Nacido en Augsburgo en 1898, poeta, dramaturgo, director teatral y uno de los grandes renovadores de la escena europea del siglo XX, Bertolt Brecht murió en Berlín Este el 14 de agosto de 1956, con apenas 58 años. Para entonces había atravesado dos guerras mundiales, el ascenso de Hitler, el exilio europeo, una estancia en Estados Unidos marcada por la sospecha anticomunista y el nacimiento de la República Democrática Alemana. Su biografía parece una síntesis de las convulsiones políticas que marcaron su siglo.
Pero Brecht no se limitó a contemplar aquella historia. Intentó intervenir en ella.
Bertolt Brecht y el teatro épico: cuando pensar importa más que emocionarse
La gran revolución de Brecht fue desconfiar del teatro que hacía olvidar al espectador que estaba sentado frente a una representación.
El teatro tradicional aspiraba con frecuencia a lograr que el público se identificara emocionalmente con los personajes. Brecht quería introducir una distancia crítica. De ahí procede uno de los conceptos más asociados a su nombre: el efecto de distanciamiento o Verfremdungseffekt.
Su intención no consistía en eliminar las emociones, como a veces se simplifica, sino en evitar que la emoción clausurase el pensamiento. El espectador debía recordar que aquello que veía sobre el escenario había sido construido y que, por tanto, también podía ser cuestionado.
Canciones que interrumpían la acción, actores que podían dirigirse directamente al público, carteles que adelantaban acontecimientos o escenografías que no intentaban esconder sus mecanismos formaban parte de una forma teatral empeñada en romper la ilusión. Si el mundo social ha sido construido de una determinada manera, también puede construirse de otra.
Ese principio convirtió al llamado teatro épico de Bertolt Brecht en uno de los movimientos escénicos más influyentes del siglo XX y en un espacio deliberadamente abierto a la reflexión ideológica y social.
Un comunista frente al ascenso de Hitler
Brecht se aproximó al pensamiento marxista durante la República de Weimar y convirtió las relaciones económicas, la explotación, la guerra y las estructuras de poder en cuestiones centrales de su obra. Su compromiso político iba a tener consecuencias muy concretas.
Cuando Adolf Hitler llegó al poder en 1933, Brecht abandonó Alemania. Comenzó entonces un largo recorrido por distintos países europeos antes de establecerse finalmente en California en 1941. El régimen nazi llegó a retirarle la nacionalidad alemana en 1935.
Obras como Madre Coraje y sus hijos, escrita durante su etapa escandinava, utilizaron escenarios históricos para hablar de mecanismos perfectamente contemporáneos. Quién gana realmente con las guerras, cómo el mercado puede convertir incluso la destrucción en negocio y hasta qué punto las personas pueden terminar colaborando con un sistema que acaba devorándolas.
En La resistible ascensión de Arturo Ui, escrita en 1941, Brecht trasladó el ascenso del fascismo al mundo grotesco de unos gánsteres de Chicago. La intención era evidente, Hitler no debía aparecer como una criatura sobrenatural llegada de ninguna parte, sino como el producto de condiciones políticas y sociales concretas.
De huir de los nazis a declarar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses
La biografía de Brecht contiene además una de esas ironías que parecen escritas por el propio dramaturgo. Después de escapar de la persecución nazi, terminó siendo investigado en Estados Unidos en pleno clima anticomunista.
En 1947 fue citado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes, que investigaba la presunta penetración comunista en Hollywood. Brecht compareció ante el comité el 30 de octubre y negó haber pertenecido al Partido Comunista. Al día siguiente abandonó Estados Unidos y regresó a Europa. Brecht terminaría instalándose en Berlín Este.
En 1949, Brecht y la actriz Helene Weigel, su mujer y una colaboradora fundamental en su trayectoria artística, fundaron el Berliner Ensemble en Berlín Este. La compañía acabaría convirtiéndose en uno de los grandes laboratorios teatrales europeos de posguerra. Su influencia no quedó encerrada en la Alemania socialista. Las técnicas brechtianas terminaron entrando en escuelas de arte dramático, compañías políticas, cine, televisión y formas contemporáneas de performance en todo el mundo.
Bertolt Brecht murió de un ataque al corazón el 14 de agosto de 1956 en Berlín Este. Helene Weigel continuó al frente del Berliner Ensemble después de su muerte. Su teatro, sin embargo, sobrevivió ampliamente al contexto para el que había sido concebido.
Fue comunista. Fue un escritor perseguido por el nazismo. Fue un exiliado. Fue un intelectual bajo sospecha durante el macartismo. Fue también un poeta extraordinario, un director obsesionado con los mecanismos del escenario y un creador convencido de que el teatro podía servir para mirar la realidad con los ojos abiertos.
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