El pasado fin de semana se celebró una de las fiestas más populares (conocidas) de Andalucía, El Rocío. En total, más de 2.000.000 millones de personas se han congregado en la Aldea onubense para celebrar la festividad de Pentecostés. Una peregrinación que no ha estado exenta de polémica. Como casi cada año, ciertos sectores han cargado duramente contra esta tradición andaluza. Los adjetivos más repetidos son los de siempre, que si “catetos”, “analfabetos”, “anacrónico”… Ante esto, gran parte de la izquierda andaluza se ha rebelado, y dentro de este propio seno ha surgido un debate sobre identidad andaluza, religiosidad popular y sobre andalufobia.

Chaves Nogales lo explicaba así hace un siglo: “La raigambre de la Semana Santa, como la de todas las fiestas religiosas, está solo en la adhesión a los apetitos del pueblo. En tanto sirva para satisfacerlos, subsistirá con el máximo esplendor, porque, en definitiva, al ciudadano le importa un bledo que se dé a su gula una significación litúrgica o un sentido pagano. Y si la Iglesia se lo proporciona ofreciendo al mismo tiempo trascendencia teológica a su apetito, tanto mejor”; un recuerdo que rescata al respecto de esta cuestión el periodista y escritor Antonio Fuentes.

Está claro que si la izquierda es contradicción, la izquierda andaluza baila constantemente con ella. A lo largo de las siguientes líneas, y con la ayuda del sociólogo Daniel Valdivia, el historiador y exdiputado andaluz, José Manuel Gómez Jurado, y el periodista y escritor Antonio Fuentes, trataremos de poner coherencia en medio de esta virulenta polémica.

El Rocío

Las más de 100 hermandades de distintas provincias que participan en esta festividad llegan con su nombre, sus carretas, su simpecado, sus gentes, su música, su, en definitiva, idiosincrasia. Allí, entre el mar de arena y el sofocante sol, millones de personas esperan el momento en el que los almonteños saltan la reja y saquen a procesionar a la “reina de las marismas”. Este es el momento que también esperan los detractores digitales para inundar las redes de los citados insultos. Y ahí es cuando prende la mecha de la polémica y el identitarismo y orgullo andaluz se abre paso.

Para Valdivia, El Rocío, al igual que otras festividades como la Semana Santa u otros eventos de carácter colectivo, forman parte de la socialización de Andalucía. Una socialización que ha creado sus propias tradiciones y cultura y que, aproximadamente hace un siglo, comenzó a ser exportada como “marca España”, especialmente acentuado durante el franquismo. “Se recupera la idea de los viajeros románticos, del exotismo de Andalucía, de esa imagen de una cultura un poco atrasada, pero con esta potencia cultural, esa idea de vivir la experiencia en Andalucía, y se proyecta como una marca de España y se vende al exterior”.

Pero, a su vez, afirma el sociólogo, las dinámicas que se generan en Andalucía son todo lo contrario. Andalucía comienza a ser el “patio trasero” de España, una tierra que sufre un expolio económico pero también cultural mientras se le da la idea de “marginalidad, exlusión u otros prejuicios como este”.

Gómez Jurado se acerca a este fenómeno desde el interés que le suscita el tema. El historiador acuerda, en la misma línea que Valdivia, que estos elementos (Rocío, Semana Santa…) forman parte de la idiosincrasia andaluza. Sin embargo apunta un matiz interesante. Todos estos fenómenos beben de lo que hoy es España y antes fue el imperio católico/castellano, y tras “40 años de franquismo con la Iglesia como elemento central”. Así, para el ex parlamentario la conversión a la categoría popular de estas tradiciones de raíz católica llega a Andalucía tras la ‘injerencia’ del PSOE y de Andalucía Directo, “como me dijo una vez mi profesor de Historia Moderna en la UCO, Manuel Peña: La Andalucía actual no se entiende sin el PSOE y sin Canal Sur y Andalucía Directo”.

Andalufobia

También en estas acaloradas acusaciones se cruzaba un término por encima de los demás, la acusación de andalufobia a aquellos que criticaban la “irracionalidad” de los andaluces con El Rocío. El sociólogo continúa aseverando que esa interpretación surge a raíz de los prejuicios vertidos sobre Andalucía, donde no solo existe esa “andalufobia” sino también “aporofobia”: “Porque estas mismas tradiciones, o parecidas, se hacen en el resto del Estado español y no hay polémica alguna.

