El rector de la Universidad de Oxford y exministro de Exteriores británico, William Hague, ha reaccionado públicamente al debate internacional abierto tras el anuncio del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 16 años en España y endurecer la regulación de las plataformas digitales.
La medida, presentada esta semana por Sánchez durante su intervención en el World Governments Summit celebrado en Dubái, incluye además la posibilidad de exigir responsabilidades legales a los directivos de las plataformas por los contenidos ilícitos que se difundan, tipificar como delito la manipulación de algoritmos y reforzar la lucha contra la desinformación y los discursos de odio.
Desde que el jefe del Ejecutivo expusiera estas iniciativas, el debate ha trascendido las fronteras españolas y ha provocado reacciones de dirigentes políticos, empresarios tecnológicos, como Elon Musk, multimillonario y presidente de X, o Pavel Durov, dueño de la red social Telegram. Entre otras de las reacciones que más se ha viralizado está la de Hague, actual rector de Oxford y columnista del diario The Times, quien ha advertido en su perfil oficial de X de que las redes sociales están volviéndose “cada vez más incompatibles con un sistema democrático saludable”.
Su mensaje, breve pero contundente, ha acumulado más de cinco millones de reproducciones y se ha interpretado como un respaldo, al menos en el diagnóstico de fondo, a la necesidad de abordar el impacto político y social de las plataformas digitales.
El diagnóstico de Hague
En una columna publicada en The Times, el expolítico británico ha desarrollado con mayor profundidad esta idea. Hague ha puesto como ejemplo la actividad de redes de bots iraníes que, según distintos estudios, han intentado influir en debates políticos internos en países occidentales.
El rector de Oxford ha explicado que una investigación de la firma Cyabra detectó que, en determinados periodos, el 26% de las cuentas que defendían la independencia de Escocia en redes sociales eran falsas. Estos perfiles, ha dicho, estaban vinculados a campañas de desinformación organizadas desde el extranjero, un fenómeno que, a su juicio, demuestra hasta qué punto el ecosistema digital puede “resultar incompatible con la democracia”.
A partir de estos datos, Hague ha defendido que “es intolerable que bots extranjeros puedan propagar odio y división en una sociedad abierta” y ha planteado que las plataformas que faciliten ese tipo de actividad deberían enfrentarse a sanciones económicas muy severas.
El exministro también ha subrayado que el problema no se limita a la desinformación organizada. En su análisis, los propios modelos de negocio de las plataformas - basados en “maximizar la atención“ - dificultan la difusión de comprensión. Por ello, ha defendido la necesidad de abrir un debate internacional sobre cómo reformar este sistema, incluso si ello implica que grandes compañías tecnológicas se enfrenten a “multas desorbitadas”, ha zanjado.
Social media is becoming incompatible with a healthy democratic system.
— William Hague (@WilliamJHague) February 4, 2026
La ofensiva regulatoria anunciada por Sánchez
Las declaraciones de Hague se producen después de que Pedro Sánchez anunciara un paquete de medidas orientadas a reforzar el control sobre el entorno digital y proteger especialmente a los menores. Entre ellas figura la obligación de que las plataformas implanten sistemas efectivos de verificación de edad para impedir el acceso a redes sociales a menores de 16 años.
El presidente del Gobierno ha justificado estas iniciativas señalando que el actual ecosistema digital presenta graves riesgos, desde la expansión de la desinformación y los discursos de odio hasta la desprotección de datos personales y la falta de responsabilidad de las grandes plataformas.
Además, el Ejecutivo ha planteado estudiar junto a la Fiscalía posibles infracciones legales de distintas compañías tecnológicas y crear mecanismos que permitan rastrear y cuantificar la difusión de contenidos que fomenten la polarización social.
El debate, lejos de limitarse al ámbito nacional, ha adquirido una dimensión global.