El Kanka es, sin duda, la antítesis del emprendedor. Y, sin embargo, lleva un montón de años sacando adelante un proyecto que da empleo a un buen puñado de personas y alegrías a cientos de miles de fans.

El Kanka acaba de presentar su último disco, “La Calma”

El jueves presentó en la Sala Villanos de Madrid su último trabajo, “La Calma”. Allí tuvimos la ocasión de charlar con él sobre cómo se consigue sobrevivir en el mundo de la música, sin caer en la tentación de las discográficas multinacionales y subido a la ola de la tecnología, pero sin dejarse ahogar por ella.

El Kanka

A lo mejor, me equivoco

Filósofo o músico

El Kanka duda de muchas cosas y eso, en el mundo actual, es una rareza digna de ser valorada. No tiene ningún reparo en decir “a lo mejor, me equivoco”. Habla mirando a los ojos, se gira en el sofá para tenernos de frente y no contesta con frases prefabricadas, cada respuesta es fruto de una reflexión sincera y sin ánimo de hacerse el interesante. Es uno de esos artistas que solo lo son cuando se suben a un escenario. El resto del tiempo, podría ser ese amigo del colegio al que hacía unos años que no veías y to pone al día de sus vivencias.

Quizá sea por haber estudiado Filosofía y haber aprendido a pensar sobre las cosas, en lugar de repetir frases que sueltan otros en mítines políticos o en los medios de comunicación.

De pasión a profesión

Nunca ha querido hacer la canción del verano ni ha buscado el éxito. Por no querer, ni siquiera quería ser músico profesional. “No pretendía ganarme la vida con esto. Pero, soy una persona y tengo que ganarme la vida como cualquier otra. Y hay una parte de mi profesión que la haría gratis. Pero, si me quiero ganar la vida, tendré que hacer algo que me cueste un esfuerzo”, explica.

Durante sus 10 años de conservatorio, nunca vio su profesión como un trabajo. Cree que quienes optan por una carrera artística, “normalmente tenemos personalidades relativamente idealistas”, lo que hace que convertir su pasión en profesión “no nos es fácil. Y, de hecho, muchos compañeros se quedan en el camino y no llegan a tener un proyecto sostenible por tener que dedicarse a otras cosas que no sean las canciones o la música”. No se trata solo de hacer canciones y que sean buenas, también hay que gestionar un equipo de personas que, en su caso, “llevan entre 8 y 20 años trabajando conmigo”.

Hablar o callar

En este disco, la letra de la canción que le da título dice: “Ojalá que nos dure esta tierra”. Le preguntamos sobre sostenibilidad y él reflexiona sobre cuál debe ser su papel al respecto: “Tengo dudas. Un artista, ¿tiene que mojarse o no? No lo digo por las implicaciones que pueda tener para su carrera, sino porque no sé si una persona que tenga tanta alcance debe influir en los demás, porque todos tenemos riesgo de equivocarnos”.

Sin embargo, afirma: “A mí me gustan los artistas que se mojan. Los que se mojan hacia el lado que me gusta, claro (risas). Si hay uno, si hay uno que se moja pidiendo que voten a Trump, pues a lo mejor ya no me gusta tanto que se esté mojando. Y a lo mejor tiene razón y el que se equivoca soy yo”.

Pero reconoce que le pesa la carga del impacto que puedan tener sus opiniones en sus más de 300.000 seguidores de Instagram: “Al final, yo tengo un altavoz súper grande y si digo cosas en mis letras no obligo a nadie a nada; o si digo cosas en mis redes, también tengo todo el derecho, por supuesto, a manifestarme”. Eso sí, asegura que “con prudencia”.

El poder de las redes sociales

Y, ya que hablamos de redes sociales, le preguntamos por ellas. “Soy el típico perfil del último que tuvo móvil de sus amigos. Me eché una novia en Madrid, yo vivía en Málaga todavía y ya, un poco por insistencia de ella y por comunicarme un poquito, me pillé un Nokia de esos que parecía un ladrillo y tenía la serpiente”.

Sin embargo, sus historias de Instagram son de nuestras favoritas. Durante la pandemia, comenzó “El Kanka en casa”, que consiste básicamente en que agarra la guitarra y canta la canción que le da la gana. Un formato que ahora ha recuperado.

Para él, las redes sociales son una cuestión de trabajo: “Solo para para el tema de la música. Yo no tenía redes antes de intentar dedicarme a esto. No me interesaba el rollo de tener una red social personal”.

Pero reconoce su poder como herramienta de comunicación: “Estoy convencido de que la mayoría de la gente me conoce y se entera de las movidas mías gracias a las redes sociales. Yo no sueno en la radio. Las redes tienen esa cosa buena, se ha democratizado la comunicación para los músicos”.

Desde sus comienzos, ha pasado de contratar a un community manager durante dos meses para que le enseñara a utilizarlas, a llevarlas él mismo y ahora haber descargado esa tarea en su equipo. Porque asegura que “no me interesan de forma genuina”. De hecho, desde hace un año no tiene redes sociales personales, solo las “oficiales”.

Sin embargo, explica que se sigue encargando personalmente de los textos que son un poco largos y, sobre todo, de la newsletter que sigue haciendo él mismo.

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