Donald Trump llegó este lunes a Gracie Mansion, la residencia oficial del alcalde de Nueva York, para encontrarse con un político al que no hace tanto trataba de presentar como una amenaza para la ciudad. Al terminar la reunión, el tono era muy distinto. “Espero que sea un gran alcalde de Nueva York. Tiene potencial para ello”, aseguró el presidente estadounidense sobre Zohran Mamdani. Ambos hablaron de vivienda, coste de vida y de un posible desarrollo de unas 12.000 viviendas en Sunnyside Yard, en Queens. Era ya su tercer encuentro presencial desde las elecciones municipales.
Apenas dos días después será Pedro Sánchez quien comparta escenario con Mamdani. El presidente del Gobierno participará este miércoles 23 de septiembre en Gracie Mansion en el coloquio Construyendo una economía para la mayoría, organizado por el gabinete del alcalde y la Global Progress Foundation, presidida por Sánchez, aprovechando la presencia de ambos en Nueva York por la Asamblea General de Naciones Unidas.
Entre una fotografía y otra también aparece Lula da Silva. El presidente brasileño se reunió el lunes con Mamdani y habló con él sobre uno de los conceptos alrededor de los que ambos quieren construir su discurso político: el coste de la vida. Mamdani elogió algunas de las políticas sociales desarrolladas por Lula en Brasil y ambos terminaron intercambiándose camisetas de fútbol.
No son encuentros idénticos ni responden a las mismas razones. Trump es el presidente del país y Nueva York necesita cooperación federal; Sánchez y Lula comparten más puntos de contacto ideológico con el alcalde. Pero la acumulación de imágenes explica hasta qué punto ha cambiado la posición de Mamdani en apenas un año. El político que llegó a la campaña municipal como un diputado estatal prácticamente desconocido se ha convertido en uno de los rostros más reconocibles de la nueva izquierda estadounidense y en un personaje político con proyección más allá de Estados Unidos. La fotografía con Sánchez es, en realidad, la última prueba.
El salto de Mamdani fuera de Nueva York
La historia de Mamdani resulta poco habitual incluso para los estándares de la política neoyorquina. Cuando anunció su candidatura a alcalde en octubre de 2024 era todavía un legislador de la Asamblea del Estado de Nueva York al que buena parte de la ciudad no conocía. Menos de un año después derrotó en las primarias demócratas a Andrew Cuomo, exgobernador del Estado y uno de los apellidos más reconocibles de la política estadounidense, y volvió a imponerse sobre él en las elecciones de noviembre, en las que Cuomo concurrió como independiente.
Mamdani tomó posesión el 1 de enero de 2026 con varios hitos acumulados. A sus 34 años se convirtió en el alcalde más joven de Nueva York en más de un siglo, el primero musulmán, el primero nacido en África y el primero de ascendencia surasiática. Había nacido en Kampala, Uganda, en una familia india y llegó a Nueva York cuando tenía siete años. Su madre es la cineasta Mira Nair, directora de películas como Monsoon Wedding, y su padre, Mahmood Mamdani, es académico y profesor en la Universidad de Columbia. Antes de dedicarse por completo a la política trabajó como asesor para prevenir ejecuciones hipotecarias e incluso tuvo una breve carrera como rapero.
Pero su transformación en fenómeno político no puede explicarse únicamente a partir de su biografía. Mamdani entendió mejor que muchos de sus adversarios cómo convertir una campaña electoral en un producto cultural reconocible sin dejar que la estética desplazara al mensaje.
Sus vídeos para TikTok e Instagram comenzaron a circular mucho más allá de Nueva York. En uno se lanzaba completamente vestido a las aguas de Coney Island para hablar de su promesa de congelar los alquileres. En otros recorría comercios, viajaba en autobús o utilizaba el humor para hablar del precio de la vivienda y la alimentación. Él mismo bautizó esa fórmula como una política “sin traducción”: hablar directamente al votante de problemas cotidianos sin depender de intermediarios.
