Las adulaciones a Donald Trump le han salido caras a María Corina Machado. La líder opositora venezolana entregaba este viernes al mandatario estadounidense su medalla del Premio Nobel de la Paz, dedicada y enmarcada, en un gesto de genuflexión sin precedentes que ni siquiera le sirvió para ganarse el favor del republicano, quien ya la ha desautorizado en varias ocasiones para ser presidenta de Venezuela al no contar con el apoyo ni el respeto suficiente dentro del país y quien ha aceptado la continuidad del madurismo a través de Delcy Rodríguez. Reunidos en el Despacho Oval, Machado y Trump dejan una fotografía para el recuerdo con la entrega de la citada enseña, y aunque el Comité de los Premios Nobel no tiene normas sobre lo que puede o no hacerse con los galardones, el gesto ha propiciado su enfado y ha sembrado el debate a toda velocidad sobre sus implicaciones morales y políticas, especialmente al utilizar el galardón como moneda de cambio para ganarse la simpatía del norteamericano. Además, sin éxito.
Suele decirse que Roma no paga a traidores: el anfitrión aceptó la medalla con unas escuetas palabras y la confirmación de que este regalo no sirve para llevarlo al redil. En una rueda de prensa de más de una hora celebrada en Washington al día siguiente, el gesto tampoco le interesó a los periodistas, que apenas preguntaron por ello, por lo que pasó desapercibida la entrega. Solamente un periodista de Telemundo le preguntó cuál había sido la respuesta de Trump y qué había recibido ella por su parte: "No vine a buscar nada para mí, vine en representación del pueblo venezolano, un pueblo que ha dado su vida para vivir en libertad y que va a ser libre gracias al apoyo de Donald Trump", fueron sus palabras. Y se corrió un tupido velo sobre el tema. Tan mal sale la genuflexión que ni siquiera trasciende a los medios.
Enfado en Noruega
Hecha la entrega de la medalla, se podía esperar (y así fue) que Noruega reaccionaría con indignación a la decisión de Machado. Políticos de distintos partidos noruegos criticaron la acción y el Comité Nobel emitió un comunicado en Oslo en el que recordó que el galardón es inseparable de la persona galardonada. "Independientemente de lo que suceda con la medalla, el diploma o el premio en metálico, es y seguirá siendo el galardonado original quien quedará registrado en la historia como el destinatario del premio", declaró este viernes el comité.
"Los estatutos de la Fundación Nobel no imponen restricciones sobre lo que un distinguido puede hacer con la medalla, el diploma o el premio en metálico. Esto significa que un galardonado tiene la libertad de conservar, regalar, vender o donar estos artículos, pero el galardonado original será el que quede registrado en la historia", continuaba el escrito. Más de uno de los agraciados con los Premios Nobel ha llegado a venderlo en el pasado.
"Aunque Trump haya recibido la medalla, eso no significa que haya ganado el premio de la Paz", argumentó la diputada liberal Ine Eriksen Søreide, exministra de Exteriores, a la televisión pública noruega NRK, y en declaraciones a la misma cadena, el líder del Partido Centrista, Trygve Slagsvold Vedum, suscribió las palabras de Søreide y añadió que el hecho de que Trump haya aceptado la medalla equivale "al clásico tonto que tiene que apropiarse de las distinciones y el trabajo de otros". La presidenta del Partido de Izquierda Socialista, Kirsti Bergstø, cerró la veda de críticas: "Esto es, ante todo, algo absurdo y sin sentido".
Genuflexión sin efecto
El rédito obtenido por María Corina Machado con este gesto ha sido nulo. Aunque ella haya declarado que "no venía buscando nada" para sí misma, el gesto tiene una clara intencionalidad política: satisfacer el deseo frustrado de Donald Trump de poder autoconsiderarse ganador del Premio Nobel de la Paz (aunque no sea así) y ganarse su favor para que vea con mejores ojos a la líder opositora. Conseguido lo primero, fracasado lo segundo: Rodríguez sigue siendo la elegida de la Casa Blanca y así lo han atestiguado el propio Donald Trump y el director de la CIA, John Ratcliffe, que acudió a Venezuela este jueves por orden del presidente.
El viaje del cargo más alto del gobierno estadounidense al país sudamericano tras el secuestro de Maduro y su esposa tenía como objetivo hablar sobre la cooperación entre ambas naciones, y Ratcliffe argumentó que "Estados Unidos espera, desde ahora, una mejor relación de trabajo. "No quiero especular, no conozco los detalles. Ahora, si Estados Unidos recibe de esta señora la información que necesita, es el tipo de cooperación que esperamos. Para muchos esta es una situación difícil de entender y querríamos que esto evolucionara de una manera más rápida, pero, desde luego, pocas personas tienen tanta información sobre la estructura criminal de la tiranía como quien fue parte de su diseño", respondía, por su parte, María Corina Machado al ser preguntada por este encuentro. Sobre Rodríguez, cabe recordar que la definió como fanática comunista, colaboradora de Rusia, China e Irán y la arquitecta de la estructura del terror de Maduro.
Trump, por su parte, seguía en sus trece ante las preguntas de la prensa, descartando categóricamente a Machado y ejemplificando el caso de Irak para explicar por qué prefiere a Delcy Rodríguez: "Si recordáis un lugar llamado Irak, donde todos fueron descabalgados, todos y cada uno, la policía, los generales, esto hizo que todo acabara en manos del Estado Islámico. Yo recuerdo esto".
"Ella me la ofreció"
Especialmente llamativo es el relato del republicano sobre el traspaso del galardón. Al ser preguntado por el motivo por el que aceptó el premio de la mano de la venezolana, el presidente estadounidense enumeró: "Ella me la ofreció. Estuvo muy bien. Dijo que yo había acabado con ocho guerras y nadie en la historia se la merecía más que yo. Y pensé que era un gesto bonito. Y por cierto, es una mujer muy fina. Nunca nos habíamos visto y me impresionó. Volveremos a hablar". Una decisión que muchos interpretan como un intento por evitar la ira de Trump y ganarse su favor de cara al futuro.
El Premio Nobel de la Paz es el galardón más prestigioso de la geopolítica y la labor diplomática en el mundo, pero sus elecciones y consecuencias nunca están exentas de polémica y de desconcierto. Por poner un ejemplo, en 2009, Barack Obama recibió el premio llevando apenas unos meses en la presidencia estadounidense y la entrega del galardón fue la antesala a un aumento de tropas estadounidenses en Afganistán y de ataques en Libia y Siria. Y una década después, en 2019, el receptor del premio fue el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, solo para verse involucrado en una guerra civil con cientos de miles de muertos doce meses más tarde.
María Corina Machado (@MariaCorinaYA) en reunión con senadores republicanos y demócratas en el Capitolio de los Estados Unidos. pic.twitter.com/5nQJDmiOzP
— Vocería Oficial de Venezuela (@voceriavzla) January 15, 2026