Una lista unitaria para desactivar a otra. Aunque con discursos muy diferentes. Así se ha interpretado por la mayoría de medios y de partidos políticos la candidatura que congregará a CDC y a ERC, con un 'ex' de ICV al frente. Por una parte, Artur Mas se sale con la suya y no sólo estará en la lista, sino que será el presidente si ganan las elecciones, pese a ir en el quinto puesto. Por otra parte, la presencia de Raül Romeva en el primer puesto busca desactivar la posibilidad de que el debate se centre en asuntos sociales y no en la independencia, una situación que beneficia a la lista de confluencia que Podemos, ICV y otras fuerzas de izquierdas están a punto de presentar.

Lo que ha quedado perdido en el olvido es la idea anterior de ERC de presentar una lista sin políticos, algo que también agradaba a la CUP, pero que exasperaba a Mas, que amenazó con no convocar las elecciones si no podía estar en la lista. Finalmente, las entidades independentistas se plegaron al deseo de Mas y, tras varias discusiones internas, los republicanos también tuvieron que ceder, aunque eso costase que la CUP se bajase del carro.

El presidente de CDC y de la Generalitat, Artur Mas (c), junto a los dirigentes convergentes Lluis Corominas (d) y Josep Rull (i), hoy en Barcelona. EFE



Mas, el gran ganador
A cambio, Romeva iría el primero de la lista, aunque en caso de victoria el presidente volvería a ser Artur Mas, el gran ganador. El 60% de la lista estaría formado por su partido, mientras que ERC se tendrá que conformar con el 40%. Así, Mas busca tener que someter al escrutinio su gestión durante estos años, escondido tras un telón izquierdista que puede permitirle seguir gobernando Cataluña.

El líder del PSC, Miquel Iceta, precisamente acusó a Mas de "parapetarse" tras Romeva y de evitar así ir a los debates y "evitar que se juzgue su acción de gobierno". Pero también criticó que busque dividir a la sociedad a cuenta de una independencia que no se decide el 27S.



Gobierno de concentración
Mientras, el PP también acusa a Mas de querer "que el 27-S sea un enfrentamiento entre los catalanes", pero su líder, Alicia Sánchez-Camacho, presiona con el visto bueno de Mariano Rajoy para que tras las elecciones se conforme un "Govern de concordia y de construcción y libertad en Cataluña", en el que estén el PSC y Ciudadanos, con el "liderazgo" del PP. Algo que Iceta ya ha rechazado porque "no haremos políticas de frentes".

Donde peor ha sentado el popurrí de la lista unitaria es en Podemos, que está en negociaciones para presentar una lista de confluencia con ICV -el partido del que se fue Romeva- y otras formaciones como EUiA y Procés Constituent. Según fuentes de la formación de Iglesias, lo que se estaría haciendo es un "proceso excluyente" para dejar fuera a los partidos que sí apoyan el derecho a decidir, pero buscan centrar el debate en la deriva social: los desahucios, los parados y la desigualdad. "La gente no se va a dejar engañar, saben que la lista es de Mas".



Estrategia contra Podemos
El País
señala en su portada que la lista de Mas la lidera "un político de izquierdas" y titula su principal editorial: Mas impone su ruta. Dentro, señala que ERC "de acariciar la idea del sorpasso ha pasado a diluirse en una candidatura que tendrá como principal beneficiario a Artur Mas". "Con esta maniobra el soberanismo trata de neutralizar el empuje que, según las encuestas, tendría en Cataluña una candidatura de confluencia entre Podemos, Iniciativa y otras fuerzas de izquierdas".

Ese mismo aspecto es clave en el editorial de La Vanguardia. "En estos momentos, los catalanes favorables a la independencia no superan el 42,9%, según el último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat, y los tres partidos soberanistas hoy representados en el Parlament (CDC, ERC y CUP) no sumarían la mayoría absoluta presentándose por separado, según la encuesta publicada el pasado domingo por La Vanguarda".