Hijo y nieto de periodistas de Sucesos, llegó a esta sección por casualidad, cuando empezaba su carrera periodística en el diario 'Ya'. "Estaba feliz haciendo cultura y mi director me dijo: 'Chaval, si quieres que te hagamos un contrato, tienes que hacer sucesos'. — 'Como usted diga, director', contesté y ahí empezó todo", nos contesta cuando le preguntamos si ha seguido la tradición familiar. Casi 40 años después se pasea como Pedro por su casa por la Jefatura Superior de Policía de Madrid, que le ha abierto las puertas para presentar en sus instalaciones 'Hasta que te quedes' (Destino), su segunda novela en la que retoma al inspector Jimmy Valle y el resto de investigadores del grupo X de la Brigada de Policía Judicial de Madrid, a quienes ya conocimos en su ópera prima, ‘Tú bailas y yo disparo’.
“Como policía habría sido regular, pero es una de las personas que mejor conoce a la Policía Nacional de todo el país”, asegura Javier Galván Ruiz, jefe Superior de Policía de Madrid, que nos ha abierto las puertas de la jefatura para conocer algunos de los escenarios en los que se desarrolla la novela, entre ellos, la cantina. Él y gran parte de su equipo han arropado a Marlasca en la presentación de su nueva novela.
La ficción me permite contar historias que, como reportero no puedo
Marlasca asegura que se está divirtiendo mucho con la ficción, que le permite desarrollar y contar historias que, como reportero, no puede. El Grupo X, especializado en desapariciones de alto riesgo y los llamados casos fríos o crímenes sin resolver, investiga en ‘Hasta que te quedes’ el paradero de una joven relacionada con timbas clandestinas de póquer. En mitad de la investigación, reciben un golpe inesperado que afecta muy directamente a los policías que difumina las líneas que separan la venganza de la justicia.
Ser familia de un desaparecido es probablemente la peor de las condenas
Aunque Marlasca reconoce que “cada crimen deja una cicatriz”, sobre todo en las personas que tratan directamente con las víctimas y sus familiares, le conmueven especialmente las desapariciones. “Ser familia de un desaparecido es probablemente la peor de las condenas”, recuerda que le dijo la madre de Rosana Maroto, desaparecida en los años 90 en Valdepeñas. “Lo he podido comprobar muchas otras veces: no pueden cerrar un duelo que no se ha abierto porque no tienen un cadáver o la certeza de que ha muerto”, explica.
Marlasca está convencido de que, en las circunstancias adecuadas, cualquiera puede convertirse en un criminal. La mayoría de los asesinatos, sostiene, se producen por un chispazo. “¿Quién no ha tenido en algún momento ganas de matar a su jefe?”, bromea, y no se refiere, para nada a Ana Rosa Quintana, su actual jefa desde que se incorporó como colaborador en su programa de Telecinco hace tres temporadas.
Cuando tú te dedicas solo a la información, nadie te va a poner la cara colorada ni te van a poder acusar de nada

“Hago información”, subraya en una entrevista para ElPlural cuando le preguntamos por el espectáculo que se hace en televisión de los sucesos, muy especialmente en ‘El programa de Ana Rosa’. “Cuando tú te dedicas solo a la información, nadie te va a poner la cara colorada ni te van a poder acusar de nada. El problema es cuando la información la mezclas con el entretenimiento”, advierte. Tiene claro que esa “perversión” no va con él. "Yo me responsabilizo de lo que hago yo, me he podido equivocar, seguro, pero nunca en aras de cruzar una barrera para hacer una información más atractiva o convertirlo en espectáculo", insiste.
Entrevista con Manuel Marlasca: Ana Rosa es una lección andante cada día
P.- Llevas casi 40 años trabajando en Sucesos, ¿qué coberturas te han marcado?
R.- Hay dos clases de historias que te marcan: una, cuando los lazos con las familias o con los investigadores de un caso, no tienen por qué ser los más mediáticos, se estrechan y luego están las historias que desgraciadamente me ha tocado cubrir donde hay tantísimo dolor acumulado que es muy difícil sustraerse a él. Hablo del 11 de Marzo, hablo de muchos atentados de ETA, desastres como el accidente de Spanair, la Dana de Valencia... Eso marca y pesa.
P. Tu anterior novela, la primera de la serie del Grupo X, 'Tú bailas y yo disparo' partía de un hecho real, que es el asesinato en Madrid del doctor Eugenio Rivero. ¿Por qué te fijaste en aquel crimen en concreto?
R.- Partía de una escena real. Fue un crimen que ocurrió cuando yo empezaba en todo esto y fue un crimen que quedó impune. Siempre había fantaseado con que si algún día me convertía en escritor, lo llevaría a la ficción. En la vida real no se resolvió, pero en mi novela, sí. La ficción te da esas posibilidades.
P.- En tu encuentro con los periodistas te has preguntado quién no ha tenido ganas alguna vez de matar a su jefe, pero que tú nunca lo has pensado de Ana Rosa Quintana, ¿es la mejor jefa que has tenido?
R.- Sin duda. Primero, porque es una lección andante cada día. Se levanta muy temprano y llega con una energía que ya quisiera muchísima gente más joven. Es una persona que sabe perfectamente hacer equipos, he tardado 35 años en juntarme con ella, pero no puedo estar más agradecido. Voy muy feliz al trabajo cada día y creo que es lo que mejor que se puede decir de alguien.
