Marruecos aparece estos días en escenarios que, a primera vista, poco tienen que ver entre sí. En Ceuta, Rabat ha ofrecido colaborar con España para identificar y facilitar el retorno de menores marroquíes. En Gaza, prepara su participación en la fuerza internacional impulsada dentro del plan de Donald Trump. Y como telón de fondo permanece una relación con Washington que recibió un impulso decisivo cuando Estados Unidos reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

Son procesos distintos y no existe ninguna prueba de que formen parte de una estrategia coordinada contra España. Sí muestran cómo Marruecos ha ido ampliando su margen diplomático: mantiene una estrecha relación con Washington, conserva vínculos con Israel, resulta fundamental para la política europea en la frontera sur y busca reforzar su influencia en África y Oriente Próximo.

La crisis de Ceuta ha vuelto a situar esa posición en primer plano. The Guardian recoge el análisis de especialistas que consideran que la relación con la Administración Trump puede haber aumentado la confianza de Rabat a la hora de defender sus intereses. Es una interpretación de los expertos consultados por el periódico, no una prueba de implicación estadounidense en lo ocurrido en la frontera española.

Para España, el contexto importa porque varios de los asuntos más sensibles de su relación con Marruecos - el Sáhara, la inmigración, Ceuta y Melilla o la cooperación en seguridad - se desarrollan ahora con Rabat mejor situado ante Washington.

Trump y el Sáhara: el punto de inflexión

El gran cambio se produjo durante la primera presidencia de Trump, en diciembre de 2020. Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, modificando una posición mantenida durante décadas sobre un territorio cuyo estatus continúa pendiente de resolución internacional. Para Mohamed VI supuso un respaldo directo a una de las prioridades centrales de la política exterior marroquí.

La decisión quedó vinculada al restablecimiento de relaciones entre Marruecos e Israel dentro de la estrategia diplomática de los Acuerdos de Abraham. El Departamento de Estado estadounidense llegó a modificar sus directrices cartográficas para representar el Sáhara Occidental como parte de Marruecos en sus mapas oficiales. 

La relación se mantuvo después y ha vuelto a cobrar protagonismo con Trump en la Casa Blanca. Para Marruecos, el apoyo estadounidense fortalece su posición sobre el Sáhara. Washington, por su parte, encuentra en Rabat un socio estable en seguridad y un interlocutor con presencia en el norte de África y Oriente Próximo.

La relación también tiene una dimensión económica. La Casa Blanca decidió en junio suspender temporalmente determinados aranceles compensatorios y antidumping sobre los fertilizantes fosfatados procedentes de Marruecos con el objetivo de garantizar el suministro a los agricultores estadounidenses. 

Un papel creciente en el plan para Gaza

Ese acercamiento se extiende ahora a Palestina. Marruecos se ha comprometido a participar en la Fuerza Internacional de Estabilización prevista dentro del proyecto respaldado por Trump para la etapa posterior a la guerra. Un acuerdo firmado en julio establece el marco para incorporar oficiales marroquíes al mando conjunto de la misión.

The Guardian informó además de que el Board of Peace creado por Trump ha adjudicado su primer contrato conocido de construcción en Gaza para levantar un destacamento destinado inicialmente a unos 150 militares marroquíes. La instalación se situaría en una zona bajo control israelí y formaría parte del despliegue previsto para esa fuerza multinacional.

Todavía existen interrogantes sobre el tamaño definitivo, el calendario y el funcionamiento de la misión. Otros países estudian también su participación. Uganda, por ejemplo, ha autorizado parlamentariamente el posible envío de tropas. Para Marruecos, incorporarse a este dispositivo supone reforzar su presencia en un escenario especialmente delicado. Rabat mantiene relaciones con Israel al tiempo que continúa defendiendo oficialmente la causa palestina, una posición que le permite conservar canales abiertos con actores distintos.

Ese equilibrio tiene costes internos. La normalización con Israel ha generado contestación dentro de Marruecos, especialmente desde el inicio de la guerra de Gaza. Aun así, especialistas consultados por Reuters consideran improbable que Rabat rompa los vínculos establecidos en el marco de los Acuerdos de Abraham.

