Que la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa, es un análisis que, pese a tener casi más de dos siglos, nunca ha pasado de moda. La actualidad internacional insiste en demostrar esta afirmación y puede que el ataque ilegal lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán haya recordado a muchos a la farsa montada para invadir Irak, con la reedición de alguno de los protagonismos y el plagio torticero de las justificaciones (armas nucleares y defensa de la democracia). El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es uno de los que ha hecho memoria.

“Hace 23 años, otra administración estadounidenses nos arrastró a una guerra en Oriente Medio, que se dijo que se hacía para eliminar armas de destrucción masiva, llevar la democracia y garantizar la seguridad global. Pero en realidad generó el efecto contrario”, ha pronunciado el jefe del Ejecutivo en su declaración institucional, durante la que ha respondido a las amenazas de su homólogo estadounidense, Donald Trump, contra España y ha definido la posición española con respecto al conflicto. “No a la guerra” es el resumen de su discurso.

Y una de las causas para defender el pacifismo es el recuerdo de aquella guerra pasada y la vergonzante posición que asumió España, liderada por el Partido Popular (PP) del ultra José María Aznar. “La guerra de Irak generó un aumento drástico del terrorismo yihadista, una grave crisis migratorio en el Mediterráneo y un incremento generalizado de los precios. Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces”, ha recordado Sánchez. George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar fueron los únicos responsables de todo aquello.

Sánchez no pretende que España vuelva a poner los pies encima de una mesa, puro en boca, para cubrir los complejos de un mandatario ni tiene intención de hablar español con acento texano para sentirse importante. “Es absolutamente inaceptable que aquellos que son incapaces de cumplir con ese cometido usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre, los que siempre ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para construir misiles”, ha aludido a los Trump y Netanyahu de turno, recordando a los Busch, Blair y Aznar.

Desde España estamos en contra del desastre porque entendemos que los gobiernos estamos para mejorar la vida de la gente y aportar soluciones a los problemas”, ha insistido. Por todo, ha rechazado el conflicto y ha exigido una solución diplomática y política. “Algunos nos acusarán de ingenuos, pero ingenuo es pensar que la solución es la violencia, creer que la democracia o el respeto entre naciones brota de las ruinas o pensar que practicar un seguidismo ciego y servil es una forma de liderar”, ha espetado.

“Esta postura”, se ha referido a la posición española actual, “es coherente y, por lo tanto, no vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias de alguno. Porque nosotros tenemos una confianza absoluta en la fortaleza económica institucional y también diría moral de nuestro país, y porque en momentos como este nos sentimos más orgullosos que nunca de ser españoles”, ha sacado pecho sobre las decisiones tomadas.

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