El FC Barcelona abrirá este domingo en Anoeta la segunda vuelta de LaLiga EA Sports con una prueba de máxima exigencia. El conjunto blaugrana llega lanzado, con once victorias consecutivas entre todas las competiciones, una racha que solo ha logrado en tres ocasiones en lo que va de siglo. Sin embargo, enfrente tendrá a una Real Sociedad que históricamente ha convertido su estadio en un escenario hostil para los intereses azulgranas.

El excelente momento de forma del equipo dirigido por Hansi Flick contrasta con los recuerdos que durante años dejó el feudo donostiarra en la memoria culé, un campo que durante mucho tiempo se ganó la etiqueta de territorio maldito.

El Barça de Hansi Flick llega lanzado. Once triunfos seguidos avalan a un equipo que ha encontrado continuidad, solidez y una identidad competitiva clara. Ese contexto convierte la visita a Anoeta en un examen de madurez, no tanto por la clasificación, sino por lo que representa superar uno de los escenarios históricamente más adversos del calendario liguero.

La maldición que avisa al Barça

Durante seis temporadas consecutivas, entre 2011 y 2017, el Barcelona fue incapaz de ganar un solo partido de Liga en Anoeta. Por el banquillo pasaron entrenadores de primer nivel —Pep Guardiola, Tito Vilanova, Tata Martino o Luis Enrique— y ninguno logró romper una racha que se convirtió en una anomalía difícil de explicar. Derrotas ajustadas, partidos atascados y una sensación recurrente de incomodidad acompañaron al Barça en cada visita. Anoeta se consolidó como uno de esos campos donde el contexto parecía pesar más que el talento.

Paradójicamente, uno de los episodios más dolorosos acabó siendo también uno de los más decisivos. El 4 de enero de 2015, el Barcelona cayó por 1-0 en San Sebastián en un partido que desató una tormenta interna. Luis Enrique dejó en el banquillo a Lionel Messi, Neymar, Gerard Piqué y Dani Alves, una decisión que generó un enorme impacto mediático y tensionó al máximo el vestuario.

Aquel 1-0 no fue solo una derrota más en Anoeta. Fue el punto más bajo de un equipo en construcción… y, a la vez, el detonante de una reacción histórica. Tras ese partido, el Barça se reordenó, ajustó piezas y se convirtió en una máquina imparable. El final de la historia es conocido: Liga, Copa del Rey y Champions League. El triplete nació, en buena medida, en una derrota en San Sebastián.

Valverde rompió el hechizo, pero no el respeto

El maleficio terminó oficialmente en 2018, cuando Ernesto Valverde logró por fin ganar en Anoeta y cerrar una etapa negra. Fue una victoria lograda desde la autoridad, en un partido que terminó 2-4, con goles de Messi, Suárez y Paulinho. Desde entonces, el Barça consiguió normalizar sus visitas, incluso ganando de forma cómoda en más de una ocasión, como en las temporadas 2020/21 (1-6) o 2022/23 (1-4).

La maldición parecía haber tocado a su fin. Sin embargo, la pasada temporada reabrió viejas heridas. La Real Sociedad volvió a imponer su localía y derrotó al Barça por 1-0, recordando que el estadio donostiarra sigue siendo un escenario capaz de poner en aprietos al conjunto azulgrana, incluso en momentos favorables.

El desafío del presente

Por eso, el duelo de este domingo va más allá de los tres puntos. Anoeta vuelve a medir al Barça justo cuando atraviesa su mejor momento del curso. La racha invita a pensar que este equipo está preparado para cualquier escenario; la historia, en cambio, aconseja prudencia.

Porque en San Sebastián el Barcelona ha perdido partidos, ha sufrido rachas imposibles… y también ha aprendido a reinventarse. Este domingo, con once victorias consecutivas en el bolsillo, el equipo de Flick se enfrenta a algo más que a la Real Sociedad: se enfrenta a su propio pasado.

La pregunta sigue abierta. ¿Renacerá la maldición de Anoeta o será el mejor Barça de la temporada quien escriba un nuevo capítulo de autoridad en uno de sus estadios más simbólicos?

a El Plural

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