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Hay experiencias que necesitan encontrar su propia forma de ser contadas, reflexionando sobre ese momento de la vida, asimilando el aprendizaje de manera paciente y, finalmente, aceptándolo como parte de la historia de cada uno. Después de más de 20 años dedicada a la interpretación, Camila Sodi ha recurrido a la escritura para expresar ese proceso a los lectores a partir de uno de los episodios más personales de su vida. Lo hace en 'El pequeño libro del duelo', una obra que ha alcanzado ya su tercera edición en México y que posteriormente ha llegado a España. Lejos de recurrir a la ficción, Sodi parte de la muerte de su madre para adentrarse en una experiencia propia y explorar un territorio diferente al de la actuación.
Para Sodi, cada disciplina responde a una necesidad concreta, pero, en su caso, la escritura le ha permitido sacar a la luz sentimientos y acceder a un lugar especialmente íntimo donde, según sus palabras, "se trata de enseñar una parte muy privada con el afán de que el otro pueda ver su humanidad en la tuya".


“El duelo no es algo que un día termina de repente”
El paso del tiempo también ha cambiado su manera de observar la pérdida. A medida que la muerte se hace presente entre las personas que forman parte de su entorno, explica, también cambia su sensibilidad hacia ella. "Conforme nos vamos haciendo mayores y nos acercamos a la muerte de la gente que nos rodea, te sensibilizas mucho más a todo el misterio que implica".
En ese proceso, la creatividad funciona como una herramienta para exteriorizar aquello que resulta difícil expresar de otra manera, incluso a veces con las lágrimas. Sodi considera que no se trata de algo nuevo, sino de un mecanismo que ha acompañado al ser humano durante toda su historia: "La creatividad ha servido como herramienta para expresar lo que uno trae adentro y convertirlo en una pieza de arte para tocar corazones. Cuando alguien puede verse reflejado en una parte de tu historia, le da verdadero valor a lo que cuentas", sostiene.
Esa voluntad atraviesa 'El pequeño libro del duelo'. Sodi rechaza la idea de la pérdida como un camino lineal que conduce inevitablemente hacia un punto en el que todo vuelve a ser como antes. "El duelo no es algo que un día termina y ya estás bien", afirma.
Su manera de entenderlo parte precisamente de asumir que algo cambia para siempre y, sobre todo, que se trata de una parte de la vida que la mayoría de las personas vivirá en algún momento. La actriz lo define con una expresión que resume buena parte de la filosofía de su libro: "El duelo es una puerta alquímica que te transforma por completo, por lo que no hay manera de que seas la misma persona tras atravesarlo".
Sin embargo, estas páginas llenas de recuerdos no pretenden quedarse únicamente en la experiencia personal. También reúnen recursos que le sirvieron durante ese proceso y que ahora ha decidido compartir. "En el libro comparto herramientas que me ayudaron a transitarlo y considero que es un deber entre humanos compartir recursos para tener una mejor vida", explica.
Detrás de esa idea aparece también una conciencia muy presente sobre la fragilidad del tiempo. "Estamos aquí muy poco y a veces olvidamos que en cualquier momento se acaba". La figura de su madre aparece, además, vinculada a una determinada forma optimista de entender la vida que Sodi asegura conservar. Una actitud que pasa por asumir que, aunque no todo está bajo su control, sí puede decidir dónde pone su atención y cómo afronta aquello que ocurre.



Antes trabajaba para sobrevivir, ahora elige sus propias prioridades
Esa transformación personal también se refleja en su relación con la interpretación, una carrera que se extiende ya durante más de dos décadas. Sodi comenzó a trabajar con solo 17 años y reconoce que durante sus primeros pasos profesionales la posibilidad de escoger apenas existía.
"Cuando comencé no sentía que tenía mucha elección, sino que trabajaba para sobrevivir y aceptaba lo que me ofrecieran o lo que saliera en casting", recuerda. Más de dos décadas después, su manera de enfrentarse a una propuesta profesional es muy diferente. Ahora hay otros factores que pesan por encima de aceptar simplemente el siguiente papel. "Lo que me hace embarcarme en un proyecto es mi vida personal y si el tiempo se alinea con el de mis hijos y mis prioridades. Después ya va lo demás", señala.
Los años de experiencia tampoco han eliminado todos los nervios relacionados con su profesión, aunque aquello que se los provoca ahora es muy diferente a lo que podía inquietarle al comienzo de su carrera. "Me pone de los nervios estar con gente que no sabe lo que está haciendo y que cree que sí lo sabe", reconoce. Frente a eso, mantiene intacto el respeto hacia su trabajo: "Admiración le tengo siempre a todo y a todos, porque me gusta mucho lo que hago y le tengo un gran aprecio".
La "popstar" que soñó algún día ser
La interpretación y la escritura no han sido sus únicas vías creativas. La música también ocupó parte de su trayectoria, aunque Sodi no parece contemplar ahora un regreso. Eso no significa que haya desaparecido cierta fascinación por lo que podría haber sido.
"Me hubiese encantado ser una popstar, pero mi camino me llevó a otro lugar", reconoce. Su respuesta se vuelve mucho más divertida cuando imagina una hipotética segunda oportunidad: "No veo sucediendo un regreso a la música en esta vida, aunque si existieran otras vidas solo regresaría para ser una super popstar llevando glitter por todos lados".
Ese imaginario de popstar, glitter y grandes estilismos contrasta, sin embargo, con la comodidad que Sodi busca en su vida cotidiana. Después de pasar buena parte de su trayectoria vistiendo para personajes, sesiones de fotos y apariciones públicas, reconoce que nunca ha terminado de encasillarse en un estilo concreto. Eso no le ha impedido mantener su interés por el diseño y la moda, un mundo que ha conocido de cerca durante años y que le ha permitido descubrir todo tipo de prendas y propuestas.
"En mi vida cotidiana soy muy hippie y no tengo un estilo definido porque desde pequeña me vestían para el trabajo", explica. Cuando desaparecen las cámaras y no hay ningún personaje que interpretar, la elección es bastante más sencilla: "El estilo con el que estoy más apegada en mi día a día es andar en pants".


De huir de la prensa a reconciliarse con la exposición
Su relación con la fama y con todo lo que supone ser un personaje público tampoco ha permanecido inalterable. Sodi recuerda una época en la que enfrentarse a la exposición mediática resultaba especialmente incómodo. "De niña le huía mucho a la prensa porque en los años 90 no tenía límites", asegura.
Entre las razones señala una forma de tratar a las mujeres que iba mucho más allá de su trabajo. "Hablaban de tu cuerpo y demeritaban tu trabajo por tener familiares famosos o por casarte con alguien famoso", recuerda. Aquella situación hacía que sintiera que estaba "luchando contra una retórica tergiversada". Su percepción actual, sin embargo, es distinta. "Con el tiempo esto ha cambiado mucho y los periodistas actuales me parecen personas mucho más preparadas e inteligentes".
Más de dos décadas de carrera han modificado no solo su relación con la exposición pública y los medios de comunicación, sino también sus propias prioridades y su manera de entender la vida. Entre todos esos cambios se encuentra también la forma de asumir aquellas experiencias capaces de dejar una huella mucho más profunda que cualquier persona.
'El pequeño libro del duelo' nace precisamente de una de ellas y de aceptar que determinadas pérdidas no permiten regresar al punto de partida. Como ella misma resume, atravesar un duelo significa asumir que no hay manera de volver a ser exactamente la misma persona.







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