El precio de la gasolina y el diésel continúa bajando en España y consolida una tendencia descendente que se prolonga desde finales de 2025. Ambos carburantes encadenan varias semanas de caídas y se mantienen ya claramente por debajo de la media de la Unión Europea, según los últimos datos oficiales, lo que supone un alivio directo para millones de conductores y para la economía doméstica en un contexto todavía marcado por la inflación acumulada de los últimos años.

En concreto, el precio medio del litro de gasolina ha cerrado la última semana del año con un descenso del 0,76%, hasta situarse en los 1,44 euros. Con esta nueva bajada, el carburante suma ya una reducción del 3,29% desde comienzos de diciembre y encadena su quinta semana consecutiva a la baja, según los datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea recopilados por Europa Press. Se trata de un nivel que no se veía desde antes del estallido de la guerra en Ucrania, concretamente desde finales de septiembre de 2021, si bien durante algunos periodos posteriores los precios en surtidor llegaron a ser más bajos gracias a las ayudas públicas aplicadas durante la crisis energética.

El diésel, por su parte, sigue una evolución muy similar. El precio medio del litro ha bajado un 0,93% en la última semana y se sitúa ya en los 1,387 euros, lo que supone un abaratamiento acumulado del 4,74% en el último mes. Este nivel no se registraba desde mediados del pasado mes de junio y confirma que el gasóleo continúa siendo, una semana más, más barato que la gasolina, una situación que se ha mantenido de forma ininterrumpida durante las últimas 148 semanas.

El impacto de esta tendencia se refleja de forma clara en el coste de llenar el depósito. En el caso de los vehículos diésel, repostar un tanque medio de 55 litros tiene actualmente un coste aproximado de 76,28 euros, unos 3,08 euros menos que a comienzos del año pasado. Para los vehículos de gasolina, llenar un depósito similar supone ahora alrededor de 79,2 euros, lo que representa un ahorro de hasta 4,67 euros respecto a hace un año.

España mantiene precios más bajos que la media europea

Más allá del alivio económico inmediato, los datos confirman que los precios actuales se sitúan también por debajo de los niveles previos al inicio de la invasión rusa de Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022. En aquel momento, el litro de diésel costaba de media 1,479 euros, mientras que la gasolina se situaba en torno a los 1,591 euros. Ambos carburantes continúan, además, lejos de los máximos históricos alcanzados durante el verano de 2022, cuando la gasolina llegó a rozar los 2,15 euros por litro y el gasóleo superó los 2,1 euros.

España se mantiene, asimismo, en una posición más favorable que la media europea. El precio de la gasolina sin plomo de 95 se sitúa por debajo de la media de la Unión Europea y también del promedio de la eurozona. En el caso del diésel, la diferencia es igualmente significativa, con precios sensiblemente inferiores a los del conjunto comunitario.

Esta evolución responde a una combinación de factores que van más allá de la simple cotización del barril de petróleo. El precio final que pagan los consumidores en las gasolineras depende, en primer lugar, de la cotización específica de los carburantes ya refinados en los mercados internacionales, que no siempre evoluciona en paralelo al crudo. A ello se suma la propia evolución del petróleo, condicionada por la oferta de los grandes países productores, la demanda global y las tensiones geopolíticas, así como el peso de los impuestos, que representan una parte relevante del precio final en España y en el conjunto de la Unión Europea.

También influyen de manera significativa los costes de la materia prima, el transporte y la logística, especialmente en un contexto de normalización progresiva tras los problemas de suministro registrados en los últimos años. Los márgenes comerciales de las compañías petroleras y de las estaciones de servicio completan el conjunto de variables que determinan el precio en el surtidor. Además, la evolución del crudo no se traslada de forma inmediata a los carburantes: existe un decalaje temporal entre los movimientos en los mercados internacionales y su impacto real en las gasolineras, lo que explica que las bajadas o subidas se reflejen de manera gradual y no automática en el bolsillo de los consumidores.

Sin embargo, los expertos advierten de que este escenario sigue siendo frágil y está sujeto a múltiples factores de riesgo. Las tensiones geopolíticas, especialmente en zonas estratégicas para la producción y el transporte de petróleo, pueden alterar rápidamente el equilibrio actual. Asimismo, las decisiones de los grandes países productores y de los organismos que regulan la oferta, como los acuerdos de recorte o aumento de producción, pueden tener un impacto directo en los precios. A ello se añaden elementos como la evolución del conflicto en Ucrania, la situación en Oriente Próximo o posibles cambios en las políticas energéticas y medioambientales, que mantienen al mercado en una situación de permanente incertidumbre y hacen que cualquier previsión a medio plazo deba abordarse con cautela.

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