Felipe Benjumea y el consejero delegado de Abengoa Manuel Sánchez Ortega (Foto de archivo de la sala de prensa de Abengoa)



La crisis de Abengoa, una de las principales empresas de este país, se ha llevado por delante a su presidente. Felipe Benjumea deja su puesto de presidente ejecutivo como parte de un paquete de medidas urgentes para reflotar a la empresa, que se ha hundido en Bolsa por su enorme deuda y las dudas sobre su recuperación. No hay nada que dañe más a una empresa que los rumores y las dudas sobre su credibilidad. Abengoa ha puesto en marcha un plan para sacar adelante una ampliación de capital con la que reducir la abultada deuda del grupo, además dejará de pagar dividendo, limitar las inversiones y vender activos por 1.200 millones para reducir deuda.

Nuevo presidente
José Domínguez Abascal, hasta ahora secretario general técnico de la empresa, será el nuevo presidente de la empresa, pero tendrá carácter no ejecutivo, a diferencia de Felipe Benjumea, que llevaba 25 años en su cargo. Benjumea pasa a ser presidente de honor, según ha comunicado la empresa a la CNMV en un hecho relevante. Además Inversión Corporativa, la sociedad que agrupa la participación de los Benjumea en la empresa, se ha comprometido a limitar sus derechos de voto, directos o indirectos, al 40% una vez se haya completado la ampliación de capital en marcha. Los Benjumea tienen una participación en la empresa mucho menor, pero controlaban Abengoa gracias a sus dos tipos de acciones, de las que unas tenían mayores derechos de voto.
La composición del Consejo de Administración reflejará esta limitación de derechos de voto reduciendo el número de consejeros a 13, quedando en cinco el número de consejeros dominicales de Inversión Corporativa y en 6 el de consejeros independientes. De estos habrá dos de nuevo nombramiento "con sólida formación y experiencia en el ámbito financiero y corporativo global", según la empresa.

Sin dividendo y venta de activos
Los problemas financieros y de credibilidad que atraviesa la empresa a causa de su enorme deuda son graves y por eso la compañía ha acordado suspender el pago de dividendos. No podrá volver a pagarlos hasta que mejore notablemente su calificación crediticia (hasta BB- por S&P o Ba3 por Moody’s) o el ratio de apalancamiento de deuda bruta corporativa (incluyendo la llamada deuda sin recurso en proceso) sobre el resultado bruto de explotación corporativo sea inferior a 3.5 veces.
Además Abengoa venderá activos para obtener hasta finales de 2016 al menos 1.200 millones de euros, incluyendo la venta de toda o parte de su participación en la filial Abengoa Yield (o monetizando lo derechos económicos en la misma con alguna fórmula financiera).
El plan de desinversión de activos por valor de 500 millones ya anunciado está en marcha y se espera que un 50% de los fondos se obtenga en el cuarto trimestre de 2015 y el otro 50% durante el primer trimestre de 2016. El plan comprende la venta de  centrales de ciclo combinado, plantas solares o de bioetanol.

Ampliación de capital
Todos esos compromisos y anuncios han servido para sacar adelante la ampliación de capital de 650 millones con la que sanear la empresa y reducir su deuda. La ampliación será aprobada en una junta de accionistas el 10 de octubre, pero la empresa ya tiene compromisos para sacarla adelante, dado que el HSBC, Banco Santander y Credit Agricole CIB, han suscrito un acuerdo con la compañía en virtud del cual se han comprometido a asegurar 465 millones de la ampliación bajo ciertas condiciones en acciones clase B.