El presidente de los Estados Unidos no está acostumbrado a que sus homólogos le lleven la contraria, más cuando la gran mayoría de líderes besan por donde pasa. Esta histórica relación entre la principal potencia mundial y sus genuflexos aliados, que ha llevado a países europeos a disparar obligatoriamente el gasto militar o meterse en guerras inventadas por la Casa Blanca con fines económicos y geopolíticos, se ha visto agravada con Donald Trump, quien ha encontrado la voz contestataria en España, donde Pedro Sánchez se resiste a inclinarse aunque la oposición fantasee con ello.

La respuesta estadounidense ha sido un pataleo infantil, acusando a España de socio “terrible”, y el aviso de llevarse el balón con el que el niño mimado intenta chantajear al resto del parque, traducida en una amenaza con “cortar todo el comercio”. Unas palabras que el presidente de los Estados Unidos emitía en compañía de uno de sus falderos de cabecera, el canciller alemán, Friedrich Merz, quien permaneció callado y tan solo se atrevió a borrar su sonrisa incómoda y pronunciarse cuando había salido de los dominios del jefe de la OTAN.

"España está siendo terrible, he pedido cortar todos los acuerdos con España […] Es el único aliado de la OTAN que no acordó llegar al 5% y de hecho no pagan ni siquiera el 2% […] "Vamos a cortar todo el comercio. No quiero tener nada con España […] Todos los negocios que tenemos con España, tengo el derecho de hacer embargos sobre todo lo que tiene que ver con España”, pronunciaba Trump desde el Despacho Oval. Más allá de la bravuconada, esta declaración deja algunas dudas que encuentran respuesta en los libros de cuentas y el derecho internacional.

Preguntas y respuestas: ¿Qué significaría un embargo? ¿Puede Trump hacerlo?

La primera de las dudas generadas tras estas declaraciones es si el presidente estadounidense puede aplicar un embargo comercial exclusivamente a España. La Casa Blanca se agarra a dos puntos contemplados en su Ley de Comercio, que establecen que se podrán imponer aranceles o restringir el comercio por razones de seguridad nacional o como respuesta a políticas desleales de un tercer país. Ninguno de los preceptos se está dando y, además, debería realizarse una investigación en el país norteamericano que justificase las acciones, lo que demoraría en el tiempo la asunción de cualquier medida.

Aparte, un aspecto no menor que cabe destacar es que España no funciona individualmente en materia comercial, sino que se integra dentro de la Unión Europea (UE), que guía estas relaciones con otros bloques y defiende al conjunto de los Veintisiete y ya lo ha hecho con España. Es decir, a priori, Trump no podría castigar solamente a España, sino que tendría que golpear a todo el viejo continente. "La postura de la Unión Europea no ha cambiado", ha reaccionado el portavoz de Comercio del Ejecutivo comunitario, Olof Gill, asegurando que Bruselas estaba "preparada para defender" los intereses de los Estados miembro.

"La Comisión siempre garantizará la plena protección de los intereses de la Unión Europea", ha añadido. En la misma línea se apunta desde Moncloa, que recuerda que “si la administración norteamericana quiere revisar relación comercial deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EEUU”. Si bien es cierto que todas estas reglas son el marco en el que se mueven los países y líderes legales y Trump ha demostrado no respetar lo más mínimo el derecho internacional.

La pretensión española es “trabajar por el libre comercio y la cooperación económica entre países, desde el respeto mutuo y el cumplimiento de la legalidad internacional”. No obstante, el Gobierno no va a aguantar carros y carretas ni a mantenerse callado con los secuestros, invasiones y vulneraciones del derecho internacional de Estados Unidos, mucho menos si el agresor quiere usar el territorio español (bases de Rota y Morón) para sus planes. “Nuestro país cuenta con los recursos necesarios para contener posibles impactos, ayudar a los sectores que pudieran verse afectados, y diversificar cadenas de suministro”, saca pecho el Gobierno, dejando claro que no cederá a las amenazas de Trump.

Millones en juegos y productos afectados

Pese a que Trump no parece tener ningún mecanismo legal para cumplir sus amenazas centradas exclusivamente en Sánchez, algunos sectores están preocupados por los bandazos del líder estadounidense. La relación comercial entre ambos países es deficitaria para España; es decir, contrariamente a lo que Trump alude para castigar a otros países con aranceles, España importa bastante más de lo que importa de Estados Unidos.

Concretamente, España importó productos por valor de 30.100 millones de euros, siendo el gas y el petróleo los más presentes, y exportó a Estados Unidos por valor de 16.700 millones de euros, con especial importancia del aceite de oliva, los bienes de equipo y químicos. En total, la relación representa un 4% del comercio exterior español, aunque afectaría a sectores muy concretos no tanto por la suma de millones sino por el peso de la cantidad de exportaciones sobre el total. Este es el caso del aceite, cuyo intercambio con el gigante norteamericano representa el 50% del total de exportaciones.

No obstante, como ya ocurriera con los aranceles generalizados, el Gobierno asegura que tiene capacidad más que de sobra para compensar a los sectores que podrían verse afectados. Atendiendo a otros intangibles, las palabras de Trump podrían materializarse en la relación de su administración con empresas españolas (contratos y permisos), aunque estos acuerdos no se pueden romper así como así; en las inversiones de empresas americanas en España, aunque no parece que estas quieran renunciar a un mercado pujante como el español, como quedó claro con el nuevo anuncio de Amazon; o en presión en los mercados.

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