Ni siquiera los sondeos vaticinaban un escenario tan catastrófico para la izquierda a la izquierda del PSOE. Las encuestas, a escasos días de las elecciones, le daban a la coalición IU-Sumar en torno al 5% y a Podemos, que se presentaba en solitario, un 3%. Las urnas han hablado y ni 5% ni 3%: IU-Sumar se ha quedado en un 2,1% y Podemos en un 0,5%, algo menos de la mitad y siete veces menos, respectivamente, de lo que pronosticaban los sondeos. Ambas formaciones se quedan, así, fuera de las Cortes de Castilla y León.
Castilla y León es un territorio ya complicado de por sí para esta parte del espectro político: primero, por ser un feudo histórico del bipartidismo en el que PP y PSOE siempre han estado entre el 60 y el 90% de los votos combinados. Segundo, por la falta de implantación regional de formaciones como Sumar, que se presentaba en este territorio por primera vez, y tercero, porque el voto que no se han llevado las tres grandes formaciones lo han recogido los partidos regionalistas, sin que la izquierda transformadora haya conseguido acomodarse exitosamente en ese nicho.
Se nota en el escrutinio al apreciar que Podemos ha desaparecido del mapa con un 0,5% de los votos, que solo le vale a los morados para quedarse fuera de las Cortes, y que la coalición IU-Sumar, que se presentaba en comunión, se queda también fuera de las Cortes con un 2,1%. Por poner en perspectiva la debacle, Se Acabó La Fiesta ha rondado el 1,3%, datos, los de la formación de Alvise Pérez, que duplican los cosechados por los morados, y ni siquiera sumando los porcentajes de IU-Sumar y Podemos se podría haber conseguido un solo procurador con estos porcentajes.
Precedentes similares en Aragón y Extremadura
Las de Castilla y León son las terceras votaciones de este ciclo electoral. Antes de ellas, se votó en Extremadura y Aragón, donde se vieron situaciones de fragmentación similar para la izquierda progresista en diferente grado. El más duro ha sido el de esta ocasión. En Extremadura, el PSOE sufrió una clara debacle que capitalizaron, en cierto modo, Podemos-IU, que se presentaron en coalición sin Sumar, que ni siquiera estuvo en estas elecciones. Los morados, junto con IU, cosecharon 7 parlamentarios y rompieron la barrera del 10% de los votos, mientras que los magentas ni siquiera llevaban papeleta en una región en la que el PP ganó con holgura, pero no la suficiente para investir a María Guardiola ni siquiera tras negociar con Vox.
En Aragón la película fue algo diferente. IU concurría en esta ocasión con Sumar y Podemos lo hacía en solitario. El pacto conseguía un único parlamentario y Podemos se quedaba fuera, al igual que ahora en Castilla y León. Aquí, al igual que en las votaciones actuales, el voto que no iba al bipartidismo iba a parar a las formaciones regionales, como la Chunta Aragonesista, que conseguía seis diputados, y Aragón Existe, con dos. El mensaje era claro: aquellos votantes que no se decantaban por los grandes partidos preferían darle su voto a iniciativas territoriales, con propuestas locales, que a la izquierda a la izquierda del PSOE. Lo mismo ha ocurrido en Castilla y León, donde ni pactando, ni no haciéndolo, han conseguido procurador alguno.
"Habrá una parte de la clase trabajadora que no se verá representada en las Cortes. Ha habido mucho voto útil al PSOE por el miedo a la extrema derecha, y desde nuestras formaciones seguiremos trabajando para la construcción de la mejor Castilla y León posible", ha argumentado, en reacción en directo, el candidato de IU-Sumar, Juan Gascón. Con el hacha en la mano estaba en X (antes Twitter) el portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Gabriel Rufián, que martilleaba indirectamente la propuesta de constituir un frente amplio de izquierdas de cara a las elecciones generales. "0 escaños a la izquierda del PSOE. No hacer algo (o hacer lo de siempre) es pura negligencia", escribía el independentista. A miles de kilómetros de distancia, Yolanda Díaz se encuentra, en esta noche electoral en la que Sumar vuelve a fracasar, en la gala de los Óscar.