UNESCO también le preocupa la sostenibilidad tecnológica, porque comprar más equipos sin planificar su mantenimiento o renovación puede generar, además de nuevos costes y diferencias entre centros, residuos que requieren de un tratamiento que no es igual en todos los países.
¿Quién toma las decisiones?
El encuentro planteó además la necesidad de una mayor implicación de los gobiernos en la investigación y el diseño de soluciones educativas. Si cada centro contrata programas incompatibles o depende de sistemas cuyos criterios no conoce, el sistema educativo puede perder capacidad para establecer estándares comunes. La UNESCO reclama coordinación y liderazgo institucional, junto con el papel de familias y comunidades educativas.
La hoja de ruta aún está en construcción. Los resultados de la reunión servirán para actualizar el marco de trabajo y sus instrumentos de evaluación; la discusión continuará en la reunión anual de la Coalición Mundial para la Educación prevista para marzo de 2027.




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