La política internacional se coló desde el primer minuto en la 40ª edición de los Premios Goya. No hubo que esperar a los discursos de agradecimiento ni a que se abrieran los primeros sobres: Gaza irrumpió antes incluso de que se pronunciara el nombre de una película nominada. La gala dejó claro, casi de inmediato, que el cine español no pensaba mirar hacia otro lado ante la guerra en Palestina.
El actor Luis Tosar, copresentador de la ceremonia, denunció “el genocidio en Gaza” en una de las primeras intervenciones de la noche. A su lado, la cantante Rigoberta Bandini reforzó el mensaje al criticar la expulsión de Médicos Sin Fronteras de la franja y la situación humanitaria que, según apuntó, deja a millones de personas sin atención hospitalaria. Con esas palabras quedó fijado el tono de una velada atravesada por la indignación y el posicionamiento político.
No era inesperado que la tragedia en Oriente Próximo estuviera presente; quizá lo llamativo fue la rapidez y la contundencia con la que se ha abordado. En un contexto internacional marcado por la guerra y la polarización, la gran noche del cine español volvió a convertirse en altavoz de denuncias y en reflejo de un mundo convulso que, inevitablemente, también sube al escenario. El genocidio en Gaza no fue el unico tema politico, ya que se trataron temas como la guerra en Ucrania, la opresión de las mujeres en Afganistán o Irán, los recortes del argentino Javier Milei, la violencia machista, las amenazas contra la infancia y la represión de Donald Trump contra los migrantes. La gala de los Goya siempre proyecta discursos políticos, sin embargo, esta 40ª edición será recordada por la intensidad y la unanimidad con la que la defensa de los Derechos Humanos han estado presentes.
Cine y conciencia
Pese al tono reivindicativo, el cine siguió siendo el corazón de la noche. Y es que, el presidente de la Academia, Fernando Méndez-Leite, ha calificado este como “el mejor de la historia del cine español”. “Ya sé que no vamos a cambiar el mundo, pero no podemos mirar hacia otro lado”, expresó dando por sentado que esta gala iba a ser especial y arrolladora
La política se encuentra muy presente en diversos escenarios y este no iba a quedarse atrás y menos el mismo día que Estados Unidos e Israel juntan sus fuerzas para atacar a Irán. Además, se encontraba el cineasta Jafar Panahi, uno de los cineastas más perseguidos por el régimen irani por ser muy crítico en sus películas como en la actual nominada ‘Un simple accidente’.
El galardonado al mejor guión original por ‘La cena’, Joaquien Oristell, también quiso aprovechar su intervención para explicar el objetivo de su película: “Nos parecía importante recordar al público de 2026 que Franco fue un dictador. Y que los dictadores someten a los pueblos a sus caprichos. Cómo organizar una cena, prohibir un idioma, negar la violencia de género, el cambio climático, invadir países, deportar inmigrantes o montar un resort en Gaza”.
A su vez, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no pasó por alto estos premios y fueron muchos los que se acordaron de él en sus intervenciones. “Estos días en los que el mundo está dominado por la violencia y la crueldad, miro a mi alrededor y veo a vuestro presidente y a muchos de estos artistas, y siento que tienen la lucidez moral para ayudarme. Estoy en medio del caos y la represión. Miraros me ayuda a sentirme menos sola”, rezó la ganadora al Goya Internacional, Susan Saradon.
“La historia de la humanidad no es solo una historia de crueldad, también de compasión, sacrificio, coraje y amabilidad […] Si vemos solo lo peor, se destruirá nuestra capacidad para hacer algo. Si recordamos aquellos tiempos y lugares donde las personas se comportaron de manera magnífica, esto nos da la energía para actuar. […] El futuro es una sucesión infinita de presentes, y vivir ahora como creemos que las personas deberían, desafiando todo lo que está mal alrededor nuestro, es en sí misma una maravillosa victoria”, sentenció la actriz haciendo referencia a una cita del fallecido historiador Howard Zinn.
El cabezón a la mejor dirección se lo llevó Alauda Ruiz de Azúa por ‘Los domingos’ e hizo un emotivo discurso sobre la igualdad: “Me gustaría agradecerlo a todas las personas que han entendido que el talento no entiende de género pero las oportunidades, por desgracia, sí han entendido de género”, haciendo referencia a que solo tres mujeres habían conseguido el Goya en esa categoría.
Voces diversas
Las formas de expresar ese posicionamiento fueron múltiples y atravesaron casi toda la ceremonia. Decenas de nominados lucieron chapas con el lema “Free Palestine” junto a la sandía, convertida en emblema de la resistencia gazatí. Otros optaron por integrar el mensaje en sus discursos. El productor Oriol Maymó, premiado por ‘Sirât’, apeló a la “empatía y el trabajo colectivo” como antídoto frente a un mundo cada vez más despiadado.
También hubo espacio para la advertencia envuelta en ironía. La directora argentina Dolores Fonzi, cuyo filme ‘Belén’ se llevó el Goya a la mejor película iberoamericana, lanzó un mensaje que trascendía fronteras: “Vengo del futuro de un país donde el presidente puso en venta hasta el agua. Ustedes que tienen tiempo aún no caigan en la trampa”. La política, así, no solo miraba a Gaza, sino también a América Latina y a los riesgos que acechan a las democracias.
La música aportó otro registro. Alba Flores, al recoger el premio a mejor canción, evocó a su padre, Antonio Flores, y citó ‘No dudaría’: “Prometo ver la alegría y nunca más usar la violencia”. Cerró su intervención con un “¡Viva Palestina libre!”, consigna que más tarde repetiría Eva Libertad al recibir el Goya a mejor dirección novel por ‘Sorda’.
En su discurso, Libertad amplió el foco hacia una reivindicación igualmente política: la inclusión. Su película ha propiciado la primera nominación de una actriz sorda, su hermana Miriam Garlo, y ha permitido que muchas personas acudieran al cine por primera vez gracias a la accesibilidad del filme. “Nadie encaja en el molde de la normalidad, existen diversas formas de ser”, defendió. Antes, Álvaro Cervantes, premiado como actor de reparto por la misma cinta, había subrayado que la empatía exige revisar privilegios, no solo proclamar buenas intenciones.
“Nadie encaja en el molde de la normalidad, existen diversas formas de ser”, subrayó Libertad. Confesó que al principio “temía que podía ser catalogada como una película sobre discapacitados”, pero se encontró “con un público diverso y sensible”. “La empatía no se basa en buenas intenciones, sino en revisar nuestros privilegios”, había afirmado antes Álvaro Cervantes, premiado como mejor actor de reparto por la misma película.
El momento más emotivo llegó cuando Garlo subió al escenario para recoger su premio. Tras un aplauso inicial, el público comprendió y cambió el gesto: manos en alto, agitadas en silencio, el aplauso en lengua de signos. “Estoy hablando dos idiomas al mismo tiempo”, comenzó, antes de dedicar el galardón a “todas las personas con discapacidad y especialmente a la comunidad sorda”. Su mensaje fue tan político como humano: “Sin comunicación no hay respeto; sin respeto somos un fracaso cultural como sociedad. Ningún ser humano es invisible. Ninguna persona sorda es muda. No a los genocidios, no a los feminicidios, y sí al arte. Y a la ternura”. La respuesta fue un mar de manos agitándose en el aire, confirmando que aquella gala no solo habló de cine, sino también de memoria, derechos y dignidad.