- La noche más importante de la moda llega marcada por una polémica que ya trasciende la alfombra roja
La Met Gala 2026 se celebra esta noche en Nueva York, pero este año el foco no está únicamente en la moda. La implicación de Jeff Bezos como honorary chair y uno de los principales apoyos financieros del evento ha abierto una conversación incómoda sobre el papel del poder económico —y político— dentro de la industria.
El fundador de Amazon, junto a Lauren Sánchez Bezos, no solo estará presente en las escaleras del Metropolitan Museum of Art, sino que también ha sido señalado como una figura clave en el impulso económico de esta edición. Un movimiento que, lejos de reforzar el prestigio del evento, ha generado críticas dentro del propio ecosistema cultural.
Porque la cuestión ya no es solo quién paga la gala, sino qué representa.
En las últimas semanas, diferentes voces han cuestionado la relación de Bezos con instituciones gubernamentales en Estados Unidos, especialmente por el suministro de tecnología e infraestructura a organismos como el ICE (Immigration and Customs Enforcement). Este vínculo ha provocado rechazo entre ciertos sectores del ámbito cultural y mediático, que consideran incompatible esa relación con el discurso progresista que históricamente ha tratado de proyectar la Met Gala.
El impacto no ha sido menor. El actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha confirmado que no asistirá al evento, rompiendo con una tradición de décadas en la ciudad. Su decisión ha sido interpretada como un gesto político, pero también como una señal de incomodidad ante el nuevo contexto que rodea la gala.
A esta postura se han sumado varias celebridades que han decidido no acudir este año, en una lista de ausencias que refleja un cambio de percepción sobre el evento. (Puedes ver el listado completo de ausencias aquí).
Mientras tanto, en la propia ciudad, han aparecido carteles criticando la implicación de Bezos, impulsados por colectivos como Everyone Hates Elon, que denuncian una pérdida de relevancia cultural del evento frente al peso del capital.
“La moda y la cultura pop nos encantan, pero la implicación de Bezos hace que Vogue parezca irrelevante”, señalaba un portavoz del grupo.
La paradoja es evidente. Dentro del museo, la exposición “Costume Art” propone una reflexión sobre cuerpos marginados, identidad y diversidad en la moda. Fuera, la gala se enfrenta a críticas por su asociación con figuras del poder económico y estructuras cuestionadas.
Esta tensión no es nueva, pero sí más visible que nunca. Como apunta la historiadora de moda Cally Blackman, el evento corre el riesgo de perder su esencia: “El problema es que ya no trata sobre moda, sino sobre publicidad”.
Con entradas que alcanzan los 100.000 dólares y una audiencia global masiva, la Met Gala sigue siendo uno de los mayores escaparates del mundo. Pero este año, ese escaparate refleja algo más que vestidos: expone las contradicciones de una industria que navega entre la cultura, el poder y la narrativa.
Esta noche, sobre la alfombra roja, se hablará de moda. Pero la conversación real ya está ocurriendo fuera de ella.