No estoy en la televisión, a la vista está, ni por guapo, ni por joven, ni por alto, sino porque tengo información
P.- ¿Qué opinas de que en televisión se haga espectáculo con determinados sucesos?
R.- Ese es el problema. Yo tengo yo tengo una fórmula que suele ser infalible: hago información, no estoy en la televisión, a la vista está, ni por guapo, ni por joven, ni por alto, sino porque tengo información, acceso a fuentes de información y porque soy capaz de, en poco tiempo obtener datos fiables de cualquier suceso que pase en cualquier punto de España.
Cuando tú te dedicas solo a la información, nadie te va a poner la cara colorada ni te van a poder acusar de nada. El problema es cuando la información la mezclas con el entretenimiento o, incluso, con el espectáculo. Esa perversión, que algunos han convertido en género, el infoentretenimiento, es algo peligrosísimo que te puede hacer cruzar fronteras que no deben de cruzar.
La información de sucesos es tan información como la política y se tiene que hacer con un plus de rigor, porque la materia prima con la que trabajamos es muy delicada. Hay víctimas, hay personas que se están jugando la cárcel y muchas veces tratas con gente a la que le duele el solo roce de la piel. Han pasado por situaciones tan tremendas que tienes que tener muchísimo cuidado.
P.- Sí veo en ti mucho respeto a la víctima...
R.- Es que el centro del trabajo de un redactor de sucesos tiene que ser la víctima siempre.
Ana Rosa Quintana nunca me ha impuesto nada, ninguna línea
R.- Pero en el programa donde tu trabajas, igual que en otros, se ha dado un tratamiento más que escandaloso a algunos sucesos.
R.- Yo llegué allí hace tres temporadas y nunca me ha nimpuesto nada, ninguna línea, nadie, ni las directoras que he tenido ni la propia Ana Rosa. Siempre se han fiado de lo que yo haga y lo que yo diga. Tengo libertad absoluta y, mientras siga siendo así, no se van a cruzar determinadas barreras.
Yo me responsabilizo de lo que hago yo, me he podido equivocar, seguro, pero nunca en aras de cruzar una barrera para hacer una información más atractiva o convertirlo en espectáculo. Detesto eso. Detesto que si se asesina a un niño, como hace bien poco, haya que dar detalles de dónde le han apuñalado o cuántas cuchilladas tenía. No es necesario porque es un niño de 11 años y su familia está devastada, no necesitan ver un rótulo en la tele con esos detalles. Esas son las líneas que en 'Expediente Marlasca', es como se llama la sección, no se van a cruzar.
La experiencia que más me enseñó fue el día en que publiqué en portada del diario 'El Mundo' que la Policía tenía claro que Anabel Segura había sido asesinada
P.- ¿Cuál es el conflicto ético más complicado que has tenido que solventar?
R.- El conflicto ético se acaba cuando tú verdaderamente tienes claro lo que te acabo de contar, cuando tienes claro que la víctima es lo más importante. A veces a uno le llegan informaciones o tiene acceso a diligencias policiales donde se cuentan oscuros secretos que pueden resultar muy atractivos para el público, sin duda. Hablo de víctimas de un crimen, por ejemplo, que tengan una doble vida. Hay un caso concreto, de una víctima de un asesino en serie, que no te diré quién es, que llevaba una doble vida. Leyendo el atestado me di cuenta de que mantenía a una prostituta brasileña a la que había conocido y la investigación tiró por ahí durante mucho tiempo. Informar de ello iba a aportar más dolor a la propia familia. No soy yo quién para contarla. Esto ocurre con mucha frecuencia y para mí no es conflicto porque tengo claro lo que tengo que hacer.
Tuve ocasión de pedirle perdón a la familia de Anabel, hablar con su hermana y reconciliarme con ellos
Seguramente, siendo más joven tuve muchos más conflictos y me equivoqué. Probablemente la experiencia que más me enseñó fue el día en que publiqué en portada del diario 'El Mundo' que la Policía tenía claro que Anabel Segura había sido asesinada. Recibí una carta del padre Anabel Segura donde me decía que su hija pequeña se había enterado de lo que le había pasado a su hermana leyéndome a mí.
De aquella lección aprendí mucho. Tuve ocasión de pedirle perdón a la familia de Anabel, hablar con su hermana y reconciliarme con ellos. Desde entonces sé que cada vez que escribo puede haber alguien al otro lado a quien le afecte directamente la tragedia de la que estoy hablo.

P.- ¿Qué pregunta te habrías hecho tú en la presentación que has hecho esta mañana?
R.- (Se ríe) Si soy otro periodista más de los que le ha dado por escribir novelas. Eso lo he preguntado yo.
Sinceramente, hay demasiados periodistas que escriben literatura (...) He tenido que encerrar bajo siete candados al periodista que llevo dentro
P.- ¿Y qué habrías contestado?
R.- Creo que somos demasiados. Eso tiene que ver con el nivel de exigencia que me que me impongo. Sinceramente, hay demasiados periodistas que escriben literatura y creo que es algo que exige otros códigos, otras reglas, otras condiciones, otra dedicación que el periodismo no tiene. Son terrenos de juego completamente distintos. Cuando escribí 'Tú bailas y yo disparo' tuve que encerrar bajo siete candados al periodista que llevo siendo tantos años. Cuando escribo ficción tengo otras normas.
P.- ¿Te divierte?
R.- Me divierte mucho, muchísimo más que el true crime del que he escrito seis libros. Algunos merecen verdaderamente la pena, pero me lo paso mejor con la ficción.