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REPORTAJE
Castilla-La Mancha

Las horas críticas de la tragedia ferroviaria de Toledo, dentro de un hospital: "Mirabas a la gente a los ojos y veías el dolor"

El Hospital Mancha Centro de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) fue uno de los puntos claves al recibir 36 heridos y a sus familiares: "Todo el mundo se volcó desde el primer momento"

Marta Alberca
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Imagen de la entrada del Hospital Mancha Centro de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). EP.

Imagen de la entrada del Hospital Mancha Centro de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). EP.

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En pleno apogeo de la tragedia ferroviaria en Urda, donde colisionaron dos trenes de AVE e Iryo y cuya cifra provisional de fallecidos ha ascendido a 69, la coordinación entre los hospitales más cercanos de las provincias de Toledo y Ciudad Real fue clave en la atención de los heridos, siendo el Hospital Universitario Mancha Centro de Alcázar de San Juan uno de los principales a los que se trasladó un buen número de pacientes. El ir y venir de camillas, organización de equipos para atender a los pacientes y sus familiares, instalación de los puntos de donación de sangre y la coordinación en las Urgencias marcó toda una jornada maratoniana que sus trabajadores no olvidarán. 

Este hospital castellanomanchego recibió un total de 36 pacientes que fueron atendidos por diversos daños y lesiones derivados del fuerte impacto de la colisión y, este jueves, permanecían cuatro de ellos ingresados en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y otros siete hospitalizados en distintas plantas, mientras el resto fueron dados de alta exceptuando a uno de ellos que fue trasladado al Hospital de Toledo, según el director gerente de la Ferencia de Atención Integrada, Lucas Salcedo. "Las intervenciones que se han dado son politraumatismo, lesiones de diversa consideración, sobre todo en extremidades", ha precisado en declaraciones a la prensa. 

Dentro de las puertas del hospital, las valoraciones son subjetivas a ojos de cada trabajador, aunque con una conclusión en común: la buena coordinación que dio fructíferos resultados para la magnitud del accidente. Carla, enfermera de quirófano, declara en conversaciones con este periódico que "la organización fue muy buena, hubo reuniones en quirófano para coordinar todo, con los supervisores, el servicio de farmacia para que todos los quirófanos estuvieran a punto expectantes y alertas": "Mucho buen profesional y muy buena voluntad". 

Por su parte, Nuria, portavoz del sindicato SATSE y enfermera de quirófano, también desgrana en declaraciones a ElPlural cómo se fraguó la organización desde el momento que trascendió la impactante noticia, asegurando que desde los puntos de mando hasta incluso voluntarios se coordinaron para trasladar camillas y habilitaron el salón de actos del hospital para atender a los familiares y reubicar a los heridos: "Todo el personal del servicio que estaba en casa llamaron a la supervisora para venir como refuerzos, todo el mundo se volcó desde el primer momento. Estuvieron organizando el circuito de familiares, pacientes y la información. (...) Estuvo todo muy bien organizado desde el primer momento se empezó a movilizar todo el mundo, todos ofreciéndose a ayudar". 

Historias que marcan la tragedia

Las horas críticas se sucedieron a media mañana y las horas posteriores, cuando comenzaron a llegar los heridos y familiares al hospital: "Muchos venían peor psicológicamente que a nivel físico, aunque también hubo traumatismos craneoencefálicos, golpes, fracturas de huesos. (...) Incluso los más leves a nivel psicológico estaban fatal, venían destrozados", relata Nuria, reiterando que el perfil de los pasajeros eran, en su gran mayoría, personas de Madrid y Sevilla, pero también con un importante volumen de extranjeros "de paso por España". 

