La American Basketball Association (ABA) perdió su guerra contra la NBA. Desapareció como competición, dejó equipos por el camino y obligó a muchos de sus jugadores a buscar trabajo después de nueve temporadas marcadas por los problemas económicos. Sin embargo, basta con observar cualquier partido actual para descubrir que una parte importante del baloncesto moderno se parece mucho más a aquella liga derrotada que a la NBA que consiguió absorberla.

El lanzamiento de tres puntos, el concurso de mates, las camisetas llamativas, la promoción individual de las estrellas y la búsqueda constante de un juego más rápido y espectacular formaban parte de la identidad de la ABA. Su rival la despreciaba como una competición desordenada y menor, pero terminó incorporando casi todas las innovaciones que la diferenciaban.

La historia adquiere una nueva actualidad cuando la NBA prepara su desembarco permanente en Europa. La competición estadounidense pretende lanzar en 2027 una liga junto a FIBA, con franquicias permanentes, grandes inversiones y presencia en algunas de las principales ciudades del continente. La diferencia de poder económico vuelve a ser enorme, aunque la experiencia de la ABA demuestra que la organización que pierde no siempre es la que menos transforma el deporte.

Una competición creada para obligar a la NBA a negociar

La ABA comenzó a jugar en 1967. Su objetivo no era únicamente construir una competición alternativa, sino entrar en ciudades sin franquicia NBA, contratar talento y aumentar la presión hasta conseguir algún tipo de unión con la liga dominante.

Para distinguirse necesitaba presentar un producto reconocible. Bajo la dirección inicial de George Mikan, la competición adoptó un balón rojo, blanco y azul que convertía cada encuentro en una declaración estética. También incorporó el lanzamiento de tres puntos como una de sus grandes señas de identidad y apostó por un estilo más veloz, ofensivo y permisivo con la creatividad individual.

Mientras la NBA protegía una imagen más tradicional, la ABA entendió que el deporte profesional también era entretenimiento. No podía competir con la antigüedad, la estructura empresarial o los contratos televisivos de su rival, por lo que trató de vender algo diferente: partidos con más anotación, jugadores reconocibles y la sensación de que cualquier noche podía ocurrir algo inesperado.

La apuesta no estuvo exenta de excesos. Los equipos cambiaban de propietario, nombre y ciudad con una frecuencia que dificultaba construir una afición estable. Algunas franquicias disputaban sus partidos en pabellones medio vacíos, sufrían para pagar las nóminas o desaparecían directamente antes de terminar la temporada. La ABA era innovadora, pero también profundamente inestable.

El triple que la NBA consideraba un truco publicitario

El lanzamiento de tres puntos resume mejor que ningún otro elemento la victoria cultural de la ABA. La competición lo utilizó desde su primera temporada para abrir el campo, premiar a los tiradores lejanos y facilitar remontadas que parecían imposibles.

La NBA lo observaba con desconfianza. Cuando finalmente introdujo la línea en la temporada 1979-1980, tres años después de la desaparición de su rival, muchos entrenadores y jugadores todavía la consideraban una ocurrencia comercial. El primer triple de la historia de la liga lo anotó Chris Ford el 12 de octubre de 1979, pero durante años el recurso ocupó un lugar secundario dentro de los ataques.

Décadas después, el triple ha reorganizado por completo el baloncesto. Los equipos construyen sus plantillas alrededor del tiro exterior, los interiores se alejan del aro y las defensas deben cubrir espacios que antes podían abandonar. La innovación con la que la ABA intentó diferenciarse terminó convertida en el centro estratégico del producto que la derrotó.

La paradoja es evidente: la ABA no sobrevivió para disfrutar de su mayor triunfo.

La noche en la que Julius Erving voló desde el tiro libre

El otro gran legado nació casi por necesidad. En enero de 1976, la ABA no disponía de suficiente dinero para contratar un espectáculo que animara el descanso de su último All-Star. La solución fue organizar un concurso con algunos de los mejores saltadores de la competición.

Participaron jugadores como George Gervin, David Thompson, Artis Gilmore, Larry Kenon y Julius Erving. La victoria fue para Dr. J, que recorrió la pista, despegó desde la línea de tiros libres y completó una acción que terminó convertida en una de las imágenes más influyentes de la historia del baloncesto.

