Después de meses de silencio, Lana Del Rey vuelve a moverse. Y cuando lo hace, la industria escucha. La artista ha publicado ‘White Feather Hawk Tail Deer Hunter’, un nuevo single que confirma que su imaginario sigue evolucionando sin abandonar su identidad estética: melancolía cinematográfica, naturaleza americana y autobiografía emocional.

La canción nace desde lo íntimo. Fue escrita junto a su hermana Chuck Grant, su cuñado Jason Pickens y su marido Jeremy Dufrene, un detalle poco habitual en el pop contemporáneo y que se percibe en el tono del tema. Si sus discos anteriores se apoyaban en la nostalgia colectiva o la mitología americana, aquí la narrativa es más doméstica, casi familiar, filtrada a través de su característica mirada poética.

En la producción reaparece su colaborador más importante de la última década, Jack Antonoff, responsable de algunos de sus trabajos más celebrados como ‘Norman Fing Rockwell!’*, ‘Chemtrails Over the Country Club’ y ‘Did You Know That There’s a Tunnel Under Ocean Blvd’. Junto a él, el co-productor Drew Erickson aporta arreglos de cuerda expansivos pero contenidos, mientras la mezcla final de Dean Reid y Laura Sisk mantiene la delicada frontera entre claridad y atmósfera que define sus últimos proyectos.

El propio título ya funciona como declaración artística. ‘White Feather Hawk Tail Deer Hunter’ parece un verso antes de ser canción: plumas blancas, cola de halcón, cazador de ciervos. Imágenes naturales y simbólicas que remiten al paisaje estadounidense y a la espiritualidad rural que la cantante ha ido integrando en su obra reciente. En su música, lo pastoral y lo emocional ya no están separados: forman parte de un mismo relato.

A través de sus redes sociales, la artista también confirmó que su próximo álbum de estudio llegará aproximadamente en tres meses, lo que sitúa su lanzamiento alrededor de mayo de 2026. Sin revelar título ni portada, el anuncio bastó para convertirlo automáticamente en uno de los discos más esperados del año.

Desde ‘Born to Die’ hasta ‘Ocean Blvd’, Lana Del Rey ha construido algo poco habitual en el pop moderno: un universo propio reconocible en segundos. Su propuesta nunca dependió de tendencias, sino de atmósferas. No lidera la conversación por la velocidad de sus lanzamientos, sino por su capacidad para crear un lenguaje emocional específico.

Este nuevo single continúa esa lógica. No intenta sonar contemporáneo en el sentido comercial; intenta sonar eterno. Y en un momento donde gran parte de la música compite por inmediatez, Lana Del Rey vuelve a apostar por la permanencia.