Juan Carlos Aragón era la figura del Carnaval de Cádiz. Todo giraba en torno a la aplaudida maestría del comparsista y chirigotero para crear letras y agrupaciones que pasarán a la historia. También, su filosofía -académica y vital-, invitaba a fijarse en un personaje que huía de clichés y se autodefinía a través de sus canciones. Todo eso era la construcción material y conceptual que durante tantos años forjó el público carnavalero, desde el niño que comienza a aficionarse al concurso hasta los archiconocidos Manu Sánchez o Jordi Évole (por ejemplo). Todos veneraron su figura. Hasta hoy.

Este fin de semana el Ayuntamiento de Cádiz (PP) iba a conmemorar su figura, otorgándole una estrella en el Paseo de la Fama del Carnaval, a las puertas del Gran Teatro Falla. Ese centenario teatro que tantas veces le aplaudió. Sin embargo, un comunicado del Ayuntamiento lo cambió e incendió todo. Según explicó el propio alcalde en sus redes, tras recibir un escrito sobre un “asunto producido en un entorno familiar” se posponía el acto. Aquí se desencadenó el entierro del mito. Y lo analizamos con la periodista y profesora experta en violencia de género en la Universidad de Sevilla, María Sánchez.

No han sido pocas las reacciones al conocer que el letrista gaditano había sido condenado en 2010 por malos tratos a su expareja, Paqui Pino. Un asunto que, al parecer, era vox populi en la tacita de plata pero que no llegó hasta las instituciones, que han condecorado su figura desde su fallecimiento por cáncer en 2019. Este “shock”, en personalidades como el propio Manu Sánchez, el líder de Adelante Andalucía, José Ignacio García, entre otros muchos, responde a algo “totalmente comprensible” en palabras de la experta en violencia de género.

Para la profesora, este reconocimiento público de su figura supone un “comprensible duelo de la izquierda andaluza” por lo que significa la obra y la figura de Aragón. “Me gustaría decir que en 2026 no hay otra postura posible, pero sabemos que sí la hay en base a la tendencia de negar la violencia en base a las simpatías y afectos que guardamos con los agresores”, explica.

No obstante, Sánchez se resiste a no acordarse de la víctima, de la necesidad del “reconocimiento del error”, de “no estar a la altura de lo que las víctimas merecen”, algo que fomenta, en su opinión, la “realidad que viven muchas supervivientes en su entorno y explica la dificultad de la denuncia”.

Un reconocimiento del error como el que manifestó, por ejemplo la concejala de Fiestas del Gobierno de Adelante Andalucía al frente del Consistorio gaditano (2015-2023), Lola Cazalilla, que pidió disculpas en Diario de Cádiz y reconoció que no actuaron porque no tuvieron acceso a la denuncia como tal, pese a que reconoce que un periodista les dijo en más de una ocasión lo que occurría.

Un hecho al que hace referencia también la experta en violencia de género: “Baste recordar que desde 2021 las víctimas de violencia de género no tienen la obligación de interponer denuncia para obtener su reconocimiento institucional como tal (pese a que en la práctica este recorrido burocrático deja mucho que desear)”.

“Época oscura”

Del mismo modo, sobre esta condena, aquellos que tratan de'justificar', o “'nmascararla'  en una época oscura, en relación a su época como adicto, Sánchez advierte que es “peligroso” relacionar las circunstancias de la violencia de género con aquella época de Aragón, como si existiera una suerte de “causa-efecto” y que además de “erróneo es estigmatizante”. La experta asegura que “no se ejerce violencia de género por tener una adicción, sino por ser un hombre machista que controla, domina y ejerce poder sobre una mujer de forma física, psicológica, sexual y/o económica”.

Así, recuerda cómo su obra también “refleja ese machismo cultural”, y hace referencia a un pasodoble que Aragón escribió dos años después de esa condena en 2010, “Oggi no canto a la signora”, donde “explora el estereotipo de la “mala mujer” que denuncia por venganza, interés y usa a su hijo”.

El eterno debate: el autor, la obra y el ídolo

Por otro lado, esta ‘revisión’ del juicio ha reavivado también el debate sobre si se debe separar al autor de su obra. Sánchez lo tiene claro, esto es imposible. "La pregunta sería si podemos disfrutar de una obra pese a su autor, y si nuestro consumo está beneficiando a dicho hombre o contribuyendo a dulcificar su figura", reflexiona.

El respeto y la idolatría hacia el "Capitán Veneno" ayudaron a mantener oculta esta realidad durante años. Ante esto, la experta es tajante: "La cultura de la cancelación por la violencia machista es una ficción. Lo que ocurre es que nunca antes nos habíamos preguntado qué hacer con nuestros ídolos maltratadores porque ni siquiera teníamos palabras para nombrarlos como tal. Ahora que las tenemos, debemos obrar en consecuencia, aunque a veces sea doloroso".

Por ello, Sánchez advierte contra el peligro de convertir este episodio en un arma arrojadiza. "No quisiera que se enturbie el debate en una suerte de caza de brujas sobre quiénes sí y quiénes no conocían la sentencia. Perdemos de foco a la violencia machista, a sus víctimas y sus necesidades", apunta. El debate, asegura, no debe centrarse en la contienda política, sino en una introspección colectiva: "¿Qué hago yo cuando sé que un hombre de mi entorno al que quiero y admiro ejerce violencia contra las mujeres?".

El derrumbe del mito de Juan Carlos Aragón demuestra que el machismo no tiene ideología. "Cualquier hombre, sea cual sea su estatus, ideología o talento, puede ejercer violencia contra las mujeres", señala la profesora, lamentando la facilidad con la que la sociedad acepta esto cuando el agresor es del "bando político contrario" y la resistencia que surge cuando se trata de "los nuestros".

El peso de la memoria democrática

Finalmente, queda la postura de la víctima. Paqui Pino ha esperado desde 2019, viendo cómo se sucedían los homenajes, para pedir algo coherente: que no se le den tantos honores a su maltratador. Para Sánchez, es injusto que sean las supervivientes quienes deban "tirar de ese peso".

"La retirada institucional de honores es un síntoma de madurez democrática. Ojalá el siguiente paso sea que las instituciones estén preparadas para agenciar esta responsabilidad", subraya.

Más allá del luto carnavalero, el precedente sentado este fin de semana en Cádiz quedará en la historia de la ciudad. "El mensaje que aquí queda es que ningún hombre, por relevante que sea, puede recibir la connivencia social en estas circunstancias. Se trata de un mensaje contundente para la sociedad al completo, pero sobre todo para las víctimas", concluye Sánchez, recordando a las más de 22.000 mujeres andaluzas en el Sistema VioGén. La premisa, a partir de ahora, es clara: “Un maltratador no puede ser vitoreado por el Estado y sus instituciones”.

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