Hectáreas calcinadas, viviendas afectadas, negocios quizás perdidos y miles de vecinos desalojados fue la imagen que dejaron los incendios de la Sierra Oeste de la Comunidad de Madrid y de la provincia de Ávila la semana pasada. Una fotografía de la que los animales, tanto domésticos como de ganadería, también fueron protagonistas, aunque sin voz. Multitud de animales de compañía fueron trasladados junto a sus dueños a puntos temporales de acogida mientras continuaban las labores de extinción, pero otros, asustados o desorientados, corrieron otra suerte.

En los días de mayor crisis, las redes sociales se inundaron de anuncios y campañas voluntarias en las que se movilizaban contactos para localizar a animales domésticos perdidos en las distintas localidades afectadas, así como la prestación de servicios solidarios para atender a aquellos heridos por las llamas, inhalación de humo y otras patologías derivadas de la catástrofe.

Gatos, perros, conejos, caballos, ovejas, vacas o burros se vieron afectados en mayor o menor medida por la cercanía de un incendio que ha arrasado, en la Comunidad de Madrid, cerca de 30.000 hectáreas, mientras que el de Ávila, el mayor histórico registrado en España, unas 50.000 hectáreas.

Organizaciones solidarias que llegan a todos los rincones

Es de merecido aplauso la labor de organizaciones que, con el mero hecho de ayudar y socorrer a estos animales, concienciaron tanto sobre la necesidad de alzar la voz sobre esta problemática como de impulsar medidas para salvaguardar estas vidas. Prueba de ello, los resultados que han brindado los perfiles de Instagram de @mamidog_club y @animalesincendiosmadrid.

En conversaciones con este periódico, ambas asociaciones que trabajaron de la mano, teniendo en cuenta que la última de ellas “nació para centralizar la información sobre animales perdidos, encontrados o avistados, facilitar su difusión y mantener el contacto con las familias”, precisan en conversaciones con ElPlural.com que la gran mayoría de anuncios difundidos se trataba sobre perros y gatos: “He intentado contactar directamente con cada familia para comprobar los datos, actualizar los casos, dar apoyo y comunicar cuándo un animal era localizado”, reitera la activista Genma García.

Resulta conmovedor ver a personas que, incluso habiendo perdido parte de sus casas, seguían recorriendo caminos, difundiendo fotografías y pidiendo ayuda para encontrar a sus animales

Y es que las principales razones de aquellos animales que marcharon por su propia pata fuera del lugar seguro fue, precisamente, la incertidumbre y el instinto a que algo oscuro se acercaba. “Muchos animales huyen por el ruido, el humo, las sirenas y el movimiento de personas y vehículos. Pueden recorrer grandes distancias, esconderse o no reconocer siquiera a sus familias cuando están bloqueados por el pánico. Además, en estas situaciones se pierden las referencias habituales del territorio: olores, caminos, viviendas y lugares conocidos”, refiere García.

Como cada familia es un mundo, cada historia que ha resultado de estos devastadores incendios también lo es. “Detrás de cada publicación había una familia buscando desesperadamente a un miembro de su familia. Resulta especialmente conmovedor ver a personas que, incluso habiendo perdido parte de sus casas o teniendo que abandonar sus pueblos, seguían recorriendo caminos, difundiendo fotografías y pidiendo ayuda para encontrar a sus animales. También me ha emocionado mucho los reencuentros y la solidaridad de desconocidos que han dedicado horas a buscar, trasladar animales, ofrecer acogida o compartir información”, relata.

Y una movilización que no habría sido tal si no llega a ser por el amplio alcance de las redes sociales, la cual fue “fundamental” y mostró aún más “la necesidad de contar con canales oficiales y coordinados”.

Llegados a este punto, con esta experiencia a las espaldas, la pregunta es obligada: ¿Qué principios debería contener un protocolo específico para proteger a los animales en estas catástrofes? Como mínimo, refiere en voz de la organización animalista, es tener en cuenta a los animales “dentro de los planes oficiales de evacuación y emergencia, no como un asunto secundario”. Sumado a ello, otros factores determinantes como medios de transporte adaptados, equipos formados para el rescate animal, coordinación oficial con clínicas veterinarias, protectoras o refugios, lectores de microchips, un registro único y público de animales perdidos o fallecidos, protocolos específicos para animales de ganadería y explotaciones y que las medidas no dependen de la capacidad económica, los medios disponibles o la suerte de cada familia.

España afrontará muchos y cada vez más frecuentes escenarios como el acontecido en Madrid y Ávila y, por ende, ha quedado constatada “la gran dependencia de la reacción espontánea” de los afectados: “La solidaridad está siendo enorme y ha permitido salvar vidas, pero no debería sustituir a una estructura pública preparada previamente. (…) Los animales forman parte de las familias y de la sociedad. Su protección debe estar integrada desde el primer momento en cualquier plan de evacuación y actuación frente a una catástrofe”, subraya García.

Sin ir más lejos, una vecina que perdió una colonia de gatos en el incendio forestal de Les Gavarres de Girona a principios de junio ha logrado aunar más de 28.6000 firmas a través de Change.org para reclamar al Gobierno central un Protocolo de Rescate y Protección de Animales en Situaciones de Emergencia: “Los animales también son víctimas de los incendios. No pueden pedir ayuda. No pueden escapar cuando el fuego los rodea. Dependen completamente de nosotros”.

Veterinarios solidarios

Desde el ámbito profesional, la entrega y dedicación por salvar vidas también se situó en primera línea. El Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid (COVELMA) puso en marcha un dispositivo de asistencia veterinaria gratuita para los dueños a los animales afectados para tratarles lesiones, quemaduras, intoxicaciones por humo, deshidratación, estrés y otros cuadros relacionados con los incendios.

Para llegar a todos los puntos, estuvieron presentes en centros de atención de siete municipios de la Sierra Oeste damnificados. En palabras de su presidente, Felipe Vilas, ensalzó que esta respuesta solidaria demostró “su vocación de servicio y su compromiso con la protección y el bienestar animal”: “Ante una situación excepcional como esta, nuestro objetivo es garantizar que ningún animal afectado quede sin la atención que necesita y ofrecer a los ciudadanos una respuesta rápida, coordinada y eficaz”.

También en conversaciones con este periódico, COVELMA refiere que, desde el primer momento, se pusieron a disposición de la Comunidad de Madrid y los servicios de emergencia a través de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior: “La actuación veterinaria se ha planteado siempre de forma coordinada, respetando las indicaciones de los servicios de emergencia y evitando cualquier intervención que pudiera interferir en los trabajos desarrollados sobre el terreno”.

La tarea al pie del cañón corrió a cargo de estos profesionales voluntarios, cuyo impacto emocional también fue un factor determinante: “Los veterinarios atienden animales lesionados, quemados, deshidratados o afectados por el humo y, al mismo tiempo, acompañan a familias que atraviesan situaciones de pérdida, incertidumbre o evacuación. Son intervenciones que exigen una gran capacidad técnica, pero también sensibilidad, serenidad y fortaleza emocional. (…) También existe un componente muy positivo: poder ayudar, aliviar el sufrimiento de los animales y ofrecer una respuesta útil a las familias genera un fuerte sentimiento de compromiso y de orgullo profesional”, desgranan.

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