Tarde o temprano llegaría. Muchas empresas han visto en España, por razones diversas, un buen lugar en el que implantar una infraestructura con una función similar a la de Silicon Valley, salvando las distancias. Es el caso de Google. El gigante norteamericano anunció el año pasado que había decidido incluir Madrid en su mapa de Campus Google y por fin ha llegado el momento.

Ante su inminente apertura (la semana que viene y precedida por un gran acto y muy americano organizado por la Embajada de EEUU) quizás sea conveniente un análisis de la situación. A priori, lo que propone no es nuevo. Instalaciones en las que se invita a los emprendedores a hacer lo que saben, es decir, crear empresas de base tecnológica apoyados por partners potentes (en Madrid, por ejemplo, están entre otros TechHub y Seedrocket). La idea es atractiva porque muchos de esos 'startuperos' podrán impulsar su saber y, sobre todo, ponerlo en práctica. Y siempre con la marca Google detrás, que no es moco de pavo.

Iniciativas similares
En nuestro país hace tiempo que se desarrollan iniciativas similares. El problema es que se enfrentan a escollos como la burocracia o la escasa capacidad inversora. Cada mes surgen decenas de startups. En demasiadas ocasiones, esas aventuras empresariales lo hacen a la sombra de la crisis. Un porcentaje importante desaparece.

Otro 'tira' como puede; un tercer grupo decide exportar su idea al extranjero y entonces... si te he visto no me acuerdo ¿Recuerdan el espíritu aventurero mencionado por alguna ministra o alto cargo del Gobierno? Pues eso.

Open Future
Telefónica es la única compañía española capaz de desarrollar algo tan ambicioso y potente. Para ello ha puesto en marcha Open Future, que ha ido dando pasos quizás demasiado regionalizados, aunque desde hace unos meses parece que el proyecto empieza a configurarse para alcanzar la realidad. Hace más de un mes lo explicaba Ana Segurado, directora del proyecto, en el ciclo Un nuevo modelo socio-económico de ELPLURAL.COM.

Muchos aseguran que Google lo tiene todo para expandirse, triunfar y hacer triunfar a jóvenes emprendedores. Open Future no le va a la zaga, puesto que antes de constituirse como un proyecto de este calado, exploró la aventura del emprendimiento en buena parte del mundo a través de las academias Wayra (con todos los pasos del proceso al alcance de las startups).

Con esta base, y tras el arranque definitivo de un proyecto que puede ser todo un referente, Open Future está llamada a convertirse en una competencia potente y preparada que puede situar la compañía española a la cabeza de la recuperación tecnológica tanto en Latinoamérica, como en Europa.

Casa de la innovación
Cuando se anunció hace meses la llegada de Campus Madrid se hablaba de la “nueva casa de la innovación en España”, para que los emprendedores desarrollen ideas que “cambien el mundo”. Nada nuevo en el horizonte... salvo el añadido importante de que las startups seleccionadas accederán a la experiencia de la multinacional.

Suponemos que ahora le toca el turno a Open Future. Este país, inmerso ahora en pleno proceso de constitución de gobiernos regionales, parece que se paraliza hasta que esos parlamentos estén confeccionados. A Google esas mamandurrias, como diría alguna política, le dan igual; para Open Future también debería ser así. En caso contrario, hasta después del verano, poco veremos del avance de la escalera tecnológica y emprendedora de Telefónica.

Más allá de dimes y diretes al final la noticia (Campus Madrid y Open Future) es positiva para el país y, sobre todo, para los emprendedores (jóvenes y no tan jóvenes). Ahora sería bueno que el talento disponga de los medios necesarios para, desde aquí, llegar al resto del mundo.