Todas las encuestas apuntaban en la misma dirección: un Extremadura 2.0. Y así ha ocurrido. El candidato del Partido Popular, Jorge Azcón, adelantó las elecciones tras no alcanzar ningún acuerdo con Vox para aprobar los Presupuestos de la autonomía. Decisión que se encuadra en la estrategia marcada por Génova de generar un carrusel de comicios para desgastar a Pedro Sánchez y al PSOE a base de derrotas en las urnas. Sin embargo, la maniobra ya quedó diluida en tierras extremeñas, donde los conservadores aspiraban a gobernar en solitario y la ultraderecha creció como la espuma. La situación en Aragón es idéntica a las horas previas al 8 de febrero. Los conservadores pierden dos diputados y más de 10.000 votos, incapaces de capitalizar el batacazo de la candidata socialista, Pilar Alegría, que se queda por debajo de los 20 escaños. Ni el factor Vito Quiles ha evitado el auge de Vox, que duplica sus resultados en el territorio y doblega la mano del PP. Segundo mensaje directo a Génova.
Durante la campaña, las fuerzas de la oposición blandían el mismo argumento que a la izquierda le sirvió como conclusión en Extremadura. El sentimiento entre las fuerzas progresistas era prácticamente el mismo según avanzaba el escrutinio. Entienden que el adelanto de Azcón no sólo ha respondido a una estrategia impuesta desde Madrid, sino que además ha consolidado la subida de una ultraderecha hipertrofiada que empieza a mirar de tú a tú al Partido Popular con vistas al resto de paradas del carrusel electoral y, por supuesto, a 2027. La sensación de foto fija prevalece tras corroborar que el Partido Popular ha ampliado su dependencia con respecto a Vox.
El suflé ha ido bajando paulatinamente en el cuartel general del Partido Popular, instalado en un hotel de la capital maña. Hasta allí se desplazó Jorge Azcón tras el cierre de los colegios electorales para seguir el escrutinio. El jefe de la oposición y un nutrido grupo de miembros de la dirección nacional del partido seguía la noche electoral en su despacho de Génova, desde donde se limitaban a encorsetar los cambiantes resultados en una victoria incontestable del “centroderecha”. Indicio de que la noche no sería tan buena como pensaron cuando su barón aragonés dio el golpe sobre la mesa con el adelanto electoral. Incluso asumían el “voto de cabreo a Vox”, encapsulándolo en una suerte de “ajuste de cuentas” de la ciudadanía a Pedro Sánchez que – comentaban fuentes del partido – pagará la exministra Alegría.
Mayor dependencia de Vox
Los de Santiago Abascal son los grandes triunfadores de la noche electoral aragonesa, como ocurriera el 21 de diciembre del año pasado en Extremadura. Vox se corona como el partido que más crece, sentando en el Parlamento a un total de 14 parlamentarios con un (18% de los votos). Cifras que golpean la cara del Partido Popular a modo de gancho que, si bien no lo deja besando la lona todavía, ponen tanto a Feijóo como a Azcón contra las cuerdas. Los conservadores siguen sin capitalizar el descontento de la ciudadanía al que aludían desde Génova. Es más, incluso se han dejado por el camino más de 10.000 votos con respecto a las autonómicas de 2023, incrementando la dependencia de los ultraderechistas que llaman a las puertas del futuro Gobierno con el cuchillo entre los dientes.
Efectivamente, la interpretación que lanzaban desde Génova es correcta; lo cual no quiere decir que sea positiva para un PP que aspiraba a gobernar en solitario y lo que ha conseguido es sobrealimentar el “monstruo” de la ultraderecha. Y es que la pesadilla continúa para un Partido Popular que lo ha intentado todo para contener el avance de Vox. Incluso recurrieron a Vito Quiles como maestro de ceremonias en el acto que echaba el telón a la campaña electoral. Ni siquiera el fichaje del agitador ultraderechista ha conseguido salvar los muebles. Más bien todo lo contrario. Los de Abascal duplican sus escaños y la papeleta con el charrán – que no gaviota – pierde apoyos y diputados.
Entre el original y la copia, buena parte de la ciudadanía de Aragón se ha decantado por el primero. Segundo mensaje que los votantes mandan al PP y al bipartidismo, pues los resultados del PSOE no son los mejores pese a estar en la horquilla de lo esperado. Noche agridulce en Génova, que ve cómo el segundo round del combate electoral le sale también rana en el plebiscito que plantearon contra Sánchez en este primer semestre de 2026. El “monstruo”, cada vez más fuerte.
La izquierda se fragmenta y Podemos desaparece por completo
Por otro lado, quien desde luego no está para celebraciones tras las votaciones es la izquierda alternativa. Con la honrosa excepción de Jorge Pueyo y la Chunta Aragonesista, que ha conseguido un excelente resultado para sus previsiones (pasan de tres parlamentarios a seis, el doble), el resto de formaciones progresistas ha sufrido un durísimo batacazo: Podemos ha desaparecido del mapa, perdiendo su único parlamentario, e Izquierda Unida, que ha concurrido con Sumar, mantiene su único diputado, pero bajo mínimos porcentuales.
De nuevo, las formaciones a la izquierda del PSOE han concurrido por separado a excepción de la citada coalición. Juntando los porcentajes de voto, el mapa cambiaría significativamente: el 10% de la Chunta, el 3% de IU-Sumar y el 1% de Podemos sumarían un acumulativo de aproximadamente un 15%, porcentaje cercano al 17% de Vox, que le ha valido para conseguir 14 diputados. Con la segregación, las formaciones alternativas solo suman siete diputados pese al porcentaje de votos que acumulan. En cualquier caso, la Chunta ha salido muy reforzada e IU-Sumar ha mantenido el parlamentario que consiguieron en 2023, por lo que el mayor damnificado es Podemos, que desaparece del Parlamento aragonés.
Tampoco es especialmente esperanzador el resultado para el PSOE, que además de observar la debilitación de sus cercanos, tiene una fuerte tormenta en su propia casa al haber perdido cinco parlamentarios y caer por debajo del umbral de los 20. Un 24% de los electores ha confiado su voto a Pilar Alegría, pero solo ha servido para que la distancia con los de Jorge Azcón crezca hasta los ocho diputados y para que los socialistas queden, porcentualmente, más cerca de la extrema derecha que del PP. Con estos números, es imposible que la izquierda sume, y el Gobierno de la región queda en bandeja para el 'popular', eso sí, que tendrá que negociar con un Vox el doble de fuerte, con todo lo que ello conllevará en cuanto a exigencias y presiones desde fuera del Ejecutivo.
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