Hay guiones que parecen escritos por el destino. José Mourinho estrena su segunda etapa madridista en la Champions League este martes (21:00 horas) y el bombo ha querido que sea ante el Inter de Milán. Exactamente el mismo escudo que defendía en 2010 cuando conquistó Europa, sobre el mismo césped del Santiago Bernabéu, al superar al Bayern en la final. Aquella noche mágica fue su despedida del banquillo nerazzurro antes de dar el salto a la capital española.
El encargo de entonces era cristalino: acabar con la sequía europea de un Madrid que no reinaba desde 2002. Mourinho aterrizaba con la etiqueta de especialista incuestionable tras coronar a Oporto e Inter. Sin embargo, la ansiada 'Orejona' nunca llegó a sus manos en el banquillo blanco. Hoy, esa cuenta pendiente vuelve a estar sobre la mesa.
El muro maldito de las semifinales
Entre 2010 y 2013, el Madrid de Mourinho chocó consecutivamente contra la misma barrera: las semifinales. El Barcelona de Guardiola, el Bayern de Múnich y el Borussia Dortmund de Klopp frustraron un proyecto que, a nivel doméstico, había triturado récords como la histórica Liga de los 100 puntos.
La espina más profunda sigue siendo aquella fatídica tanda de penaltis ante los bávaros en 2012. El propio luso reconoció que dirigía al mejor equipo del continente; una de esas eliminaciones que escapan a la lógica táctica y se clavan en la memoria colectiva. Curiosamente, la anhelada 'Décima' llegaría solo un año tras su adiós, ya con Carlo Ancelotti al mando.
Una ambición renovada tras la tormenta
En la previa del choque continental, el de Setúbal prefirió marcar distancias. Aseguró mantener intacta la ilusión por conquistar Europa de blanco, pero subrayó que es un reto "enteramente separado de lo anterior". Su discurso, centrado exclusivamente en el inminente duelo, va en sintonía con la narrativa de "misión" emocional que abanderó en su presentación el pasado junio.
El contexto actual, no obstante, exige resultados inmediatos. Tras dos años sin grandes títulos, el club ha respaldado al técnico con una profunda y millonaria remodelación: Yan Diomandé —fichaje récord—, Marc Cucurella, Denzel Dumfries, Ibrahima Konaté, Bernardo Silva y Carlos Espí. Este renovado bloque llega al debut con urgencias, herido tras caer el domingo ante el Betis en La Cartuja (1-0), un revés acompañado de fuertes críticas arbitrales del míster.
El largo camino hacia el Metropolitano
El nuevo formato de la fase liga plantea un recorrido exigente. Más allá del Inter, el Madrid deberá visitar al Arsenal el 9 de diciembre y medirse a la Roma, otro exequipo del portugués, además de cruzarse con PSV, Leipzig, Shakhtar Donetsk, LASK y AEK de Atenas. El objetivo primordial es claro: colarse entre los ocho primeros para evitar el temido playoff de febrero.
Si Mourinho logra superar este maratón y sobrevive a los cruces posteriores, el premio final le espera a muy pocos kilómetros. La final se disputará el 5 de junio de 2027 en el Metropolitano. Para saldar su gran deuda histórica con el madridismo, deberá levantar la Copa en su propia ciudad, pero en la casa del vecino. El fútbol, una vez más, escribiendo solo su guion.
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