A falta de datos definitivos de ventas, lo único cierto es que la semana que termina los españoles hemos sufrido el mayor bombardeo publicitario de los últimos tiempos a costa de algo que se nos da muy bien: copiar a los extranjeros. Al dichoso Black Friday se han apuntado este año desde el frutero de la esquina hasta el concesionario de coches, pasando por agencias de viajes y, como no, todas las cadenas de venta de productos de electrónica habidas y por haber.

Pero, una vez más, no es oro todo lo que reluce. Si el vendedor se suma a la fiebre colectiva es simplemente, porque busca un mayor beneficio a costa  del consumidor. Y lo consigue, porque este último, atiborrado del analgésico de la publicidad, se cree a pies juntillas que puede adquirir auténticas gangas.

¿Es así? En la meca del Black Friday no lo es, según el New York Times, y todo apunta que, por pura emulación, aquí tampoco. Asegura el prestigioso diario, con datos bien contrastados, que algunas de las supuestas gangas del viernes loco (y días adyacentes) han tenido precios más reducidos hace apenas dos meses. Y ofrece un catálogo bien extenso de ejemplos similares. Asegura también que los grandes almacenes aprovechan la ocasión para deshacerse de  productos anticuados.

Su consejo, igualmente aplicable al territorio patrio, es no acudir al gran almacén de turno, conducidos por un ansia que hace que algunos se coman el postre de la cena de "acción de gracias" a toda prisa y salgan corriendo para hacer cola en la puerta junto a otros abducidos, y quedarse tranquilamente en casa delante de un ordenador.

Si el pavo no ha producido sueño o empacho, una  simple  búsqueda permitirá al consumidor prudente pensar en lo que realmente necesita, aprovechar el día para dormir y esperar a las ofertas del Cyber Monday. Se celebra el lunes posterior al puente de Acción de Gracias, es mucho mas tranquilo y permite al consumidor responsable buscar, comparar... y olvidar para siempre el odioso Black Friday.

Es obvio, por la ausencia de publicidad, que a España todavía no ha llegado. A pesar del avance en las compras online, el consumidor medio todavía recela. Y si está expuesto, como la mayoría, al bombardeo publicitario de estos días, seguirá siendo un devoto del engañoso viernes, tan ajeno a nuestras costumbres, en lugar de apuntarse a un consumo más ahorrador y asequible apenas tres dias despues, aunque sea solo por ordenador.