La ABA había transformado el mate en un acontecimiento independiente del partido. Ya no era únicamente una manera de sumar dos puntos, sino una demostración de creatividad, potencia y personalidad.

La NBA ensayó una competición de mates durante la temporada posterior a la integración, pero no consolidó el formato actual hasta 1984. Desde entonces, el concurso se ha convertido en uno de los principales reclamos del fin de semana del All-Star. Michael Jordan, Dominique Wilkins, Vince Carter o Mac McClung construyeron parte de su imagen sobre un escenario ideado originalmente por la competición desaparecida.

¿Por qué una liga tan influyente terminó desapareciendo?

La creatividad no consiguió compensar sus debilidades estructurales. La ABA carecía de un contrato televisivo nacional comparable al de la NBA, tenía dificultades para llenar muchos pabellones y sufría una continua inestabilidad entre sus propietarios.

La batalla por contratar jugadores elevó además los salarios. La competencia benefició a los deportistas, que podían utilizar las ofertas de una liga para mejorar sus condiciones en la otra, pero desgastó las cuentas de franquicias que no generaban ingresos suficientes para sostener esa carrera.

A comienzos de la década de 1970, solo una minoría de los equipos de ambas competiciones era rentable. En la ABA, la situación era todavía más delicada por la falta de televisión, el reducido valor de sus franquicias y los continuos cambios de mercado.

La competición fue perdiendo equipos hasta quedar reducida a siete durante su última campaña. La Virginia Squires desapareció antes de completarse la integración. Cuando el acuerdo se cerró en junio de 1976, solo cuatro franquicias fueron aceptadas por la NBA: New York Nets, Denver Nuggets, Indiana Pacers y San Antonio Spurs.

La prueba de que el talento no era de segunda categoría

Durante años, la NBA había presentado a la ABA como un campeonato inferior, sostenido por jugadores que no podían competir en la liga principal. La primera temporada posterior a la integración desmontó rápidamente ese relato.

En el All-Star de 1977, 12 de los 24 jugadores seleccionados procedían de la ABA. Julius Erving, George Gervin, David Thompson, Artis Gilmore, Moses Malone y Maurice Lucas demostraron que la diferencia entre las competiciones era mucho menor de lo que se había defendido.

Erving se convirtió en uno de los grandes rostros de la NBA y ganó el título con Philadelphia en 1983. Gervin dominó las clasificaciones de anotación. Malone fue tres veces MVP. Lucas resultó decisivo en el campeonato de Portland de 1977. Los equipos absorbidos también lograron consolidarse y, con el tiempo, los Spurs y los Nets llegaron a conquistar campeonatos de la NBA.

NBA Europa y una historia que vuelve a repetirse

Medio siglo después, la NBA pretende ampliar su influencia mediante una nueva competición europea desarrollada junto a FIBA. El proyecto contempla comenzar en otoño de 2027 con 16 participantes: 12 franquicias permanentes y cuatro plazas anuales obtenidas mediante clasificación deportiva.

Madrid, Barcelona, París, Londres, Manchester, Roma, Milán, Berlín, Múnich, Atenas, Estambul y Lyon aparecen entre las ciudades seleccionadas. Las propuestas recibidas para las franquicias permanentes se sitúan mayoritariamente entre los 500 y los 1.000 millones de dólares, con interés de clubes de baloncesto, entidades de fútbol y nuevos grupos inversores.

La comparación con la ABA no es exacta. Europa no constituye una única liga rival y dispone de clubes históricos, competiciones nacionales, la Euroliga, sistemas de cantera y una cultura deportiva mucho más antigua que el proyecto que pretende introducir la NBA.

Pero la pregunta resulta parecida: ¿qué ocurre cuando una organización con mayor músculo económico entra en un ecosistema consolidado y promete modernizarlo?

La NBA quiere aportar capital, conocimiento comercial, grandes mercados urbanos y una estructura estable. El baloncesto europeo puede ofrecerle algo que la competición estadounidense no posee: aficiones construidas durante generaciones, rivalidades locales, academias, vinculación con las selecciones y una clasificación parcialmente basada en el mérito deportivo.

El plan de NBA Europa ya incorpora cuatro plazas clasificatorias y promete respetar los campeonatos domésticos y los calendarios internacionales. Es una concesión significativa al modelo europeo y una posible muestra de que la influencia no circulará únicamente desde Estados Unidos hacia el continente.

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