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Escribo estas líneas según recibo la noticia de la muerte de Maricarmen, aún no he leído reacciones. Mucha gente me niega la españolidad por no ser blanco, pero conozco tan bien el país en el que he nacido que me atrevo a profetizar cómo se tratará la pérdida de esta mujer que sin quererlo se convirtió en icono.
Media España llorará a Maricarmen y se comprometerá a honrar su recuerdo. Se propondrá poner su nombre a alguna plaza o calle y se gritará su nombre en manifestaciones por una política de vivienda que no excluya a la mayoría de la población. Media España. Solo media. La otra mitad escurrirá sus sesos para crear un relato que la dibuje como a una jeta de la que no hay porqué sentir pena alguna. Encontrará la forma de ensuciar su recuerdo y de minimizar su figura. Procurará que su nombre no aparezca en la conversación con la esperanza inútil de que la olvidemos. Media España.
Maricarmen ha obligado a la mitad del país a pelear contra su propia sensibilidad cuando quedó establecido que empatizar con una mujer de ochenta y siete años a la que desahucian era ser de izquierdas. Estamos en una sociedad en la que antes de coincidir en lo más mínimo con el enemigo se prefiere renunciar a un trozo de alma. Maricarmen no es una mujer española, es una mujer de la mitad de España que no es la mía, de manera que estoy liberado de mostrar respeto por su recuerdo. Es un razonamiento perverso, pero que encaja a la perfección con la lógica de bandos en la que vivimos. Lo mismo ocurre con el tema de la vivienda, todos lo sufrimos, pero es una bandera de la izquierda, de manera que los tiempos obligan al votante de derechas a ponerse del lado de los fondos buitre y los rentistas. Delirante.
Las protestas continuarán, los líderes políticos seguirán prometiendo soluciones que solo llegarán si les votamos a ellos. Las dificultades para acceder a una vivienda seguirán ahí, y los pisos turísticos, y la gentrificación, y el alquiler abusivo... pero algo ha cambiado para siempre porque ya no ocurrirá más en la sombra. Lo hará bajo la luz que Maricarmen le puso involuntariamente y gracias a eso, gracias a ella, toda España podrá acercarse a un mercado de la vivienda un poco más sensato. La Maricarmen de media España es esperanza de una sociedad más justa para la España entera. Descanse en paz señora. Se lo ha ganado.



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