En la era del streaming, los teléfonos inteligentes y el consumo audiovisual a la carta, resulta casi ciencia ficción imaginar un país donde la pantalla de un televisor era un objeto mágico, inalcanzable y, sobre todo, un lienzo en blanco. Sin embargo, toda historia tiene un "día uno". En España, esa fecha está marcada a fuego en el calendario mediático: el domingo 28 de octubre de 1956. Aquella tarde de otoño, un país gris y aislado internacionalmente encendió por primera vez la "caja tonta", dando luz verde a las emisiones regulares de Televisión Española.

El chalet del Paseo de la Habana y los 600 privilegiados

Los primeros pasos de la televisión en España se dieron en un escenario sorprendentemente sencillo. Todo empezó entre las cuatro paredes de un modesto chalet en el Paseo de la Habana, en Madrid. Las instalaciones eran precarias y la cobertura de la señal apenas alcanzaba un radio de 60 kilómetros alrededor de aquel improvisado centro de emisiones. Es decir, la primera emisión de la historia de TVE fue, a efectos prácticos, estrictamente local.

Pero el alcance geográfico no era la única barrera. En la España de 1956, tener un televisor en el salón era un lujo prohibitivo reservado a las élites y a los altos cargos. Un aparato costaba en torno a 25.000 y 30.000 pesetas, una auténtica fortuna que equivalía al sueldo de varios años de un trabajador medio. Se calcula que aquella histórica jornada, el milagro catódico solo fue presenciado a través de unos 600 televisores repartidos por la capital.

Nervios, caos y el capellán de Franco

La leyenda urbana cuenta que lo primero que se emitió en TVE fue una misa, pero la realidad histórica y técnica lo desmiente rotundamente. La infraestructura del chalet no daba para tanta parafernalia religiosa. Lo que sí hubo fue un acto de bendición de las instalaciones a cargo del mismísimo capellán de Francisco Franco.

Detrás de las cámaras, el ambiente era de pánico absoluto. La falta de experiencia y la precariedad técnica convirtieron aquella tarde en un auténtico caos de errores y anécdotas. Los micrófonos llegaron tarde y la inauguración oficial recayó en el entonces ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias-Salgado.

El discurso del ministro fue un despropósito técnico. Algunos testimonios de la época aseguran que Arias-Salgado tuvo que repetir su intervención hasta cuatro veces porque "no salía nada bien" y el equipo iba "de error en error". Además, las rudimentarias "jirafas" de sonido contaban con pequeños sacos de arena como contrapeso, y se dice que una de ellas llegó a golpear levemente la cabeza del ministro en pleno directo.

¿Qué vieron aquellos primeros espectadores?

Una vez superado el corte de la cinta institucional, la programación de aquel 28 de octubre tuvo de todo un poco, convirtiendo la televisión en una especie de cajón de sastre. Los privilegiados dueños de esos escasos receptores disfrutaron de una variada parrilla que incluía actuaciones folclóricas y música, destacando especialmente los 'Coros y Danzas' regionales de la Sección Femenina y la presencia de orquestas en plató.

A esto se sumó la actualidad oficial con la exhibición de dos entregas del incombustible NO-DO, además de reportajes con sorpresa, como fue el caso de Los blancos mercedarios, una pieza que, fruto de los nervios y la poca preparación del primer día, se terminó retransmitiendo por error íntegramente en francés.

Todo esto se emitía en riguroso directo, ya que en 1956 no tenían los magnetoscopios para grabar los programas, por lo que todo lo que ocurría en el plató salía al aire sin ningún tipo de red de seguridad.

Los pioneros que abrieron camino

Aunque el primer día fue marcadamente institucional y un tanto accidentado, pronto comenzaron a despuntar los rostros que se colarían en los hogares españoles durante las siguientes décadas.

Periodistas y locutores que venían de la radio tuvieron que aprender a mirar a cámara, lidiar con la censura y dominar la imagen en directo. Nombres legendarios como Jesús Álvarez, David Cubedo y el inconfundible Matías Prats fueron los grandes pioneros de la información y los boletines.

A su lado, mujeres todoterreno como Laura Valenzuela o Blanca Álvarez empezaban a marcar el ritmo de la incipiente industria de la presentación y el entretenimiento. Y cómo olvidar a figuras entrañables como Mariano Medina, el primer "hombre del tiempo", que en aquellas emisiones explicaba la meteorología valiéndose de un simple mapa de cartón y un puntero, mostrando al principio solo su brazo ante la cámara porque no aparecía de cuerpo entero.

Aquel domingo de octubre de 1956, entre cables tirados por el suelo, micrófonos fallidos y discursos repetidos, nacía algo más que un medio de comunicación. Nacía el epicentro cultural, social y de ocio de la España moderna. La señal tardaría tres años en llegar a Barcelona o Zaragoza, y mucho más al resto de zonas rurales de la geografía española, pero la mecha de la revolución audiovisual, gracias al histórico nacimiento de TVE, ya había sido encendida de forma irreversible.

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