El pensamiento lateral o “fuera de la caja” obliga a romper las premisas sobreentendidas ante cualquier planteamiento. Cuanto más generalizadas están esas premisas, más innovadora resulta esa forma de analizarlas y más ayuda a la comprensión global de un fenómeno.
Esta forma de pensamiento no suele aplicarse en política, pero sí en el mundo de la creatividad empresarial, donde prefigura la verdadera innovación en valor de un producto o servicio. Nadie pensaba antes del Circo del Sol que un circo podría dirigirse a mayores, eliminar la multipista o contar una historia; nadie antes del Smart que un coche del tamaño de una moto podía diseñarse para aparcar en la gran ciudad; nadie antes de la Wii que una consola podía prescindir de gráficos y costosas licencias, centrándose en la interactividad con los jugadores.
Estas y otras propuestas de valor - bautizadas como “océanos azules” por los profesores Chan Kim y Renée Mauborgne - se realizaron rompiendo, además, el tradicional trade-off entre valor y coste: generaron más valor a menor coste.
En la crisis humanitaria vivida en la frontera entre Marruecos y Ceuta, y que ha causado más de 140 muertos, la interpretación generalizada es que Marruecos ha tenido un papel voluntario en mayor o menor intensidad:
• Algunos piensan que, deliberadamente, dejaron pasar a sus compatriotas por la frontera (se supone que pudiendo evitarlo).
• Otros llegan aún más allá y consideran que Marruecos organizó esa “invasión” con oscuros intereses territoriales.
A partir de cualquiera de esas premisas, que comparten todos los análisis hasta la fecha, las conjeturas se dirigen hacia las causas o móviles y hacia qué debería hacer el Gobierno español, llegando incluso a especular, como han defendido Podemos, Sumar y Vox, con el abandono del Mundial de fútbol de 2030 (que España organiza con Portugal y Marruecos) o con la expulsión de los marroquíes de la organización.
Entre las causas, surge desde la histórica reivindicación de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla por parte de la monarquía alauita (opción defendida por los que leen en la crisis una “invasión”) hasta la mera represalia “simbólica” por el reciente acuerdo estratégico por el gas firmado entre Sánchez y Argelia (histórico enemigo de Marruecos), o las teorías más conspiranoicas sobre una supuesta participación en esta crisis de los potentes aliados de Marruecos, Estados Unidos e Israel, con el fin de desestabilizar a España.
Pensando out of the box
Sin embargo, estas conjeturas, que comparten a modo de pensamiento único la premisa de una participación activa de Marruecos en la crisis, no consiguen explicar con credibilidad por qué motivo Marruecos se ofreció a acoger de vuelta a todos los migrantes que entraron a Ceuta, efectivamente acogió y dirigió a 70.000 de los 73.000 migrantes que entraron, reforzó sus fronteras en Melilla de inmediato para que no se reprodujera allí o está trabajando activamente para la localización de las familias de los menores que siguen en España.
Si colaboró activamente, o incluso organizó una suerte de “invasión”, no se entendería la extraordinaria colaboración prestada por Marruecos para la gestión posterior de la crisis por parte del Gobierno de España, que tanto los ministros de Interior de la UE-27 como el propio comisario europeo de Interior y The New York Times han calificado de extraordinariamente eficaz y rápida, pues en 24/48 horas regresaron de forma ordenada 70.000 de los 73.000 que entraron, sin que se hayan producido nuevas víctimas, y la situación remanente (especialmente con los menores que aún siguen en Ceuta y con la atención humanitaria) se sigue gestionando hacia una plena normalización.
Pensando lateralmente, resulta más lógico que la guardia fronteriza marroquí hiciera exactamente lo mismo que la española ante un aluvión imprevisto de hasta 200 personas por minuto durante horas: dejarles pasar y dedicarse a los heridos. Puesto que la alternativa (oponerse al aluvión con violencia) no la defendería (en público, al menos) ni el más desnortado ultraderechista y hubiera degenerado en una masacre de proporciones incalculables.
A favor de esa tesis que rompe la premisa de Marruecos como inductor (activo o pasivo) de la crisis, rema su colaboración con España inmediata y posterior, ofreciéndose incluso a acoger y ordenar ya desde la frontera incluso a quienes no son nacionales suyos que hubieran entrado; el momentum actual muy positivo de las relaciones España-Marruecos; el daño para la imagen de Marruecos en plena temporada turística y en el impás marcado por el sportswashing de su régimen entre la organización de la Copa de África, la del Mundial de Clubes de 2029 que se postula organizar y el propio Mundial de selecciones de 2030 que organizan… precisamente con España. También el hecho de que, por mal que les caiga a muchos el régimen marroquí, para cualquier país es una tragedia enterrar a más de 140 de sus nacionales, y más tras una crisis donde no gana nadie nada: todos pierden.
En contra de esta tesis - y a favor, por tanto, de las premisas asumidas por todos los analistas al respecto de su colaboración - solamente resiste un argumento: la previsión. ¿Cómo es posible que no anticiparan esa oleada de 73.000 personas? ¿No vieron desplazamientos sospechosos hacia la frontera? Es, sin duda, un aspecto que, aunque con menor intensidad, señalaría no solo a sus servicios secretos y FCSE… sino a los nuestros.
Sin embargo, podría ser razonable que tanto los marroquíes como los españoles sí detectaran un aumento inusual de la actividad en la frontera (de hecho, lo venían detectando desde el día 15 y avisaron a España al respecto), pero no de la intensidad con que se produjo. El “efecto llamada” activado en grupos de mensajería y redes sociales habría sido la sentencia del Supremo del 9 de julio pasado que prohíbe repatriar en caliente a los migrantes si cruzan fronteras no físicas (esto es, si entran nadando). La publicación en medios de comunicación españoles de las posibles consecuencias de la sentencia sobre la migración en Ceuta podría haber activado la organización de civiles para cruzar en masa.
Tiene sentido que las fuerzas de seguridad marroquíes estuvieran más concentradas en Rabat con los fastos de celebración por el aniversario de la entronización de su rey, Mohamed VI, y que, precisamente, los migrantes se organizaran por redes para aprovechar esa oportunidad. Y explicaría la inmediata colaboración con España, el refuerzo de las fronteras y la actitud posterior de ambos gobiernos subrayando su excelente relación.
En cualquier caso, esta conjetura no es más que otra explicación alternativa a las que parten de dar por hecha la colaboración activa de los marroquíes en la crisis. Lo sorprendente es que nadie se la haya planteado hasta ahora. Y, desde luego, rompe el trade-off de valor y coste: es la explicación más ventajosa para el presente y futuro de la relación con nuestros vecinos.
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