Extremadura como ejemplo. El Partido Popular activa ya a sus dirigentes para elevar la presión sobre Vox en el rush finale de la campaña electoral en Castilla y León. La dirección nacional quiere capitalizar el “bloqueo” de Vox a la investidura de María Guardiola como presidenta de la Junta. La redefinida estrategia de Génova pasa por apelar al voto útil al candidato Alfonso Fernández Mañueco, enfatizando en la situación de “ingobernabilidad” que afecta a los extremeños y centralizando la responsabilidad en Vox, a quienes acusa de guiarse por el mero “cálculo electoral” impuesto desde Madrid.

Así lo trasladan desde la dirección nacional. En el PP no olvidan lo ocurrido este viernes en Extremadura. Vox rechazó por segunda ocasión la investidura de María Guardiola, quien sólo recibió los votos favorables de los diputados del Partido Popular. La negativa activa la cuenta atrás institucional. El taxímetro está en marcha y la presidenta de la Junta de Extremadura en funciones se encuentra ante un galimatías de difícil solución. La baronesa conservadora deberá buscar el resquicio para atraer a Vox hacia el ‘sí’ para una tercera intentona. De no ser así, la Asamblea de Extremadura se disolverá automáticamente y se convocarán nuevas elecciones.

Vox, factor de inestabilidad

Un varapalo sonoro para un Partido Popular que diseñó el ciclo electoral con el fin debilitar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aunque en sus cálculos no entraba la posibilidad de un Vox hipertrofiado en las urnas. No obstante, en Génova buscan la manera de sacar rédito del bloqueo extremeño. A poco menos de una semana para los comicios en Castilla y León, la dirección nacional estudia las vías para estimular la candidatura de un Mañueco estancado y ve en esta situación de “ingobernabilidad” el escenario idóneo para relanzar a su barón en la recta final de la campaña.

Por ello, la dirección del partido ha dado la orden de centralizar la retórica en su aparente socio preferente para así rebajar sus pretensiones y apelar al voto útil frente al bloqueo del “cálculo electoral” de Vox en Madrid. Es decir, institucionalidad y “estabilidad” contra el interés partidista de Santiago Abascal. Por ahí transitan ahora los estrategas populares, percutiendo en la idea de que la “ingobernabilidad” extremeña podría inocularse también en una Castilla y León donde el resultado está más abierto. Los conservadores se escudan en que Guardiola cosechó más del 43% de los votos el pasado 21D – cifra lejana para un Mañueco que apenas roza el 30% con el PSOE pisándole los talones -. En cualquier caso, desde la cúpula de Génova trasladan que estos resultados dotan a la líder del PP extremeño de una mayor legitimidad para ser investida. “Más que nunca”, llegan incluso a deslizar.

El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, quiere frenar a un Vox que coquetea con el 20% de los sufragios según algunas encuestas. Por eso, llamará esta última semana a concentrar el voto en las siglas conservadores, presentando a la formación como la única alternativa para desalojar a Pedro Sánchez del Palacio de La Moncloa. En las altas instancias de Génova lamentan que “el partido de Santiago Abascal” – según trasladan a Europa Press – uniera sus votos al PSOE para imposibilitar un gobierno del PP y condenar a Extremadura a una situación de “bloqueo” que, salvo milagro, concluirá con una nueva cita con las urnas.

Batalla por el relato

El líder de la oposición quiere enmendar los golpes recibidos en Extremadura y Aragón y ya ha lanzado a sus cargos para acuñar la idea de que Vox es el culpable del “bloqueo” y subrayar que “la estabilidad es una obligación con los ciudadanos”. El propio Feijóo dio el pistoletazo de salida el pasado viernes. Con el portazo ultraderechista aún reciente, el presidente del PP aprovechó su presencia en un mitin en La Bañeza (León) en el que llamó a los suyos a “aprender” de la situación para evitar que se extrapole también a Castilla y León, recordando al mismo tiempo que sus socios ya se salieron de todos los ejecutivos de coalición autonómicos después de que Abascal diera la orden de romper con Génova por pactar con el Gobierno el reparto migratorio.

Feijóo elevó el tono, describiendo a Vox como poco menos que una “estafa” política por hacer la pinza con el PSOE de Extremadura. El jefe del principal partido de la oposición profundizó en sus ataques, vinculando el portazo de la extrema derecha a la proximidad de los comicios en Castilla y León y advirtiendo de que “estará dispuesto a bloquear” también el Ejecutivo de Mañueco “por las elecciones de Andalucía” que se celebrarán en primavera.

Su número dos, Miguel Tellado, siguió el camino de migas de pan del líder: “Después de votar con el PSOE y Podemos en contra de la investidura de María Guardiola, ahora Abascal irá a Castilla y León a pedir el voto a los ciudadanos de centroderecha para bloquear también esta comunidad”. La lucha por el relato y por librarse del estancamiento derivado del crecimiento de Vox se recrudece. Por este motivo, buscan inocular en el imaginario colectivo la idea de que el problema no está en María Guardiola, Azcón o Mañueco, sino en que los ultraderechistas anteponen los mandatos de Santiago Abascal desde Madrid para “bloquear gobiernos de centroderecha”.

De ahí que la dirección nacional se encomiende al buen criterio de los ciudadanos, que esperan que sepan valorar en las urnas las responsabilidades de cada formación, después de que – insisten – los de Abascal apostaran por “dilatar” los pactos por “criterios electoralistas”. Incluso contraponen la actitud de sus socios con la que mantenido esta semana el Partido Regionalista Cántabro de Miguel Ángel Revilla, con quienes han lubricado un acuerdo para aprobar el presupuesto de la región para 2026.

Tampoco escapa a la vista de los dirigentes conservadores el temporal de purgas que asola a Vox y aprovechan la coyuntura para reclamarles que “acaben de cortar” las cabezas que tengan que cortar – en relación a las expulsiones de Javier Ortega Smith en Madrid y de José Ángel Antelo en Murcia – para centrarse en la “gobernabilidad de los territorios”. En cualquier caso, ignorando el recorrido de las encuestas en Castilla y León, resaltan la “solvencia” de su candidato en la autonomía y esperan que “la gente entienda que para que gobierne la derecha” hay que introducir en la urna la papeleta del Partido Popular y no la de Vox.

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