La pasada semana se publicó el nuevo informe sobre emancipación de la "juventud" (personas entre 16 y 34 años) española, que alertaba de cifras (negativas) históricas. Por ejemplo, un 85% de los los "jóvenes" de entre 16 y 29 años en todo el territorio español aún no se había emancipado, con datos de 2025. Sin embargo, una mirada sobre los territorios evidencia otra cifra histórica y negativa, y es que en Andalucía la situación -para variar- es aún peor. En nuestra comunidad en torno al 90% de los jóvenes menores de 30 años continúa viviendo en casa de sus padres.
Según el propio informe, el precio de la vivienda ha sido el "principal obstáculo" para experimentar estos alarmantes datos. No obstante, en Andalucía, el precio del alquiler viene agravado por la mayor tasa de pobreza y exclusión social, desempleo o salarios del territorio, lo que provoca que la emancipación sea, cada vez más, una utopía.
Testimonios
Luis tiene 27 años y trabaja en el sector de la comunicación. Actualmente, irse de su casa, independizarse, lo considera algo "utópico", pese a que sea una cuestión que desea desde "hace mucho tiempo". Asegura que tras varios años trabajando en el sector, tanto asalariado como autónomo, y tras marcharse incluso de España para encontrar oportunidades laborales, actualmente ha tenido que volver a la casa de sus padres, en la provincia de Sevilla, trabajando bajo un sueldo y condiciones laborales que tampoco le permiten sueños tangibles como costearse un alquiler: "La seguridad de: voy a tener un trabajo que mínimamente me pueda costear eso no lo he tenido hasta ahora, y tú dices, oye, que aunque tenga dinero ahorrado no es lo suyo irse para tener pérdidas".
Otro flagrante caso es el de Lucía, 23 años. Actualmente estudia y trabaja, aunque espera dejar de hacer lo primero después de estar a punto de terminar su carrera. Tras cinco años de relación con su novio (25 años), que es militar, "funcionario, vamos" -con lo que esto significa para la seguridad de tener un sueldo mensual asegurado- decidieron emprender la odisea de buscar un piso para vivir juntos.
El primer obstáculo es que con el precio de la vivienda irse por separado es "imposible". Las nuevas generaciones han (hemos) asumido que vivir solos es únicamente viable si nos desplazamos a más de 60 o 70 kilómetros de una capital de provincia. O contar con un colchón familiar importante. Pero me temo que ese 90% que no puede emanciparse no cuenta con tal colchón. Y quizá ni aún así. Volviendo a Lucía, de Dos Hermanas (Sevilla), tanto ella como su pareja han buscado casa también en su ciudad natal, aunque también es harto complicado. "La gente las vende, pero es que no podemos hacer frente al pago de una hipoteca de mil euros, cuando yo cobro 1.000 y mi novio 1.400 y algo; lo único que hemos encontrado son estudios, que no tienen siquiera habitaciones separadas".
Lucía y su novio lamentan que, tras varias generaciones viviendo ambos en el mismo barrio de la ciudad nazarena, será la "cuarta generación" que no pueda quedarse a vivir en la zona, después de que los pisos hayan incrementado una subida de precios inusitada o que las ofertas -también de VPO- que han recibido son "costosas y de pisos de muy mala calidad".
"¿Qué sueldo tenemos que tener?"
Ángela, sevillana de 30 años, es otra "joven" que, junto a su pareja, forman parte de ese 90% de "jóvenes" andaluces que no puede emanciparse. Su caso también es bastante representativo de miles de jóvenes andaluces que se encuentran (nos encontramos) en la misma situación de incertidumbre. Geógrafa y tras seis años trabajando, su sueldo ha pasado por diferentes etapas, desde unos 700 picos hasta los 1.900 que cobra actualmente. Un sueldo que, como muchos jóvenes, compartía en su casa natal, bien aportando en el alquiler, bien contribuyendo a "compras más grandes para la casa" o necesidades similares.