Como ejemplo pone las corridas de toros o gente que corre delante de los toros, los famosos encierros. “Cualquiera podría decir que eso es una salvajada, pero como son comunidades ricas, con recursos económicos y con un capital más importante que el andaluz, no se dice nada”.

La Virgen del Rocío procesiona por la aldea en su visita a las 127 filiales

Para Valdivia, en Andalucía sí aparecen esas críticas por dos cuestiones fundamentales: “Por un lado, la idea de que la ‘andaluzización’ de España, según los elementos de Andalucía, se aprovecha como marca España y se empieza a plantear la idea de Andalucía como un patio trasero de España. Y luego, por otro lado, como que en cierta forma empieza a aparecer el prejuicio económico de estas comunidades. Por ejemplo, el caso de Andalucía que tiene menos recursos económicos y se la ataca o rechaza de un modo que no se hace con otras comunidades”.

Para Jurado, este debate es sencillo: “Si tú desde cualquier lugar del Estado ridiculizas El Rocío o la Semana Santa de Andalucía, pero no haces lo mismo con la fiesta de tu pueblo que fanatiza a tus vecinos o con las fiestas de tu pueblo que provocan sufrimiento animal, tú estás mostrando andalufobia. Ahora bien, si tú te ríes de todas las fiestas o eventos de este tipo empezando por el tuyo, en ese caso no. También igual tenemos que relajarnos un poco nosotros, a la izquierda en general nos viene bien reírnos un poco más de nosotros mismos”.

La izquierda

Para Jurado, el espacio de reflexión debe partir desde un análisis de las izquierdas tras un abandono histórico, y en su opinión “erróneo”, de la izquierda hacia la religión. Se sirve de las palabras de Santi Alba Rico: "Uno de los mayores errores de la izquierda en el siglo XX fue despreciar la religión como fenómeno movilizador de masas y afectos". “¿Es un terreno cómodo para nosotros?", se pregunta Jurado, “creo que no, pero tras la destrucción de todo tejido social por el neoliberalismo, despreciar cualquier capacidad de asociación popular en la que se muevan afectos, creo que es de no haber entendido nada”.

En cualquier caso, sí considera una “sobreactuación” de una “parte de la izquierda andaluza” que “viene a decirnos poco más o menos que el Rocío es Andalucía”.

Ambas cosas son ciertas, asegura la Semana Santa, El Rocío, son un “lugar de encuentro con carácter popular que moviliza afectos, también es un lugar elitista donde la derecha encuentra un vehículo perfecto para fanatizar a peña joven y uno de los pocos lugares que conservan tejido social”.

Para el sociólogo, no obstante, la reflexión crítica hacia esas tradiciones ha de ser un mandato, aunque la sitúa en primer lugar a las condiciones laborales de los trabajadores que hacen posible las mismas. Una mirada, afirma, que “no parta de la superioridad moral desde fuera, ni de rechazo a la gente que participa en ellas, porque al final son gente que participa por socialización familiar o, simplemente, por gusto, en la libertad de participar donde quiera”, como el Carnaval, apunta.

Chaves Nogales en el Rocío

En los primeros días de juni de 1936 Chaves Nogales regresó a Andalucía para escribir sobre otro festejo religioso, el Rocío, en una serie de reportajes para el periódico Ahora, recuerda el escritor Antonio Fuentes. El célebre periodista sevillano se hizo acompañar de un compañero francés, en busca, asegura Fuentes, de “encontrar en la romería «un caos revolucionario», un «país en descomposición revolucionaria», pero el anfitrión sevillano le guía en completa normalidad entre banderas republicanas, simpecados, hoces, martillos, coplas y demás elementos folclóricos”.

Este reportaje sirvió para que Nogales pudiera retratar el “choque” entre las clases sociales, entre el pueblo y la aristocracia, “el afán lúdico de los romeros frente al rito de la Iglesia; habló de la dureza del camino para los romeros de buena fe y de cómo los aristócratas sumados al evento llegaron en automóvil, lavados y perfumados, una hora antes de la procesión”.

      “Hemos estado los cabales -me decía orgullosamente un viejo rociero-; los de verdad, los buenos. Ha sido una romería como las antiguas, como las verdaderas. Menos lujo, menos postinería; pero más hermandad y más devoción. Hemos demostrado que por los caminos de Andalucía aún se puede ir con el simpecado en alto a rezarle a la virgen”»

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