He leído y revisado los seis último artículos de carácter deportivo de M. Rajoy. El ex presidente que no sabe pedir perdón, mezcla en sus análisis obviedades futbolísticas trufadas con filosofía de barra de bar y ataques políticos contra el Gobierno introducidos con calzador.
Obviamente lo más grave que ha escrito fue la polémica afirmación sobre los jugadores franceses. La conclusión a la que llego es que M. Rajoy ha vuelto no como presidente del Gobierno, registrador de la propiedad ni caminante de paso rápido, sino como comentarista deportivo. Ha regresado dispuesto a demostrar que, para escribir sobre fútbol, tampoco hace falta complicarse demasiado la vida. Basta con mirar el marcador, comprobar quién ha ganado y contárselo después al lector con la seriedad de quien acaba de resolver un misterio que llevaba siglos sin respuesta.
Tras el sufrimiento de leer sus seis últimos análisis, destaco estas frases más cuestionables o llamativas. Son las perlas que desgrana M. Rajoy en su faceta de comentarista deportivo. Y es que tantos años en La Moncloa leyéndose el Marca enterito y a diario, da para mucho.
La afirmación más grave: «Francia tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses».
No es una simple ocurrencia. Rajoy niega la condición de franceses a jugadores que tienen la nacionalidad francesa, aparentemente por su origen familiar o color de piel. Es la frase más cuestionable de toda la serie y la que explica las acusaciones de racismo y xenofobia.
Además, resulta contradictoria al reconocer que representan a Francia, pero sostener al mismo tiempo que Francia juega «sin franceses». M. Rajoy confunde deliberadamente nacionalidad, origen étnico y aspecto físico.
Su primera gran aportación al pensamiento futbolístico llegó después del empate de España contra Cabo Verde: «En el fútbol, lo que de verdad importa es meter más goles que el rival».
Hasta ahora pensábamos que lo importante era tener el balón, presionar arriba, defender bien, encontrar espacios o aprovechar las ocasiones. Gracias a Rajoy sabemos que no. La verdadera clave está en marcar más goles.
Pero el expresidente, seguramente preocupado porque algún lector no hubiera entendido una teoría tan complicada, decidió explicarla un poco más: «Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas».
Ya está todo aclarado. Si marcas menos goles, pierdes. Si marcas los mismos, empatas. Y si marcas más —aunque Rajoy no llegó a completar esta parte de su brillante razonamiento—, lo más probable es que ganes. La FIFA debería estudiar la posibilidad de incluir este descubrimiento en su reglamento.
Sin embargo, la cumbre de su análisis llegó justo después: «España fue incapaz de hacer un gol, tampoco recibió ninguno y, por eso, el resultado fue de 0-0».
No fue 0-0 por casualidad, ni por una conspiración arbitral, ni por culpa del Gobierno sanchista. Fue 0-0 porque España no marcó y Cabo Verde tampoco. Una conclusión a la que probablemente llegó M. Rajoy después de mirar detenidamente el marcador.
Newton necesitó una manzana para descubrir la gravedad. Arquímedes tuvo que meterse en una bañera. Rajoy solo necesitó ver el resultado del partido.
España jugará contra quien gane
El talento de Rajoy para el análisis volvió a aparecer cuando tuvo que hablar sobre el posible rival de España en la final: «Jugaremos contra el que gane».
Imposible ser más exacto.
Otros comentaristas perdieron el tiempo estudiando el sistema de Argentina, el juego de Inglaterra, el estado físico de sus jugadores o las decisiones de sus entrenadores. Rajoy fue directamente a lo esencial, al hecho de que España jugará contra el equipo que se clasifique. No contra el que pierda. Tampoco contra el que empate. Contra el que gane.
Estamos ante una capacidad para adelantarse a los acontecimientos que ayuda a entender cómo llegó a presidente del Gobierno. Donde los demás ven dudas, Rajoy consulta el reglamento y encuentra la respuesta.
La frase, además, sirve para casi todo. El campeón será quien gane la final. El eliminado será quien pierda. Y el próximo presidente del Gobierno será, si no ocurre nada raro, quien consiga ser investido. Se trata sin duda, del pensamiento rajoyano en estado puro.
¿Qué debe hacer España? Lo que pueda
Una vez descubierto el rival —el que gane—, quedaba por resolver otra gran pregunta ¿Qué debe hacer España para ganar el Mundial? Rajoy volvió a demostrar que tiene respuestas para todo: «Lo que diga el entrenador y puedan los jugadores”.
Luis de la Fuente ya puede respirar tranquilo. El plan está preparado. El seleccionador tendrá que decir cosas y los jugadores deberán hacer las que puedan. Se acabaron los debates sobre el centro del campo, la defensa adelantada, los cambios o la presión debates de qué hacer después de perder el balón o defender, o atacar o tiki-takas... La táctica consiste en obedecer al entrenador hasta donde alcancen las fuerzas y el talento de cada futbolista. Guardiola, Ancelotti y Klopp pueden ir cerrando sus cuadernos.
Y el último, el de la gran victoria sobre Francia ya frisa el cielo periodístico. Rajoy firma un sesudo análisis deportivo en el que descubre que Francia jugó bien, pero perdió; que España está en la final porque ha eliminado a sus rivales; y nos desvela ¡oh descubrimiento! que se enfrentará, atención, al que gane entre Argentina e Inglaterra.. Después abandona el fútbol para ajustar cuentas con el Gobierno, presentarse como víctima de las autoridades y reclamar disculpas mientras él evita pedirlas por sus polémicas palabras. En resumen: mucho “¡Viva España!”, poca táctica y el habitual arte de convertir un partido de fútbol en otro mitin de Rajoy.
A falta de análisis, una corazonada
En cuanto a los augurios o las apuestas o futuribles de resultados finales que cualquier comentarista que se precie realiza, M. Rajoy después de repasar selecciones, clasificaciones, resultados anteriores y estadísticas, termina ofreciendo su pronóstico:
«A falta de razonamiento, un presentimiento».
Hay que reconocerle que, al menos, es sincero. Otros analistas disfrazan sus corazonadas con porcentajes, gráficos, mapas de calor y palabras en inglés. Rajoy no. Él reconoce directamente que, cuando no hay razonamiento, siempre queda el presentimiento.
Es posiblemente la frase que mejor resume sus artículos sobre fútbol. No hay una idea, pero sí una corazonada. No hay un verdadero análisis, pero hay optimismo. No hay una explicación clara, pero España va a ganar porque Rajoy tiene el presentimiento de que será así.
Y si España gana, habrá acertado. Si pierde, alguien se lo recordará en las redes sociales, donde, según él, «los que piensan callan y los que no lo hacen hablan». Otra idea estupenda, porque permite considerar inteligente a quien guarda silencio y tonto a quien critica sus columnas.
Mariano Rajoy ha conseguido convertir el análisis deportivo en una sucesión de cosas evidentes contadas con una enorme seriedad. Si nadie marca, empatan a cero. Si uno gana, pasa a la siguiente ronda. España jugará contra el vencedor y hará lo que diga el entrenador. Y para ganar el Mundial, además, tendrá que vencer en la final.
Parece sencillo, pero nadie lo había explicado con tanta solemnidad.
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