La última de las opciones que contempla el president de la Generalitat, Salvador Illa, ante la situación de bloqueo en Cataluña es pulsar el botón electoral. Así lo ha confirmado el también líder de los socialistas catalanes este domingo. En una entrevista concedida a La Vanguardia, descartaba por completo el adelanto aduciendo que no es la idea más idónea ante una situación de incertidumbre como la que arraiga en el escenario nacional e internacional. “No es lo que quiero ni es lo que tengo en la cabeza”, percutía, al tiempo que prometía trabajar hasta el último minuto para lograr un acuerdo con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), a quienes recordaba que fue él quien dio estabilidad a la región en el pasado al aprobar el proyecto presupuestario del Govern de Pere Aragonès.
El nudo presupuestario está lejos de aflojarse. Los republicanos insisten en que no se dan las condiciones para apoyar el proyecto del Govern de Salvador Illa, encasquillado en esa mesa de negociación entre la Generalitat, el Ejecutivo central y Esquerra para cristalizar la financiación singular y ceder la recaudación total del IRPF a Cataluña. El choque es tan palpable que ninguno de los protagonistas rehúye el hecho. La ministra de Hacienda y vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, corroboraba este sábado desde Algeciras que las “posiciones están completamente encontradas”. Eso sí, la líder del PSOE-A se resistía a cerrar la puerta al diálogo. Entre tanto, Junqueras le hacía saber a su interlocutora que las presiones no van con ellos. “Si ni la prisión nos ha rendido, no lo hará ninguna presión”, apostillaba el dirigente independentista elevando el tono de confrontación y constatando la distancia con los socialistas.
Relación con ERC
El daño colateral del choque es Cataluña, que forma parte de la ecuación presupuestaria nacional, pero también territorial. Sin la tributación del IRPF, no hay acuerdo. Es la línea roja de los republicanos y no están por la labor de ceder un milímetro en lo que es ya una reivindicación histórica de la formación independentista. Un callejón sin salida aparente que mete presión al president de la Generalitat, aunque en sus planes – argumenta – ni se contempla una vía de escape hacia un adelanto electoral. Illa argumenta que accionar el botón del pánico no sería la mejor de las ideas a tenor del estruendo político del país y de las consecuencias de la deriva belicista de la coalición Estados Unidos-Israel en Oriente Próximo. De hecho, ni es lo que desea ni se le pasa por la cabeza, a pesar de que el taxímetro seguirá corriendo – como mínimo – hasta el próximo viernes, cuando finaliza el plazo para aprobar el proyecto de Presupuestos.
Llegado ese momento – sostiene – se valorará la situación y se tomarán las medidas pertinentes “en función de cómo evolucionen las cosas”, aunque siempre dando una respuesta que beneficie al conjunto de la ciudadanía catalana. De ahí que Illa llame a filas a las fuerzas del arco parlamentario – especialmente las progresistas – y les insta a “ser responsables”. En este sentido, en un mensaje exclusivamente dirigido a los republicanos, el president ha recordado que en el pasado fue él mismo quien actuó como lubricante de la maquinaria del Govern dirigido por Pere Aragonès dando su apoyo a las últimas cuentas públicas que salieron adelante (2023). Por ello, entiende que “hoy ha de ser Esquerra” quien haga lo propio con su Ejecutivo.
Para sortear las discrepancias que separan a los socialistas de los republicanos, Illa enfatiza que piensa cumplir con todos los pactos de investidura suscritos con ERC: “Yo cumplo todos mis compromisos”. En consecuencia, remarca que la labor del Govern se orienta a esa dirección, aunque apostilla que tal plan “requiere unos calendarios”. Incluso algunas de las iniciativas – puntualiza – necesitan de unos Presupuestos para materializarse. La gran piedra en el zapato de ambas partas es la cesión de la recaudación del IRPF a la Generalitat. El president entiende la necesidad del traspaso, pero aboga por “ir paso a paso” para acometer las reformas con “plenas garantías”. Por ello, urge a no subordinar la aprobación de las cuentas públicas a otras cuestiones.
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