Ceuta devuelve el foco a España

El tercer escenario está mucho más cerca. Tras la crisis migratoria de Ceuta, Marruecos anunció este jueves su disposición a colaborar con España y otros países europeos en el retorno de menores marroquíes no acompañados. La comunicación, difundida por medios estatales marroquíes y recogida por Reuters, plantea cooperación para identificarlos y facilitar su regreso dentro del marco legal correspondiente. El episodio ha vuelto a mostrar la importancia de la cooperación marroquí en la gestión de la frontera.

Rabat rechaza ser responsable de la crisis. El Gobierno marroquí sostuvo esta semana que España debería haber previsto las consecuencias de la resolución judicial que afectó a uno de los mecanismos utilizados hasta entonces para impedir determinadas entradas. Esa es la versión oficial de Marruecos y no esclarece por sí sola qué ocurrió sobre el terreno ni cuál fue la actuación concreta de sus fuerzas de seguridad.

Para Madrid, la relación presenta una dificultad conocida: Marruecos es al mismo tiempo socio e interlocutor con intereses propios en varios de los asuntos que ambos países deben gestionar conjuntamente.

España necesita cooperación fronteriza y de seguridad, mientras Rabat mantiene sus posiciones históricas sobre Ceuta y Melilla. El Sáhara añade otra capa a esa relación, especialmente desde que Estados Unidos decidió respaldar formalmente la soberanía marroquí sobre el territorio.

Israel completa la red de alianzas

La relación con Israel amplió todavía más el margen diplomático de Rabat. Su adhesión a los Acuerdos de Abraham no significó únicamente restablecer relaciones bilaterales. También situó a Marruecos dentro del grupo de países árabes con los que Washington busca construir una arquitectura regional en la que Israel tenga un mayor grado de integración.

La guerra de Gaza ha tensionado esa estrategia, pero no la ha roto. Reuters recoge que Marruecos, Emiratos Árabes Unidos y Baréin mantienen sus vínculos con Israel pese al rechazo interno provocado por el conflicto. La posible participación marroquí en la fuerza internacional para Gaza refuerza ese papel de interlocución. Rabat conserva su relación con Washington e Israel sin abandonar formalmente su apoyo a los palestinos.

El Sáhara permanece, además, como uno de los principales beneficios diplomáticos obtenidos de esa relación con Estados Unidos. El reconocimiento decidido por Trump en 2020 convirtió la posición marroquí en política oficial estadounidense y dio a Rabat un respaldo que sus socios europeos no habían llegado a ofrecer en los mismos términos.

¿Qué implicaciones tiene para España?

La acumulación de estos movimientos no demuestra que exista una estrategia estadounidense y marroquí dirigida contra España. Lo que sí permite observar es un cambio en el equilibrio diplomático. Marruecos cuenta hoy con más canales internacionales para defender sus intereses que hace unos años: respaldo estadounidense en el Sáhara, relación abierta con Israel, participación en los planes de Washington para Gaza y un papel difícil de sustituir para Europa en inmigración y seguridad.

The Guardian recoge interpretaciones según las cuales esa posición puede haber dado a Rabat una mayor seguridad en sus relaciones con Madrid y Bruselas. Conviene mantenerlo en esos términos: es una lectura de analistas, no una prueba de que Washington condicione o respalde las decisiones marroquíes frente a España

Para Madrid, el resultado es una relación bilateral en la que Marruecos dispone de más apoyos y espacios de actuación internacional. Eso puede influir en la negociación de asuntos como el Sáhara, la cooperación migratoria o la seguridad fronteriza, aunque cada uno responde a dinámicas propias.

Las noticias de estos días reflejan ese nuevo escenario. Marruecos ofrece cooperación a España tras la crisis de Ceuta, Washington cuenta con militares marroquíes para su proyecto en Gaza y mantiene el reconocimiento de la soberanía de Rabat sobre el Sáhara Occidental.

No forman parte necesariamente de una misma operación política. Sí muestran que Marruecos ocupa hoy más espacios dentro de la estrategia internacional de Estados Unidos y que España debe gestionar su relación con Rabat en un contexto diplomático más complejo que hace unos años.

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