Los madrileños y madrileñas cuyas casas se encuentran en los alrededores más próximos al nuevo circuito de Fórmula 1 en Madrid llevan meses movilizados. Agrupados en una plataforma, unieron fuerzas y han impulsado multitud de acciones en las que han protestado por la manera en la que esta competición automovilística puede afectar a sus vidas diarias en las jornadas en las que transcurrirá. Habiendo recurrido ya al Defensor del Pueblo, que ha admitido a trámite más de un centenar de quejas, este colectivo de vecinos denuncia que, sin entrar en las vibraciones, el calor o la contaminación que puedan generar estos coches, el ruido que provocará el Gran Premio dará lugar a que en sus viviendas haya una motosierra a pleno rendimiento en el salón de casa.
No es un símil que hacen a la ligera, sino que establecen este ejemplo atendiendo a los estudios oficiales que han podido consultar, donde se señala que que el rugido de los bólidos que competirán a pocos metros de sus viviendas generará fácilmente valores de 70 decibelios en las casas más cercanas, llegará a los 80 en momentos de pico concretos e incluso superará esa marca en las proximidades del circuito durante los tres o cuatro días de entrenamientos, clasificación y carrera en los que transcurrirá la competición en septiembre.
Ahora bien, las manifestaciones y denuncias a la manera en la que se ha gestado el proyecto de la Fórmula 1 en Madrid no se reducen únicamente al ruido que puedan generar los monoplazas, sino que los vecinos también inciden en que el desarrollo de esta competición automovilística también provocará importantes vibraciones en sus hogares, así como una contaminación considerable y un posible efecto de "isla de calor".
En ese contexto, el proyecto ha dado un paso que evidencia hasta qué punto existe incertidumbre sobre el impacto real que tendrá la competición en el entorno residencial, ya que se ha puesto en marcha un dispositivo específico para recoger datos sobre cuánto afectará el Gran Premio al entorno residencial. Los trabajos ya han sido adjudicados a una empresa especializada, que será la encargada de realizar un seguimiento continuado del ruido, las vibraciones, la calidad del aire y la temperatura antes, durante y después de la celebración de la carrera. El objetivo es disponer de datos que permitan comparar la situación habitual del barrio con la registrada durante el evento y determinar el nivel de afectación que soportan los vecinos.
Uno de los aspectos más llamativos de ese plan pasa por la búsqueda de comunidades de propietarios situadas junto al circuito que acepten la instalación de medidores de vibraciones en sus edificios. La propia documentación de la licitación reconoce que estas mediciones quedan supeditadas a la autorización de las fincas más próximas al trazado, ya que son los puntos de muestreo considerados necesarios para conocer cómo afectan los monoplazas a las estructuras de las viviendas.
Las mediciones no se limitarán únicamente al ruido o a las vibraciones. También se controlará la evolución de la calidad del aire y de la temperatura para comprobar si la celebración del Gran Premio contribuye a agravar la contaminación atmosférica o a intensificar el denominado efecto de "isla de calor", un fenómeno que provoca que el asfalto y el hormigón acumulen calor durante el día y lo liberen por la noche, elevando la temperatura del entorno urbano.
Del mismo modo, el plan de vigilancia ambiental pretende evaluar si la prueba altera el desarrollo habitual de la actividad en el entorno del circuito, incluyendo el uso de terrazas de bares y restaurantes o de otras instalaciones próximas. Los resultados obtenidos durante esta primera edición servirán para valorar la necesidad de implantar medidas correctoras de cara a futuras carreras.
La puesta en marcha de este operativo llega después de que la propia documentación técnica del proyecto reconociera que las viviendas más cercanas al trazado superarían los límites de ruido establecidos por la normativa durante las horas de competición. Aquella previsión obligó incluso a modificar parte del diseño inicial del circuito para alejar la recta principal de algunos bloques residenciales, aunque sin eliminar por completo las dudas que siguen planteando los vecinos sobre cuán grande podrá ser el impacto final que tendrá la Fórmula 1 en su vida cotidiana.
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