Lo que está sucediendo hoy en Valencia es el hasta hace nada impensable hundimiento del hombre que siempre 'flotaba'. Serafín Castellano, delegado del Gobierno en la Comunidad, había demostrado una capacidad de supervivencia muy loable hasta que, ahora, casi simbólicamente, con el propio hundimiento del PP en Valencia, se hunde también él.

Un vasallo de sus señores...
Un político valenciano de la oposición, no sin cierta ironía, recordaba su trayectoria política para ELPLURAL.COM. "Es de los políticos que siempre saben colocarse para hacerse imprescindible a todos... Fue Zaplanista. Cuando llegó Camps le quiso hundir, pero supo arrinconarse, Camps acabó por dejarle vivo y al final se hizo su hueco... Y después, cuando llego Alberto Fabra se hizo imprescindible para él".



Tanto que hasta el final, con pequeños chirridos, Serafín Castellano formó junto a Esther Pastor, la mujer para todo de Fabra, la única pareja de personas en las que mantuvo verdadera confianza Alberto Fabra... Pero con el desplome absoluto del PP, Castellano no tiene ahora hacia quién volver la cabeza y echar a nadar.

El último servicio a Fabra se lo había pagado Castellano, nos recuerdan en Valencia, haciendo la oposición a Alfonso Rus, el 'cacique del PP' en la provincia de Valencia y enemigo declarado de Alberto Fabra, frente al que presentó candidaturas por el control del PP en diferentes poblaciones..., sin éxito, hay que añadir. Curiosamente, como el PP, caen ahora juntos, envuelto como está Rus en el asunto de las escuchas.

Un amigo de sus amigos..., empresarios
En Les Corts valencianas, a Castellano se le enfocó por dos grandes asuntos. El primero lo publicamos en ELPLURAL.COM en 2013...  En pleno proceso de agrietamiento por los asuntos de corrupción del PP, por primera vez un asunto saltaba al número dos de Fabra: negocios de concesiones aparentemente irregulares que favorecían a un íntimo amigo de Castellano, el constructor José María Sánchez Taroncher.

La historia la había planteado ante el Tribunal Superior de Justicia de Valencia una recién nacida Asociación Valenciana contra la Corrupción. Lo que se decía en la demanda, y confirmó a este periódico su presidente, Enrique Soriano, era que Castellano había favorecido unas 200 adjudicaciones a la empresa de su amigo, Construcciones Taroncher. Las adjudicaciones, que incluían remodelaciones de hospitales y centros de salud, se habían realizado, decían, siguiendo el conocido fraccionamiento para evitar que alcanzaran un valor suficiente como para obligarlas a presentar concurso público.

La denuncia, que incluía delitos de prevaricación, malversación de caudales públicos, negociación prohibida y abuso de posición, no sólo afectaba a los dos hombres, sino también a sus mujeres respectivas. Los dos matrimonios eran amigos íntimos, hasta el punto de poseer de manera conjunta una finca. Según la denuncia también en los tejemanejes, en los que, se decía, habría ayudado la mujer del constructor, que ocupaba un puesto en el Grupo Popular valenciano de Les Corts.

Cazadores y cazados
El otro asunto por el que se le investigaba a Castellano es 'el del rifle'. Una manera de simplificar y explicar otra concesión turbia... El aún, aunque detenido, Delegado del Gobierno en Valencia es, en palabras de quienes le conocen, "un loco de la caza". Cuando era conseller de Gobernación, el primer nombramiento que le dio Fabra, Serafín Castellano tenía el poder de conceder un contrato muy jugoso, de nada menos que casi 23 millones: el de la lucha área contra incendios. Él se lo dio a la empresa Avialsa T-35.

Castellano lo hizo  forzando la situación para evitar trámites, echando mano a "la vía de urgencia". Lo curioso del asunto es que, como en el caso de Taroncher, el dueño de Avialsa, Vicente Huerta, también es amigo de Serafín Catellano, con el que comparte su gran afición por la caza. En su caso, de patos y otras aves.

El contrato despertó protestas en los grupos de oposición cuando se vio que las aeronaves que se utilizaban en el combate de los incendios no coincidían con las características de las que se recogían en el contrato. "Pedimos explicaciones -nos dice Ana Barceló-, y exigimos a Castellano, como responsable, que o bien resolviera el contrato o bien penalizara al contratado, ya que no cumplía con los requisitos... Perro Castellano nunca lo hizo aunque, evidentemente, en una situación así, la Administración tiene que actuar".

El humo que sale por la boca del rifle
Una actuación que empezó a 'responderse' cuando se supo que justo antes de hacer la concesión, Castellano había recibido como regalo de Vicente Huerta, a través de una 'Fundación Medioambiental Huerta de la Comunidad', un rifle Browning, valorado en más de 1.800 euros. Una foto publicada por el diario Levante, en la que se veía a los dos entregados a su 'diversión cinegética', obligó a Castellano a declarar que "yo me pago mis aficiones", y que "en las cacerías se coincide con mucha gente".

Su problema, que por unas querellas internas en la empresa de Huerta tras ser despedido el gerente, la armería donde se compró el rifle Browning, Armería Peña, tuvo que presentar las facturas de las armas que había venido a Avialsa a través de la Fundación Medioambiental, y entre ellas apareció la factura de la venta del arma que se entregó a "Serafín Castellanos Gómez".

El convencimiento que existe en medios políticos valencianos, que también se han sorprendido por lo sucedido esta mañana, es que las querellas entre el gerente despedido de Avialsa y el dueño, Vicente Huerta, podrían haber puesto al desnudo otras historias más peligrosas que el simple regalo de un rifle.

El justiciero que recibe justicia
Ironías... Serafín Castellano fue uno de los políticos del PP que más se significó en la petición de que el exministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo, y el juez Baltasar Garzón, dimitieran después de que se les vio en una foto juntos en una comida tras una cacería cuando se iniciaban las investigaciones de la trama Gürtel. Dijo entonces Castellano: "quien la haga, que la pague".