Además, Ángela no ha podido nunca independizarse por alquiler, aunque también lo hubiera deseado. El motivo, priorizar la "salud mental" y la "integridad física como personas". "No me voy a ir a un zulo de 30 o 40 m2 sin ventana". Tras esta infructuosa búsqueda durante largas temporada, también con su pareja, que cobra un sueldo de 1.600 euros, deciden ponerse a ahorrar para pagar la entrada de un piso o una casa, aunque conscientes de que era complejo.
Finalmente, esta pareja, cuyos sueldos además están en el umbral del salario medio mensual de los andaluces (1.751 euros brutos al mes), ha decidido irse a vivir juntos de alquiler a Sevilla Este, en un piso que les cuesta 875 euros al mes con plaza de garaje. Una de las cosas que más les cautivó de este piso fue el compromiso del casero de "no modificar el precio en los próximos cinco años", que "como está la cosa, pues es una ayuda". Aunque ambos son conscientes de que "si el día de mañana queremos formar una familia, aquí no nos lo podemos permitir".
Alquiler
En cuanto al alquiler, otra odisea. Es el caso de Nieves (28 años) y natural de Los Palacios (Sevilla). Su caso se remonta a 2022, "imagínate cómo estará la cosa ahora", advierte. Consciente de que el escenario inmobiliario se ha agravado en los últimos años a un ritmo frenético, tanto en viviendas convertidas en negocio como demandantes. De hecho, Málaga es la provincia más cara para vivir de Andalucía. Según el último barómetro del Mercado Residencial de Andalucía de la consultora Gloval, diez de las quince localidades con las viviendas más caras de Andalucía son de Málaga, con precios que superan con facilidad los 3.000 euros el metro cuadrado.
Aún así, hace cuatro años la situación para Nieves ya fue perversa. Se marchó hacia otra provincia por motivos laborales. Tuvo la suerte, narra, de que una compañera de piso de su hermana dejaba una habitación libre, y pudo entrar por 350 euros. Un precio por el que ahora muchos pelearían. El problema no es la cantidad a pagar, asegura, sino las formas: "Si yo no hubiera tenido a mi hermana, que se llevaba bien con la casera, no podría haberme quedado allí". El motivo: "Me pedía mis últimas nóminas, la declaración de la renta y un aval, ¿de dónde sacas tú un aval?" Se indigna aún cuatro años después. Además, la casera también pedía a las nuevas inquilinas un contrato indefinido y su correspondiente mes de fianza.
Todo eso para seis meses, porque era para un contrato temporal. Cuando llega a su fin, acordado verbalmente la devolución de la fianza, la casera se niega a devolverla porque "tenía la pintura desgastada por arriba y el techo, y un desperfecto que estaba ahí antes de que yo llegara", asegura. Una excusa de la casera que provocó que, pese a la insistencia y bronca con esta, no le devolvieran los 350 euros de fianza. Ahora, también por cuestiones de trabajo, Nieves anda enfrascada en la búsqueda de un piso en Ceuta desde "hace semanas" para "no pagar un dineral por un cuchitril. Pero no hay manera".
Uno de los pisos le pide 960 euros al mes, más una fianza más un mes de adelanto. Prácticamente 3.000 euros para una persona que se desplaza a trabajar y sin aún pisar el piso. Agua y luz aparte. Y asegura que no es un piso-mansión, sino un piso "normal y corriente".
Estas son tan solo algunas de las voces que encarnan el problema de la vivienda, tanto en España como en nuestra comunidad Andalucía, donde ya es el segundo problema que más afecta a la ciudadanía (21,6%), a apenas dos décimas del principal problema de los andaluces, la Sanidad (21,8%). Además, durante esta campaña electoral los principales partidos de la oposición han vertebrado su campaña política en el impulso de los servicios públicos, donde la creación de viviendas públicas y accesibles estaba en las primeras líneas de todos los programas políticas, frente a la política de vivienda impuesta por la Junta de Andalucía.
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