Las campeonas de Europa y América debían enfrentarse en marzo en Catar, pero la crisis de Oriente Próximo y el posterior choque entre federaciones frustraron la Finalissima. Cuatro meses después, el azar deportivo las reúne en Nueva Jersey para disputar un título mucho mayor.

Cuatro meses antes de alcanzar la final del Mundial, España y Argentina ya tenían un partido pendiente. Las campeonas de Europa y América debían enfrentarse el pasado 27 de marzo en el estadio de Lusail, en Catar, para decidir la Finalissima, el torneo creado por la UEFA y la CONMEBOL para enfrentar a las ganadoras de sus dos grandes competiciones continentales.

El encuentro había sido anunciado como uno de los grandes acontecimientos futbolísticos del año. Lionel Messi regresaría al escenario en el que conquistó el Mundial de 2022 y se encontraría frente a frente con Lamine Yamal, convertido ya en la principal figura de la nueva generación española. El partido ofrecía un relato perfecto para las instituciones, las televisiones y los patrocinadores.

Nunca llegó a celebrarse.

La escalada bélica en Oriente Próximo hizo imposible mantener Catar como sede. Sin embargo, la guerra explica solamente la primera mitad de la cancelación. La otra mitad se escribió en los despachos: UEFA, CONMEBOL, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) fueron incapaces de acordar una alternativa sobre el estadio, el formato y, finalmente, la fecha.

El fútbol ha terminado resolviendo ahora lo que sus dirigentes no pudieron organizar. Este domingo, España y Argentina se enfrentarán en East Rutherford, Nueva Jersey, pero ya no para disputar el trofeo intercontinental que desapareció del calendario. Lo harán para decidir quién es el campeón del mundo.

De la celebración de Lusail al cruce de acusaciones

La Finalissima debía celebrarse el 27 de marzo en Lusail, el estadio que acogió la final del Mundial de Catar y otros tres encuentros de la selección argentina durante aquel torneo. No era una sede escogida al azar: permitía explotar comercialmente el regreso de Messi al lugar en el que levantó la Copa del Mundo frente a Francia.

El partido también debía servir para exhibir la cooperación entre UEFA y CONMEBOL. La competición había sido recuperada en 2022, cuando Argentina derrotó por 3-0 a Italia en Wembley, y se presentaba como uno de los grandes símbolos de la alianza entre el fútbol europeo y el sudamericano.

Pero la situación regional cambió radicalmente. Los problemas de seguridad, las restricciones a los desplazamientos y las alteraciones del espacio aéreo obligaron a cancelar el festival futbolístico que Catar había organizado alrededor de la Finalissima. El encuentro entre España y Argentina ya no podía jugarse allí.

A partir de ese momento, comenzó una negociación acelerada que acabó convirtiéndose en un intercambio público de responsabilidades.

La UEFA sostuvo que había presentado varias alternativas y que todas terminaron siendo rechazadas por la federación argentina. La primera propuesta consistía en mantener el 27 de marzo y trasladar el encuentro al Santiago Bernabéu, con un reparto del aforo al 50% entre los seguidores de ambas selecciones.

La segunda opción era transformar la Finalissima en una eliminatoria a doble partido: la ida se jugaría en Madrid y la vuelta en Buenos Aires, durante alguna ventana internacional anterior a la Eurocopa y la Copa América de 2028. La tercera posibilidad pasaba por encontrar una sede neutral europea y disputar el partido el 27 o el 30 de marzo.

Según la versión de la organización europea, ninguna de esas posibilidades recibió el visto bueno de Argentina.

Madrid no era neutral para Argentina

La AFA respondió con un argumento deportivo. Jugar un único encuentro en Madrid, aunque las entradas se repartieran de forma equitativa, suponía conceder a España la ventaja de actuar en su propio país. Para la federación argentina, el Santiago Bernabéu no podía considerarse una sede neutral.

La posición argentina no consistía, al menos según su comunicado oficial, en negarse a disputar el encuentro. La AFA y la CONMEBOL afirmaron que aceptaron jugar en Italia cuando esa posibilidad les fue comunicada el 14 de marzo. Su objeción no se refería al país elegido, sino al día: en lugar del 27 de marzo, propusieron celebrar el partido el 31.

La UEFA rechazó esa fecha y dio por cancelada la competición. Para la parte argentina, el desenlace se produjo porque la organización europea no aceptó retrasar el encuentro cuatro días. Para la UEFA, en cambio, Argentina había ido descartando sucesivamente las distintas soluciones planteadas para salvarlo.

La RFEF se alineó con la versión europea. La federación española aseguró que la selección estaba dispuesta a jugar y que había aceptado todas las posibilidades: disputar el encuentro en España, acudir a una sede neutral o modificar su formato. También destacó que organizar la Finalissima tenía especial importancia en una temporada mundialista por el prestigio internacional y la preparación deportiva que ofrecía.

De ese modo, una competición concebida para representar la colaboración entre dos continentes acabó provocando un enfrentamiento entre sus organizadores. El torneo que debía mostrar la fortaleza de la alianza entre UEFA y CONMEBOL dejó al descubierto sus límites en cuanto apareció una crisis real.

Cuatro días que retratan un calendario sin margen

La cancelación también reveló otro problema estructural: el fútbol internacional ha creado más partidos y competiciones de los que su calendario parece capaz de soportar.

España y Argentina estaban de acuerdo en disputar la Finalissima. También había aparecido una posible sede neutral. Sin embargo, las partes no fueron capaces de salvar una diferencia de apenas cuatro días entre la propuesta inicial y la alternativa argentina.

La fecha del 31 de marzo coincidía con la fase final de las eliminatorias europeas para el Mundial, en la que cuatro selecciones todavía debían conseguir su clasificación. La UEFA consideró que organizar el encuentro ese día era inviable. También se estudió trasladarlo a después del Mundial, pero la federación europea sostuvo que España no tenía fechas disponibles.

El episodio muestra la fragilidad de un modelo que multiplica los torneos, los compromisos comerciales y las ventanas internacionales, pero deja muy poco margen para reaccionar ante cualquier contratiempo. La Finalissima disponía de nombre, trofeo, sede, relato promocional y protagonistas globales. Lo que no tenía era una fecha alternativa protegida ni un protocolo capaz de garantizar su celebración.

El Mundial hace inevitable el partido que cancelaron los despachos

España y Argentina han llegado a la final por caminos diferentes. La selección española, que derrotó a Francia por 2-0 en semifinales, ha construido su recorrido desde el control y la solidez defensiva. El equipo argentino, por su parte, remontó ante Inglaterra para imponerse por 2-1 y mantener la posibilidad de revalidar la corona conquistada en 2022.

La consecuencia es una ironía difícil de mejorar desde el punto de vista narrativo. El encuentro que debía jugarse en marzo para conocer al campeón intercontinental se celebrará finalmente en julio para conocer al campeón del mundo. El estadio de Lusail será sustituido por el de Nueva Jersey; la Finalissima, por la final del Mundial.

También cambiará el peso del resultado. El partido cancelado debía otorgar un título oficial, pero secundario y disputado en una sola noche. El del domingo puede convertir a Argentina en la primera selección que gana dos Mundiales consecutivos desde Brasil en 1958 y 1962, o devolver la Copa a una España que no la conquista desde 2010.

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