Hay quien recuerda los años noventa por las Spice Girls, el nacimiento de Google o el estreno de Titanic. La televisión, por su parte, también tuvo su pequeño terremoto. Se llamaba South Park y tenía la apariencia de un trabajo escolar realizado con cartulinas.
Sus protagonistas eran Stan Marsh, Kyle Broflovski, Eric Cartman y Kenny McCormick, cuatro estudiantes de primaria residentes en el ficticio pueblo de South Park, Colorado. A primera vista podían parecer personajes destinados al público infantil. Bastaban unos minutos de episodio para descubrir el error.
Una serie que nació para provocar
El primer episodio, Cartman Gets an Anal Probe, dejó bastante claro que Parker y Stone no pretendían fabricar entretenimiento familiar. Extraterrestres, situaciones delirantes, lenguaje explícito y un humor especialmente irreverente componían una carta de presentación que inmediatamente diferenciaba a South Park de prácticamente cualquier otra serie de animación del momento.
La animación para adultos, naturalmente, no había nacido con ella. Los Simpson ya llevaban años demostrando que unos dibujos podían utilizarse para satirizar la sociedad estadounidense. Pero South Park decidió recorrer el camino con menos filtros. Esa actitud se convirtió rápidamente en su principal seña de identidad.
Una estética fea convertida en marca
Otra de las particularidades de South Park estaba en su aspecto visual.
Los primeros trabajos de Parker y Stone utilizaban recortes de papel, una técnica que ofrecía movimientos limitados y personajes extremadamente simples. Con el paso del tiempo, la producción se digitalizó, pero sus creadores decidieron conservar deliberadamente aquella apariencia artesanal.
Mientras otras producciones competían por perfeccionar sus animaciones, South Park convirtió sus limitaciones en personalidad. Bastan unos segundos para identificar uno de sus episodios. Además, ese método permitió desarrollar capítulos con una enorme rapidez. La serie pudo así incorporar acontecimientos políticos, polémicas y fenómenos culturales recientes cuando todavía formaban parte de la conversación pública.
Kenny y el arte de morir todas las semanas
Entre los elementos más famosos de las primeras temporadas apareció un ritual inevitable, la muerte de Kenny McCormick. El niño de la parka naranja encontraba constantemente formas absurdas de morir para reaparecer posteriormente como si nada hubiera sucedido. La broma podía parecer sencilla, pero terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de la serie.
También lo hizo su lenguaje. Las palabrotas pronunciadas por personajes infantiles despertaron críticas y controversias desde los primeros episodios. Sin embargo, quedarse únicamente con esa provocación significaba ignorar la principal habilidad de Parker y Stone. Detrás de los insultos existía una sátira social sorprendentemente afilada.
Eric Cartman, un personaje imposible de ignorar
Dentro del reparto existe un nombre que destaca inevitablemente. Eric Cartman.
Egoísta, manipulador, intolerante y extraordinariamente convencido de tener razón, Cartman se convirtió rápidamente en uno de los personajes más reconocibles de la televisión.
Su función resulta especialmente interesante porque representa ideas y comportamientos llevados hasta extremos grotescos. Muchas veces no importa únicamente lo que Cartman dice, sino lo incómodamente familiar que puede resultar aquello que representa.
Nadie está a salvo
Políticos, actores, músicos, empresarios, religiones, movimientos sociales, medios de comunicación y tendencias culturales han pasado por el particular triturador cómico de la serie. Parker y Stone construyeron un universo en el que prácticamente ninguna posición obtiene inmunidad.
Esta filosofía también ha generado críticas. La serie ha sido acusada en diferentes momentos de caer en el cinismo, simplificar debates complejos o utilizar la provocación de forma excesiva.
South Park rara vez intenta decirle al espectador exactamente qué debe pensar. Prefiere exagerar una situación hasta volverla ridícula y dejar que el público saque sus propias conclusiones.
Su universo saltó también al cine con South Park Bigger, Longer & Uncut en 1999 y se extendió posteriormente a videojuegos y otros productos culturales.
Pero su verdadera victoria fue sobrevivir al mundo en el que había nacido. Desde finales de los noventa cambiaron internet, la política, la televisión, la forma de consumir entretenimiento y hasta la manera de discutir públicamente. South Park consiguió adaptarse porque su objetivo nunca fue únicamente una época concreta, sino las contradicciones de las personas que viven en ella.
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