También hubo una estética muy reconocible. La campaña utilizó azules, naranjas, tipografías retro y referencias visuales tomadas tanto de los carteles de Bollywood como de los rótulos de bodegas, taxis y puestos callejeros de Nueva York. La política estadounidense lleva años produciendo dirigentes que funcionan también como personajes culturales. Alexandria Ocasio-Cortez había recorrido antes un camino similar desde Nueva York. Mamdani reconoció precisamente la influencia que ejerció sobre él el vídeo con el que Ocasio-Cortez lanzó su campaña al Congreso en 2018.
La diferencia es que el alcalde ha conseguido incorporar esa dimensión pop a un mensaje extremadamente repetitivo en el mejor sentido electoral de la palabra. Casi todo terminaba volviendo al mismo sitio: cuánto cuesta vivir en Nueva York.
Alquiler, transporte y comida: la receta Mamdani
Si hay un concepto que explica el ascenso de Mamdani no es socialismo, sino affordability. Asequibilidad. Poder pagar el alquiler. Poder llevar a los hijos a una guardería. Poder comprar comida. Poder subirse a un autobús sin que otro gasto cotidiano termine erosionando el sueldo.
Su campaña se construyó alrededor de tres grandes promesas: congelar los alquileres de las viviendas estabilizadas, implantar guarderías universales y hacer que los autobuses sean rápidos y gratuitos. Mamdani volvió a situarlas en el centro de su discurso cuando tomó posesión. “Estas políticas no son simplemente sobre los costes que hacemos gratuitos, sino sobre las vidas que llenamos de libertad”, sostuvo durante su discurso inaugural. Ocho meses después, el balance sigue abierto.
En materia de guarderías, su administración alcanzó un acuerdo con la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, que moviliza 1.200 millones de dólares. El despliegue comenzó con unas 2.000 plazas gratuitas para niños de dos años y contempla llegar a 12.000 el próximo año, con la intención declarada de alcanzar la universalidad para esa edad antes de finalizar el mandato.
Con los autobuses, la Administración municipal ha empezado a aplicar medidas dirigidas a reducir los tiempos de viaje de más de un millón de usuarios, pero la gratuidad completa todavía depende de acuerdos con el Estado de Nueva York.
También está pendiente una de sus propuestas más conocidas, la congelación de los alquileres estabilizados. El alcalde cubrió seis vacantes en el Rent Guidelines Board, el organismo independiente encargado de fijar las variaciones permitidas, pero no puede ordenar directamente cuál debe ser la decisión final de esa institución.
Su programa añadió además una idea que inicialmente fue recibida con bastante más escepticismo: una red de supermercados impulsados por la ciudad, uno en cada uno de los cinco distritos de Nueva York. El proyecto se plantea como instrumento para abaratar una cesta básica y combatir lo que Mamdani considera un mercado alimentario demasiado caro para numerosos hogares. Su administración ha mantenido el compromiso de ponerlos en funcionamiento durante este mandato.
La propuesta empieza incluso a cruzar el Atlántico. Barcelona prepara su propio supermercado público para 2027, en un local municipal de La Marina y gestionado por una entidad sin ánimo de lucro, aunque el diseño no es idéntico al neoyorquino.
Al mismo tiempo, Mamdani ha intentado trasladar su agenda a otros ámbitos. Este septiembre presentó el primer plan municipal de equidad racial de alcance general para Nueva York, con objetivos en vivienda, empleo, salud materna y atención infantil, entre otros campos.
Hasta Trump quiere entenderse con él
El mejor termómetro del cambio en la posición política de Mamdani quizá sea, sin embargo, Donald Trump. Durante la campaña de 2025, el entonces candidato a alcalde fue utilizado constantemente por los republicanos como ejemplo de lo que presentaban como una deriva radical del Partido Demócrata. Trump recurrió a ataques personales y lo calificó de “comunista”. Tras su victoria, sin embargo, comenzó una relación bastante menos previsible.
