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Música

James Hetfield, líder de Metallica, critica a los artistas que hablan de política en sus conciertos: "No estamos aquí para eso"

El cantante de Metallica defiende los conciertos como espacios de evasión y cuestiona a los artistas que aprovechan su fama para posicionarse

Amanda Ramos, redactora de ElPlural
James Hetfield.

James Hetfield.

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Un concierto puede ser una vía de escape, una celebración colectiva o incluso un lugar desde el que señalar las injusticias del mundo. James Hetfield, líder de Metallica, tiene bastante claro cuál de esas opciones prefiere. Y no parece especialmente interesado en escuchar discursos políticos cuando hay guitarras que pueden hacer mucho más ruido.

Durante el concierto que Metallica ofreció el pasado sábado 10 de octubre en el Sphere de Las Vegas, el vocalista decidió interrumpir por unos instantes la actuación para dirigirse a sus seguidores. Primero les agradeció el esfuerzo económico y personal que supone desplazarse para ver a la banda. Después llegó una declaración que no tardó en circular por las redes sociales.

"Metallica no está aquí, como otros artistas, para influir en vosotros con sus gilipolleces"

El músico continuó defendiendo que sus conciertos están pensados para desconectar de los problemas del exterior. "Estamos aquí para olvidarnos de toda la mierda que pasa fuera. La agenda de Metallica es amor, energía y música potente", añadió.

Una estrella del rock, una crítica sin destinatario concreto y una industria musical cada vez más acostumbrada a que sus protagonistas opinen sobre prácticamente cualquier conflicto. Sin embargo, detrás de las palabras de Hetfield aparece una contradicción que merece algo más que un aplauso o una reprimenda. El líder de una de las bandas más importantes del metal está defendiendo que la música puede mantenerse al margen de la política, precisamente desde un género que construyó buena parte de su identidad cuestionando al poder.

Hetfield no quiere que sus seguidores se sientan obligados a compartir sus opiniones para disfrutar de Metallica. Tampoco parece dispuesto a utilizar la autoridad que le proporciona su fama para indicarles qué deben pensar.

Pero existe una diferencia importante entre no querer dar un mitin durante un concierto y considerar que los artistas que sí se posicionan están intentando manipular a su público. Lo primero es una elección artística perfectamente legítima. Lo segundo presupone que expresar una opinión política equivale necesariamente a imponerla.

La historia de la música popular está llena de canciones que difícilmente existirían sin un conflicto político detrás. Bob Dylan convirtió la protesta social en parte de su repertorio, Rage Against the Machine construyó su identidad alrededor de la denuncia del poder y artistas como Nina Simone utilizaron su voz para combatir el racismo.

El rock nunca ha sido únicamente entretenimiento, aunque tampoco todos sus músicos estén obligados a convertirse en activistas.

Lo curioso es que Metallica tampoco ha vivido completamente al margen de las cuestiones políticas. One, una de sus canciones más reconocibles, retrata el horror de un soldado destrozado por la guerra. ...And Justice for All aborda la corrupción de la justicia y los abusos del poder. Son composiciones que han acompañado a millones de seguidores y que demuestran que una canción puede ser profundamente política sin necesidad de nombrar a ningún presidente.

Hetfield parece distinguir entre hacer música que habla de problemas sociales y utilizar el micrófono para pronunciar un discurso sobre ellos. La diferencia existe, aunque sus límites sean menos evidentes de lo que podría parecer.

Además, el debate ha adquirido nuevas dimensiones en los últimos años. El rapero Macklemore ha utilizado sus actuaciones para denunciar la situación en Palestina, mientras que Tom Morello continúa defendiendo públicamente sus convicciones políticas. Ambos representan una concepción del escenario distinta a la del vocalista de Metallica, sin que eso convierta automáticamente una postura en más auténtica que la otra.

Ni todos los conciertos necesitan un discurso ni el silencio es obligatorio

Hay algo especialmente atractivo en la idea de Hetfield. Durante un par de horas, el mundo puede quedarse fuera de una sala y los problemas cotidianos perder importancia frente a una batería atronadora. En ocasiones, desconectar también es una necesidad, no una falta de compromiso. Sin embargo, tampoco conviene olvidar que muchos de los artistas que hoy llenan estadios encontraron su voz precisamente porque tuvieron algo que denunciar. Pedirles que abandonen ese discurso sobre el escenario sería exigirles que renuncien a una parte de su identidad.

La cuestión no debería ser si los músicos tienen derecho a hablar de política, sino qué hacen con la influencia que poseen y cómo se relacionan con un público que no tiene por qué compartir todas sus ideas. Metallica ha elegido ofrecer un refugio construido con guitarras, decibelios y canciones que sobreviven a varias generaciones. Otros artistas prefieren utilizar ese mismo espacio para recordar que los problemas siguen esperando al otro lado de la puerta.

Ambas decisiones forman parte de la libertad artística. Y quizá ahí resida la ironía de las declaraciones de Hetfield. Al criticar a quienes llevan la política a los conciertos, ha terminado convirtiendo unos minutos de su propio espectáculo en uno de los discursos más comentados de la semana. Sin necesidad de mencionar a un solo político.

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