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Castilla-La Mancha

La angustia de las familias en Urda: "No sabían si sus seres queridos estaban heridos o habían fallecido"

El alcalde de Urda relata la angustia de quienes llegaban sin noticias de sus familiares, mientras el párroco recuerda cómo una mujer encontró consuelo simplemente estrechándole la mano

Efectivos de la UME trabajan en los vagones descarrilados en la zona del accidente ferroviario en Urda. EP.

Efectivos de la UME trabajan en los vagones descarrilados en la zona del accidente ferroviario en Urda. EP.

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A veces, ante una tragedia, las palabras sobran. Una mujer, sumida en el dolor por el accidente ferroviario de este miércoles en Urda (Toledo), solo necesitaba que alguien estuviera a su lado. Cuando el párroco del municipio, José Miguel Fernández, se acercó para acompañarla, apenas le hizo una petición: "Cójame la mano". Y así permanecieron durante un largo rato, en silencio, agarrados de la mano.

Es una de las historias que ha dejado la tragedia ferroviaria en este pequeño municipio toledano, convertido durante las últimas horas en lugar de acogida para quienes buscaban desesperadamente noticias de sus seres queridos.

"Una señora que me senté a su lado, le pregunté y me dijo: 'Cójame la mano'. Y simplemente pues eso, estuvimos un largo rato los dos cogidos de la mano y ya está, y ese es el consuelo. Que sientan que al lado suyo está Dios", ha relatado el sacerdote del pequeño municipio toledano. 

Una escena que resume el sufrimiento vivido en Urda, donde familiares de los pasajeros llegaban sin saber si sus allegados estaban heridos, habían sido trasladados a un hospital o se encontraban entre los fallecidos.

El alcalde de la localidad, Manuel Galán, ha recordado este jueves aquellos momentos de incertidumbre, cuando numerosas personas acudían al municipio buscando respuestas que todavía nadie podía ofrecerles.

"No sabían en qué situación está su familiar", ha explicado el regidor, que ha señalado la angustia de quienes preguntaban por sus seres queridos sin disponer de información sobre su paradero o estado de salud.

Para atenderlos, el Ayuntamiento tuvo que movilizarse desde los primeros momentos y preparar distintas instalaciones municipales, habilitando espacios diferenciados para los viajeros afectados y sus familiares.

El pabellón polideportivo se convirtió en uno de los puntos de atención, donde se ofreció asistencia y acompañamiento psicológico a quienes aguardaban noticias en medio de una incertidumbre difícil de sobrellevar.

Galán ha explicado que inicialmente participó junto al personal municipal en la organización de estos dispositivos, aunque posteriormente fue requerido para incorporarse al centro de mando, donde acompañó al presidente de Castilla-La Mancha y a varios consejeros del Gobierno regional durante la coordinación de la emergencia.

"Palabras no hay para consolarles"

Entre quienes acudieron a acompañar a las víctimas y sus familias se encontraba también el párroco de Urda, que conoció la magnitud del accidente mientras realizaba trámites administrativos en Toledo.

En cuanto tuvo conocimiento de lo ocurrido, contactó con el alcalde y comenzó a movilizar a los voluntarios de la parroquia. "Enseguida me puse en comunicación con el alcalde y con el grupo de voluntariado y Cáritas Parroquial, para que se pusiesen al servicio del alcalde también", ha explicado Fernández.

De regreso al municipio, el sacerdote colaboró en la atención a los heridos leves que "salían por su propio pie", ayudándoles a llegar hasta el pabellón habilitado con asistencia sanitaria y espacios de espera.

Pero, más allá de la ayuda material, una de sus principales tareas fue acompañar a quienes atravesaban los momentos más difíciles.

"El consuelo es de estar a su lado, porque palabras no hay para consolarles", ha reflexionado el párroco, que ha explicado que otros sacerdotes de localidades cercanas también se desplazaron hasta Urda para prestar ayuda.

Y es que, ante la desesperación de quienes no sabían qué había ocurrido con sus familiares, muchas veces el acompañamiento resultaba más importante que cualquier palabra.

Como ocurrió con aquella mujer que únicamente le pidió que le cogiera la mano.

"Sabía que ni un urdeño iba a fallar"

En medio de las escenas de dolor, tanto el alcalde como el sacerdote han destacado la respuesta solidaria de los vecinos de Urda, que se movilizaron desde los primeros momentos para ayudar a los afectados.

El párroco ha llegado a asegurar que "el 90% de los urdeños" se ha volcado de alguna manera con las labores de asistencia tras el accidente.

"Los urdeños son manchegos, son fuertes y recios, que se entregan a lo que sea. Ellos ven una necesidad y ahí están. Yo sabía que ni un urdeño ni ninguna urdeña iba a fallar en esta ayuda solidaria y humanitaria", ha proclamado.

Esa disposición también se trasladó a las instalaciones de la Iglesia. Fernández puso a disposición del dispositivo de emergencias todas las dependencias de la parroquia, incluida la Casa de Espiritualidad, que cuenta con un salón con capacidad para 2.000 personas.

Las habitaciones de este espacio se ofrecieron inicialmente para acoger a familiares que pudieran necesitarlas y posteriormente también se pusieron a disposición de los profesionales de los medios de comunicación desplazados hasta la localidad.

El alcalde, por su parte, ha reivindicado la empatía demostrada por sus vecinos y ha expresado su deseo de que esa solidaridad no quede limitada a los momentos de tragedia, sino que también forme parte de la convivencia cotidiana.

A primera hora de este jueves, Galán todavía no disponía de nuevos datos sobre las víctimas y esperaba recibir información actualizada en la reunión del centro de mando. Tampoco podía confirmar si entre los afectados había vecinos de municipios próximos.

Mientras tanto, Urda continuaba volcada en la atención a las personas afectadas por una tragedia que ha dejado imágenes difíciles de olvidar.

La de unos familiares que llegaban preguntando desesperadamente por sus seres queridos. La de un pueblo que abrió sus instalaciones y puso a sus vecinos a disposición de quienes necesitaban ayuda. Y la de una mujer que, en medio de tanto sufrimiento, solo encontró una manera de pedir consuelo.

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