El encuentro de este lunes volvió a demostrarlo. Trump acudió personalmente a Gracie Mansion en plena semana de la Asamblea General de Naciones Unidas, cuando su agenda incluía reuniones con algunos de los principales dirigentes del mundo. Allí discutió con Mamdani sobre el coste de la vida y sobre Sunnyside Yard, una enorme superficie ferroviaria de Queens donde el alcalde plantea construir miles de viviendas y para la que necesita colaboración federal. “Espero que sea un gran alcalde de Nueva York”, terminó afirmando Trump.
Eso no significa que hayan desaparecido sus diferencias. Mamdani sigue definiéndose como socialista democrático, mantiene posiciones alejadas de la Casa Blanca en inmigración, política social o Gaza y ha sido uno de los políticos estadounidenses más críticos con las políticas del presidente. Pero también ha hecho explícito que está dispuesto a negociar con Trump cuando considere que de ello puede obtener beneficios concretos para la ciudad.
Esa combinación permite entender otra parte de su transformación. Mamdani ya no necesita comportarse únicamente como el candidato insurgente que desafió al aparato demócrata. Ahora administra una ciudad de más de ocho millones de habitantes y un presupuesto municipal que supera los 120.000 millones de dólares. El reto ha dejado de ser únicamente convencer de que sus propuestas son posibles. Ahora tiene que ejecutarlas.
Su propio Gobierno ha reconocido las dificultades. Tras sus primeros cien días seguían sin materializarse por completo tres de sus principales promesas: alquileres congelados, autobuses gratuitos y guarderías universales. Mamdani defendió entonces que todas se encontraban en distintas fases de desarrollo y reivindicó otros resultados, entre ellos millones de dólares recuperados a propietarios incumplidores y miles de viviendas reparadas. Ese es probablemente el punto donde el fenómeno político tendrá que enfrentarse a su prueba más complicada.
El icono político que cruza fronteras
Porque mientras su gestión empieza a someterse al escrutinio normal de cualquier alcalde, su imagen internacional continúa creciendo a una velocidad mucho mayor. Lula quiere hablar con él sobre coste de vida. Sánchez viajará este miércoles a su residencia para discutir sobre una “economía para la mayoría”. Trump reserva un hueco en una de sus semanas diplomáticas más cargadas para visitarlo. Bernie Sanders continúa siendo una de sus grandes referencias y fue quien presidió su ceremonia pública de investidura.
Para Sánchez, además, el encuentro tiene un componente político evidente. Mamdani encarna una tesis que interesa especialmente a buena parte de la izquierda occidental: que la respuesta al avance de la derecha no pasa necesariamente por desplazarse hacia ella, sino por colocar problemas materiales muy reconocibles —alquiler, salarios, transporte o alimentación— en el centro del debate. El presidente español ya había mostrado interés por su victoria y ahora compartirá con él un foro específicamente diseñado alrededor de la idea de una economía “para la mayoría”.
No todos los dirigentes que se acercan a Mamdani comparten esa lectura y tampoco todas sus políticas han demostrado todavía que puedan aplicarse en la escala prometida. Apenas lleva nueve meses gobernando y algunas de sus propuestas más conocidas siguen dependiendo de otras administraciones, organismos independientes o negociaciones presupuestarias. Pero la secuencia de esta semana resulta difícil de ignorar. Lula, Trump y Sánchez, tres dirigentes con trayectorias y posiciones profundamente distintas, han colocado a Mamdani en su agenda neoyorquina.
Hace apenas dos años era un diputado de Queens conocido sobre todo dentro de los círculos progresistas de la ciudad. Después llegaron los vídeos virales, el naranja y azul de sus carteles, la victoria contra Cuomo, los memes, el salto a la alcaldía y las fotografías internacionales.
El personaje ha viajado más rápido que la obra de gobierno. Ahora comienza la parte más complicada: averiguar si el icono pop de la nueva izquierda estadounidense puede convertir la imagen que conquistó Nueva York en políticas capaces de cambiar cuánto cuesta vivir en ella.
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