En 1983 el Gobierno de la I República inauguró en Roma la Real Academia de España, una institución que perseguía fomentar el genio nacional ofreciendo un lugar a los artistas de distintas disciplinas para crear en la ciudad eterna. Se ubica en un palacete del l bohemio barrio de Trastévere, construido sobre el antiguo monasterio de San Pietro in Montorio donde la tradición sitúa el martirio del apóstol San Pedro. Allí está la tumba de Beatrice Cenci, una joven ejecutada el 11 de septiembre de 1599 por asesinar a su padre, un sádico noble que la maltrataba y abusaba sexualmente de ella.
Este es el escenario elegido por Pablo Álvarez (Priego de Córdoba, 1967) para su primera novela, ‘La necesidad de amar’, con la que ha ganado el premio Azorín de Novela 2026. Acostumbrado a estar al otro lado, como agente literario y editor, se enfrenta a sus primeras entrevistas como autor visiblemente nervioso. “Me siento muy vulnerable”, nos confiesa en una entrevista para ElPlural, pero cuando habla de su novela le brillan los ojos.
‘La necesidad de amar’ es un relato sobre el descubrimiento juvenil del amor, el deseo y el sexo. Su protagonista es Martí Rocamora un joven que viaja a Roma en el verano de 1987 para escribir una novela sobre Beatrice Cenci, la aristócrata que se ha convertido en símbolo de la belleza y la rebelión contra los abusos.
Los 80 nos habían llenado de libertad y color, pero llegó la pandemia del sida para teñir de oscuridad todo, de nuevo
El relato, que atraviesa varias décadas, permite echar la vista atrás y revivir lo que su supuso la irrupción del sida en una generación que quería ser libre. Álvarez recuerda aquellos años como un tiempo de apertura, especialmente tras la efervescencia de los 80, cuando parecía posible vivir sin límites, hasta que la enfermedad lo cambió todo: “Los 80 nos habían llenado de libertad y color, pero llegó la pandemia del sida para teñir de oscuridad todo, de nuevo”.
Más allá de la nostalgia, el autor interpela también a las nuevas generaciones: “Muchos jóvenes ni siquiera saben lo que fue el sida. Quiero alertarles para que tengan cuidado porque parece una cosa del pasado, pero sigue habiendo muchísimas enfermedades de transmisión sexual”. Hoy en día, añade, existen también “otras pandemias” vinculadas a la soledad, la falta de vínculos y la dificultad de amar, de ahí que el propio título de la novela se haya convertido para él en una reivindicación: “He visto un llamamiento a la necesidad que tenemos hoy en día de amar y ser amados”.

Si tuviera que definir de alguna manera la novela, Pablo Álvarez subraya que es heredera de las grandes novelas de formación, de esos relatos en los que un personaje abandona definitivamente la adolescencia y se enfrenta a la vida adulta. “El protagonista tiene 20 años, deja atrás al adolescente que era y se enfrenta a la edad adulta”, explica. Confiesa además su devoción por este género: “Soy muy fan de las novelas de formación desde que leí 'Nada', de Carmen Laforet, hace muchísimos años. Ese momento en que un personaje se enfrenta a la vida y a grandes dilemas como el amor, el sexo o el rencor".
Entrevista con Pablo Álvarez: "Viví mi sexualidad con miedo"
P.- ¿Qué se siente estando al otro lado?
R.- Estoy muy feliz y, al mismo tiempo, muy vulnerable. Me cuesta mucho menos defender a mis autores que defenderme yo. También en el proceso de escritura, a los autores les digo sin problema esto hay que adelantarlo, esto no funciona, este personaje no tiene sentido..., pero conmigo me ha costado muchísimo más.
P.- Si a tu yo editor y agente literario le hubiera llegado a tus manos este manuscrito ¿cómo lo habrías valorado?
R.- Es un manuscrito con mucha verdad, con una historia que funciona, con giros, momentos álgidos y un autor con muchas ganas de explicar cosas.
P.- ¿Cómo surge esta historia?
R.- Durante un viaje visité a los becados de la Real Academia de España en Roma y descubrí la tumba de Beatrice Cenci. Pregunté quién era y me contaron una de las tragedias más grandes que puede haber y que, lamentablemente sigue vigente en nuestros días, ya que siguen ocurriendo esas atrocidades. Me pareció una buena excusa literaria para poner de manifiesto, una vez más, el maltrato a la mujer.
He escrito lo que me salía de las entrañas y hay muchas reivindicaciones
P.- ¿Qué vamos a encontrar en 'La necesidad de amar'?
R.- En primer término encontramos una gran historia de amor muy distinta porque es entre tres personas. Esto ha sido una de las cosas más difíciles para mí, ya que quería que estuviera basada en el amor y no en el deseo o el morbo del trío.
