El artículo de Eduardo Lorenzo en el diario El Mariñán, editado por  la Asociación de Empresarios de Sada, en el que asegura que “una cosa es el homosexual respetable y otra el maricón ostentoso”, junto a otros calificativos para quienes participan en el Orgullo Gay – “pululando lo grotesco, lo carnavalesco, con engendros, andróginos y estrógenos con patas -las locas de toda la vida”-, no es la primera ocasión en que busca la polémica.

Hace dos meses, en el número de marzo, el mismo autor, que se presenta como abogado, publicaba un artículo sobre la violencia de género que no empezaba mal, criticando que el número de fallecidas por esta lacra en 2017 “lo sitúan como uno de los peores arranques de los últimos años”.

A continuación, señalaba que los recursos que se destinan para luchar contra la violencia machista “son más que reseñables” pero eso no iba a evitar que se siguiera asesinando a las mujeres: “Nunca van a existir cero víctimas de violencia de género, el problema siempre va a estar ahí y tenemos que convivir con él”.

“Quizás haya algo de primitivo y antropológico en maltratar. Algo natural, por más que sea detestable en nuestra sociedad”, seguía el artículo. Porque “natural” es que los hombres y las mujeres son distintos, “por eso no soporto a las feminazis que ven el machismo acechar detrás de un hombre que abre una puerta a una mujer, detrás del que orina erguido, detrás del que regala flores, detrás (encima) de la postura del misionero”… Tras un “largo listado”, el articulista les dedica “peineta para [email protected] [email protected]”.

El autor pide que haya “justa medida” y que no se permitan machismos graves, pero “al mismo tiempo, a mí me gusta recrearme en el gracejo y desparpajo de una mujer pizpireta cuando se contonea mientras friega la loza, con su cuerpo amoldado al mandil, a la esponja y el Fairy”.

No es su único gusto, “también me gusta, al mismo tiempo, la mujer que se maquilla y depila, y no aquéllas que visten con ropa de género neutro, al estilo de garçon de comuna, camiseta a rayas, pelo corto o a lo vasco, uñas con grasa de motor”.