Justin Bieber ha protagonizado uno de los regresos más comentados de Coachella con una actuación como cabeza de cartel que ha apostado por la nostalgia y un enfoque mucho más personal de lo habitual en el festival.

El cantante abrió su set con temas más recientes, pero rápidamente giró hacia los grandes éxitos que marcaron el inicio de su carrera, incluyendo canciones como ‘Baby’ o ‘Never Say Never’. Como parte del concepto del show, Bieber proyectó en pantalla vídeos de sus comienzos en YouTube, incluyendo grabaciones caseras de su adolescencia que conectaban directamente con el origen de su trayectoria.

La actuación marca su primer gran directo en cuatro años, tras la cancelación de su gira Justice debido a problemas de salud relacionados con el síndrome de Ramsay Hunt. En este contexto, el enfoque del concierto fue más contenido: un escenario minimalista, menos artificio visual y una interacción constante con el público, al que preguntó en varias ocasiones desde cuándo seguían su música.

@t8pov THAT SHOULD BE ME at #coachella #justinbieber #fyp ♬ original sound - t8pov


Durante el show, Bieber estuvo acompañado por varios artistas invitados, entre ellos The Kid Laroi, Wizkid, Tems y Dijon, reforzando el carácter colaborativo de la actuación. El concierto reunió a una gran audiencia en el desierto de California, con la presencia de figuras como Hailey Bieber, Timothée Chalamet y Kylie Jenner entre los asistentes.

Frente a la producción más espectacular que suele definir Coachella, Bieber optó por un formato más reflexivo, centrado en revisar su evolución artística y reconectar con el público desde un lugar más directo.