He escrito lo que me salía de las entrañas y hay muchas reivindicaciones, sobre ser uno mismo, el estigma del sida y el maltrato a la mujer, también habla de los márgenes y de las libertades que hemos conseguido que, de alguna forma siento que se están perdiendo. Es una novela muy emotiva y espero que muy apasionante también para los lectores y las lectoras.
Soy muy fan de las novelas de formación desde que leí 'Nada', de Carmen Laforet
P.- Creo que es una novela que puede ser todo un descubrimiento para las generaciones más jóvenes que no conocen lo que se vivió en esos años finales de los 80 y los 90 con la irrupción del sida.
R.- Tengo dos sobrinas de 19 y 16 años que ahora se enfrentan a la vida, hablamos mucho de todo, de sexo también. Muchos jóvenes ni siquiera saben lo que fue el sida. Quiero alertarles para que tengan cuidado porque parece una cosa del pasado, pero sigue habiendo muchísimas enfermedades de transmisión sexual. Yo mismo me limité muchísimo, viví mi sexualidad con miedo.
En épocas fronterizas como fueron los finales de los 80, principios de los 90 la literatura y y el cine son muy interesantes. Los 80 nos habían llenado de libertad y color, pero llegó la pandemia del sida para teñir de oscuridad todo, de nuevo. El protagonista tiene 20 años, deja atrás al adolescentes que era y se enfrenta a la edad adulta. Soy muy fan de las novelas de formación desde que leí 'Nada', de Carmen Laforet, hace muchísimos años. Ese momento en que un personaje se enfrenta a la vida y a grandes dilemas como el amor, el sexo o el rencor.
P.- De hecho, se menciona 'Nada' en la novela, ¿dirías que ha marcado tu vida?
R.- 'Nada', que leí en la adolescencia, me marcó totalmente. La he recomendado muchísimo y sigo haciéndolo. Entre otros, a mis sobrinas. Los 20 años, como te decía, son muy literarios, como decía Jaime Gil de Biedma: 'La vida iba en serio'.
P.- Hay una cita al principio de la novela de la película 'La gran belleza', de Paolo Sorrentino: '¿Qué tenéis en contra de la nostalgia? Es la única distracción para quien no cree en el futuro'. ¿Te ha influido también el cine italiano?
R.- Me encanta Sorrentino, Fellini, el cine italiano. Roma es fascinante. Siento que es donde empezó todo y por eso ubiqué la novela ahí, con esos jóvenes que quieren cambiar el mundo a través del arte.
P.- Si trasladas esa esperanza y esas ganas de cambiar el mundo a la época actual, ¿que dirías?
R.- Escribí esta novela sin ninguna pretensión. Luego he descubierto que es muy reivindicativa, y también en el propio título he visto un llamamiento a la necesidad que tenemos hoy en día de amar y ser amados, de entender que el amor tiene que formar parte de nuestras vidas en primer término. Pero creo que no es así. Deberíamos intentar ver el mundo desde el amor.
¿Bisexualidad, tríos...? Se ha avanzado algo y el arte ha tenido que ver mucho en ese avance, pero todavía queda camino por recorrer
P.- En el libro se habla de bisexualidad, de un trío amoroso que hoy llamaríamos poliamor... ¿hemos avanzado en este terreno?
R.- Se ha avanzado algo en los derechos LGTBI y el arte ha tenido que ver mucho en ese avance. Lamentablemente creo que todavía hay camino por recorrer. Me parece interesante contar historias como esta, que vuelven a decir: 'Cuidado con eso'. Beatrice Cencii fue violada por su padre y en los telediarios, lamentablemente, oímos noticias de violaciones grupales, padres que abusan de sus hijas... Beatrice fue ejecutada por orden del Papa por asesinar a su padre, pero el pueblo romano la ha convertido en una heroína. El 11 de septiembre hay fiestas en Roma y la gente se viste del Renacimiento para reivindicar su figura.
La iglesia no queda muy bien parada en la historia de Beatrice Cenci
P.- Llama la atención esa doble moral de la Iglesia, que mira a otro lado ante los abusos del padre, pero no le tiembla la mano para ejecutar a la víctima. Me recuerda a la tibieza con la que han reaccionado ante el escándalo de pederastia que implica a obispos de todo el mundo.
R.- Sí, la iglesia no queda muy bien parada, La historia de Beatrice se ha convertido en una leyenda, no hay mucho sobre ella más allá de que asesinó a su padre porque la violaba y que fue ejecutada. Todo lo que yo cuento es es ficción, pero documentándome vi cómo que había muchas cosas que no están probadas, pero alimentan el mito. Dicen que el propio Papa se había quedado embelesado mirándola porque embrujaba con su mirada y se atribuye a Guido Reni el único retrato que hay de ella, pero no coincidieron en el tiempo en Roma. Yo intenté tocar cosas que me resonaban dentro.
