El eje francoalemán ha decidido volver a asumir un papel secundario en la película montada por Estados Unidos y pretende arrastrar al conjunto de la Unión Europea a una absurda sumisión del círculo de estrellas sobre fondo azul. En frente, la alianza Ibérica reniega de inclinar la rodilla ante el estadounidense y ejerce una vez más de parapeto contra la tiranía con la que el tándem Berlín-París han dominado históricamente a los Veintisiete. Dos líderes europeos y dos presidentes nacionales. Úrsula von der Leyen y Emmanuel Macron, de un lado; Antonio Costa y Pedro Sánchez, del otro.
Von der Leyen y Macron, entregados a Trump
La presidenta de la Comisión Europea ha exhibido en más de una ocasión su cercanía con la Casa Blanca, aderezado con el sionismo solo al alcance de los alemanes, pero ha alcanzado el nivel máximo al renunciar directamente al derecho internacional para apoyar las pretensiones de Donald Trump y su guerra ilegal. “Ya no podemos confiar en un sistema basado en normas ni asumir sus reglas”, ha pronunciado, renunciando a las reglas que han vertebrado occidente desde la finalización de la II Guerra Mundial.
La jefa del Ejecutivo europeo ha llegado a deslizar que el orden internacional podría ser un “obstáculo” y ha defendido “una política exterior más realista y guiada por intereses"; es decir, ha validado las injerencias y ofensivas contra terceros países si benefician al agresor. Si la guerra lanzada por Estados Unidos e Irán era “necesaria” o “elegida” le da igual a Von der Leyen, quien defiende que “Europa debe centrarse en la realidad de la situación” y no “derramar lágrimas” por Irán, que merece la “libertad y dignidad” que acostumbra a imponer la potencia norteamericana.
A la par, el presidente francés pasa el tiempo montando teatrillos chovinistas ante submarinos nucleares a los que les canta ‘La Marsellesa’ para intentar exhibir una fuerza con la que solo amenaza a los países más débiles. “Irrelevante”, “sin ningún tipo de peso”, “lo que diga no importa”. El estadounidense se ha reído en más de una ocasión de su homólogo, con el que ha llegado a filtrar conversaciones en las que le inventaba a “cenar juntos en París” y acercar posiciones de cara a un futuro.
"Lo que quieras Donald, pero no se lo digas a la población, te lo ruego”, imitó Trump a Macron con un torno burlesco y humillante, aludiendo a una conversación que mantuvieron. Francia, un ejemplo de resistencia histórica contra Estados Unidos, de los pocos países sin una base yanki en su territorio, desde que Charles de Gaulle decidiese no plegarse a los intereses de la Casa Blanca, intentando impresionar al líder estadounidense sin ningún éxito y perdiendo respeto en el viejo continente.
Costa y Sánchez, el contrapeso
Dos de los PIGS, como gustaban de menospreciar los norteños europeos a la población mediterránea, lideran la resistencia frente al mandato trumpista. El presidente español lo ha hecho desde un principio, condenando la ofensiva ilegal yanki-sionista y consiguiendo que el clásico “no a la guerra” español traspase fronteras. Las amenazas de Trump, centradas en una suspensión del comercio y un posible bloqueo, no han frenado a Sánchez, quien se ha mantenido firme en defensa de la paz, igual que sucedió con el genocidio acometido por Israel en Palestina y que ningún mandatario europeo se atrevía a criticar.
"España ha dicho que no podemos utilizar sus bases militares, pero podemos volar y utilizarlas, no tenemos que pedir permiso. Están siendo muy poco amigables, España no tiene nada que nosotros queramos […] Tiene unos líderes terribles […] Vamos a cortar todas las relaciones comerciales con España", pronunció el líder estadounidense. "Entre aliados es bueno señalar cuando se está cometiendo un error y esta guerra es un error extraordinario […] Exigimos el fin de las hostilidades y una solución diplomática", le respondió Sánchez, recordándole que “la política exterior de cada país la decide cada uno de los Gobiernos”.
“Algunos nos acusarán de ingenuos, pero ingenuo es pensar que la solución es la violencia, creer que la democracia o el respeto entre naciones brota de las ruinas o pensar que practicar un seguidismo ciego y servil es una forma de liderar. Al contrario, esta postura es coherente y, por lo tanto, no vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias de alguno”, se dirigió directamente a Trump, a quien acusó de “usar el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar, de paso, los bolsillos de unos pocos”.
Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, se ha sumado a estas tesis y ha reeditado la alianza con Sánchez, que tan habitual era en sus tiempos de primer ministro de Portugal y con la que consiguieron la excepción ibérica energética, entre otras cosas. Costa se ha desvinculado de su colega europea y ha criticado sus palabras. Estados Unidos “desafía el orden internacional”, ha llevado la contraria a Von der Leyen, representando el habitual discurso europeo.
La UE debe “defender los principios de la Carta de Naciones Unidas y el Derecho Internacional", entendiendo que lo que al bloque comunitario le interesa en "garantizar que el mundo siga basado en reglas y en la cooperación, evitando una mayor fragmentación global". "Este mundo multipolar requiere soluciones multilaterales, no esferas de influencia donde la política de poder reemplace al derecho internacional”, ha insistido Costa, criticando a la Casa Blanca e insistiendo en que "el unilateralismo nunca puede ser el camino”.
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