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Rafael Fernández, creador de Mandíbula de Diamante: “El hombre actual no busca necesariamente parecer más joven”

El doctor Rafael Fernández, creador de Mandíbula de Diamante, habla sobre medicina estética masculina, armonización facial, longevidad e innovación

Rafael Fernández x Jorge Monzón

Rafael Fernández x Jorge Monzón

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La medicina estética ha dejado de ser un territorio asociado exclusivamente al público femenino. Cada vez más hombres recurren a tratamientos para mejorar su apariencia, aunque con una exigencia particular: conseguir resultados visibles sin que estos alteren su identidad. En esta transformación ha encontrado su especialidad el doctor Rafael Fernández, médico estético y creador de Mandíbula de Diamante®, una técnica de definición facial con la que ha desarrollado su propio enfoque de la armonización masculina. Desde su clínica en Barcelona, el especialista ha construido una trayectoria marcada por el conocimiento anatómico, la personalización de los tratamientos y una apuesta constante por la innovación.

Su interés por la medicina estética comenzó mucho antes de desarrollar su técnica más conocida. Graduado como médico cirujano en 2010, Fernández descubrió en la anatomía facial un campo en el que podía combinar su formación médica con una particular sensibilidad por la imagen. “Desde el inicio de mi carrera, tuve un interés especial por la anatomía facial, la armonización y la capacidad que tiene la medicina para mejorar no solamente la apariencia de una persona, sino también su seguridad y autoestima”, recuerda. Aquella inquietud lo llevó a cursar un máster en Medicina Estética y a profundizar en tratamientos personalizados. Sin embargo, su ambición profesional no consistía únicamente en aplicar los procedimientos existentes. “Siempre tuve claro que no quería limitarme a reproducir protocolos establecidos”, explica sobre una filosofía que terminaría definiendo su carrera.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El auge de la medicina estética masculina

Fue precisamente esa búsqueda de diferenciación la que lo acercó a un segmento todavía poco desarrollado cuando comenzó su trayectoria. Durante años, buena parte de los tratamientos estéticos se habían diseñado pensando principalmente en el rostro femenino, mientras que muchos hombres continuaban mostrando ciertas reservas ante la posibilidad de modificar su apariencia. “Muchos hombres querían cuidarse, pero temían perder sus rasgos, verse artificiales o que el resultado fuera demasiado evidente”, señala. Fernández comprendió entonces que la estética masculina necesitaba un planteamiento específico, centrado en la estructura ósea, las proporciones y la definición facial. Según sus propias cifras, después de tratar más de 13.000 mandíbulas, ha perfeccionado una metodología que parte de una premisa fundamental: ningún rostro debería abordarse mediante un diseño idéntico al de otro paciente.

Mandíbula de Diamante: una técnica centrada en la definición facial

De esa visión nació Mandíbula de Diamante®, su técnica de estructuración facial mediante ácido hialurónico, cuyo objetivo es mejorar la definición del mentón, los ángulos mandibulares y, cuando resulta necesario, otras zonas del rostro. Lejos de perseguir una mandíbula estandarizada, Fernández defiende un estudio individual de las proporciones anatómicas. “Siempre digo que no es la cantidad de viales, sino la técnica”, afirma. El procedimiento contempla el análisis del rostro desde diferentes perspectivas, incluida su expresión en movimiento, para buscar un resultado coherente con sus características naturales. El médico explica que la recuperación suele ser rápida, aunque pueden aparecer inflamación o hematomas durante los primeros días. Según su experiencia, los efectos acostumbran a mantenerse aproximadamente entre ocho y doce meses, dependiendo de cada paciente.

La popularidad de los tratamientos mandibulares también refleja un cambio más amplio en los hábitos de cuidado masculino. Para Fernández, la definición facial representa muchas veces el primer acercamiento a la medicina estética, pero no necesariamente el último. Una vez superadas las reticencias iniciales, sus pacientes comienzan a interesarse por otros procedimientos relacionados con el descanso facial, la calidad de la piel o la prevención del envejecimiento. La toxina botulínica, los tratamientos para las ojeras, los bioestimuladores de colágeno y las soluciones capilares figuran entre los servicios más solicitados en su consulta. No obstante, considera que la principal transformación está en las expectativas. “El hombre actual no busca necesariamente parecer más joven. Busca proyectar una versión más fresca, definida y segura de sí mismo”, resume.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Longevidad y medicina regenerativa: el futuro de la estética

Esta evolución conecta directamente con otro de los campos que despiertan su interés profesional: la longevidad. El concepto, cada vez más presente en la conversación sobre medicina y bienestar, plantea una visión de la salud que trasciende la edad cronológica. Para Fernández, el futuro de la medicina estética estará estrechamente relacionado con la prevención y la mejora de la calidad de vida. “Ya no se trata únicamente de vivir más años, sino de llegar a ellos con mejor salud, energía, funcionalidad y calidad de vida”, sostiene. En su opinión, los próximos avances estarán vinculados a una mayor integración del diagnóstico, la genética, la nutrición, la salud hormonal y la medicina regenerativa.

“La innovación debe ir siempre acompañada de responsabilidad médica”.

 

Actualmente, el especialista estudia protocolos regenerativos, polinucleótidos, bioestimuladores y nuevas tecnologías orientadas a mejorar la calidad de los tejidos. Su interés se centra en una medicina estética que no actúe únicamente cuando aparecen los primeros signos de envejecimiento, sino que contemple estrategias preventivas adaptadas a cada persona. Sin embargo, insiste en que la incorporación de nuevas técnicas debe responder a criterios científicos y no exclusivamente a las tendencias del mercado. “La innovación debe ir siempre acompañada de responsabilidad médica”, subraya, estableciendo así uno de los principios que guían su práctica profesional.

Rafael Fernández, de la consulta a la portada de Xmag

Acostumbrado a participar en televisión, congresos y campañas, Fernández ha explorado recientemente otra faceta de su relación con la imagen al protagonizar una producción editorial para Xmag. Una experiencia que le permitió alejarse temporalmente de su consulta y experimentar, desde el otro lado de la cámara, algunas de las sensaciones que acompañan a quienes deciden modificar o explorar su apariencia. “Fue una experiencia muy divertida y enriquecedora porque me permitió mostrar una faceta más personal, vinculada a la moda, la imagen y el estilo”, reconoce.

Entre la medicina, la estética y la moda, Fernández encuentra un denominador común que también explica buena parte de su trayectoria: la búsqueda de una identidad propia. Porque, más allá de las técnicas y los avances tecnológicos, su visión profesional continúa girando alrededor de la individualidad. “Al final, la medicina estética, la fotografía y la moda comparten algo: todas trabajan con la imagen, pero el verdadero reto consiste en transmitir identidad y autenticidad”. Una reflexión que sintetiza su manera de entender tanto su trabajo como la exposición personal que supone convertirse, por una vez, en protagonista de una portada.

 

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