P.- Sin ser una novela autobiográfica, hay mucho de ti y de tu entorno en ella, escritores, libreros, artistas... ¿Los personajes están inspirados en personas reales
R.- Algunos sí, Por ejemplo, el personaje de Silvia está inspirado en Alice Kellen, con quien tengo una relación muy bonita, profesional y personal. El personaje de tía Clara está inspirado en mi tía, desde pequeño, desde que escribí una redacción sobre mi abuelo con 11 años, dijo que yo tenía mucho talento. Ha sido la persona que más me ha apoyado, El personaje del librero está inspirado en todos los libreros que conozco. Mi padre no fue padre castrador, todo lo contrario.
Con los personajes de la Academia he querido reflejar las diferentes fuentes de las que uno crea, César lo hace desde la envidia, por ejemplo. Irene está inspirado en una amiga mía, actriz, conocida. Es una persona muy espiritual que me ha aportado mucho y me ha sanado muchas veces. Quería darle también eso a Martí, la energía de Irene.
No es mi historia, pero sí he volcado a través de ellos mi pensamiento y mi manera de ver el mundo
P.- ¿Has sentido, como Martí, el miedo al proceso creativo, a no ser un escritor de verdad y ser incapaz de enfrentarse a la página en blanco?
R.- Todo lo he vivido y la forma de ver el mundo. No es mi historia, pero sí he volcado a través de ellos mi pensamiento y mi manera de ver el mundo, sin duda.
P.- ¿Has conocido a personajes como Thomas o Viola?
R.- Sí, hay mujeres como ella que me han fascinado y me han enamorado. Viola es una mujer valiente y generosa que dedica su dinero a ayudar a los demás. Tiene un carácter chispeante, pero a la vez también realista y fuerte. Es el tipo de mujer que me gusta. Thomas tiene que ver con la relación entre maestros y discípulos desde la Antigua Roma. Cuando nos enamoramos, esa relación nos modifica y, muchas veces, nos sana.
Este libro también tiene que ver con la culpa, que es un sentimiento que alguna vez todos hemos tenido. Es nuestra educación judeocristiana. Eso une a los personajes, los tres se sienten culpables de haber hecho o pensado.
P.- ¿A partir de ahora, después de vivir la experiencia en primera persona, va a cambiar tu relación con los autores?
R.- Algo más los entiendo. De todas formas, tanto como editor o agente literario ya les entendía porque siempre he escrito. Creo que ha sido una de las cosas buenas que yo he podido aportar, pero ellos me han aportado muchísimo más. No hubiera podido escribir esta novela tampoco, sin la experiencia de haber trabajado con todos ellos a lo largo de mi vida.
Me ha costado mucho tomar la decisión de escribir una novela por el síndrome del impostor, el que dirán
P.- ¿Te ha sorprendido el premio?
R.- Muchísimo. Me ha costado mucho tomar la decisión de escribir una novela por el síndrome del impostor, el que dirán. La pulsión estaba, he escrito guiones, obras de teatro, pero no me atrevía con la novela. Al final he madurado y me he dicho: 'Pablo, a estas edades, que cada uno piense lo que quiera y tú no te quedes con esa espinita de no haberlo hecho'. Primero pensé en la autopublicación, pero al final, a medida que fue avanzando, y esto es muy vanidoso lo que voy a decir, sentí que merecía una buena edición y la presenté al premio con pseudónimo.
P.- ¿Cuál era el pseudónimo?
R.- Guido Reni y bajo el título 'La capacidad de caer'.
P.- ¿Vas a seguir escribiendo novelas?
R.- Sí, tengo ya algo en la cabeza. Además se lo debo al jurado. editorial y a todos los que me estáis apoyando.
P.- ¿Qué estás leyendo? ¿Nos puedes hacer alguna recomendación literaria?
R.- Me encanta Delphine de Vigan, a quien publiqué en España su primera novela, 'La horas subterráneas'. De ella también me han gustado mucho 'No y yo' y 'Las gratitudes'. Pero si no has leído nada de ella, por encima de todas está 'Nada se opone a la noche'.
'El jardinero y la muerte', de Gueorgui Gospodínov, que leí justo después de fallecer mi padre y me atravesó entero. También me sirvió de sanación, como tiene que ser la literatura. Más recientes, me han gustado mucho 'La mala costumbre', de Alana Portero.
P.- ¿Eres de releer o de descubrir nuevas lecturas?
R.- No soy de releer porque no puedo. A lo largo del año solo leo cosas de mis autores, estas que te estoy diciendo son novelas que leo por placer. Cada año, en el mes de agosto, me compro tres o cuatro novelas y ahí es cuando elijo.