En este sentido, la enfermera relata el caso que atendió de una familia griega que se encontraba de turismo en la capital y que presentaban heridas leves exceptuando la madre, "que estaba peor con una fractura": "Se vieron en un país donde tienen la barrera lingüística, estaban asustados y la mujer en shock, no paraba de decir que había visto gente mutilada, gente muerta. Era su primera vez en tren y dijo que jamás quería pisar un tren. En cuanto volver a Grecia, decía que necesitaba ayuda psicológica porque esas cosas te dejan rota". 

A su vez, agrega que hubo dos casos en los que, lamentablemente, no pudieron localizar a las personas, cuyas familias acudieron "desesperadas" tanto al hospital de Alcázar como al de Toledo.

Sin embargo, una historia conmovió a Nuria de una manera más especial, porque la esperanza siempre asoma en desgracias como este accidente. Se trató de una familia estadounidense que viajaba en el AVE siniestrado y, antes del impacto, el padre y el hijo se desplazaron a la cafetería del vagón, mientras que la madre y la nuera se quedaron en uno de los vagones que salió despedido: "Ellos llegaron al hospital de Alcázar y al padre, que venía peor, le pasaron corriendo a urgencias, y el hijo con un dolor en el hombro, bajó a preguntar si podríamos localizar a su mujer y su madre. Después de intentarlo, ni en Toledo ni en Ciudad Real, no aparecían por ningún sitio. Él estaba destrozado y, al rato, le dieron el alta y su padre se quedó ingresado. En ese momento, la señorita de la embajada americana recibió una llamada del Hospital de Ciudad Real que le dice que ponga el manos libres y se escuchó la voz de la mujer del muchacho. Todos nos pusimos a llorar, pensaba que no iba a encontrar con vida a ninguna de las dos. La mujer estaba bien porque solo tenía un traumatismo. La madre no la habían localizado y seguían en ello, no sabemos qué habrá pasado". 

Y es que estas historias marcan la visión profesional y personal de aquellos que salvan vidas: "Vivir una tragedia así es terrible, miras a la gente a los ojos, ves el dolor de lo que han pasado y emocionalmente la gente está muy destrozada. No quiero ni imaginarme la gente que acudió a Urda, de la UME, los que se acercaron a ayudar… no se les va a olvidar en la vida".

"Impresionante" respuesta de los voluntarios para donar sangre

Uno de los hitos que marcó la jornada del miércoles en el Hospital Mancha Centro fue la llamada del propio centro como la movilización de redes sociales a donar sangre, superando con creces todas las expectativas. "Fue impresionante, cuando lo vi me emocioné, la cola daba la vuelta más allá de la entrada por detrás del hospital. Impresionante la cantidad de gente que acudió a donar, esperando horas en la cola", cuenta Nuria emocionada. 

Y es que a la llamada respondieron más de 400 personas que, a lo largo del día, hicieron cola en las inmediaciones del hospital. Y es que muchos voluntarios se quedaron con las ganas de poder aportar su granito de arena: "Fui pero estaban saturados, volveré mañana o pasado. Cuando me tocó a mí firmar el papelito de donante me dijeron que había entre una hora y dos de espera porque estaban saturados y solo habia siete camillas. Había una cola tremenda", relata en conversaciones con este periódico Belén, vecina de Campo de Criptana. 

La dirección del hospital tuvo que enviar un mensaje al final de la jornada reiterando que no hacía falta más voluntarios y pidiendo reducir la afluencia en el punto de donación: "Agradecemos pero hay que empezar a desescalar. Agradecer un gesto tan amable y solidario en un momento tan difícil como el de ayer", ha agregado Salcedo. 

Una postura que también ha aplaudido el presidente de la Asociación de Donantes de Sangre de Alcázar de San Juan, Julio García, reiterando que hubo voluntarios que tuvieron que esperar horas: "Había gente aquí desde primera hora de la mañana que entraron casi a las seis de la tarde y como si nada, tan contenta por dar sangre". En el conjunto de Castilla - La Mancha, las donaciones de sangre llegaron a 2.000, y tan sólo en la localidad ciudadrrealeña se recogió un 20% del total. 

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